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Para la psicóloga Jennifer J. Baumgartner, autora del libro “You Are What You Wear” (Eres Lo Que Vistes), los closets son “ventanas hacia nuestro Yo interior” y no sólo un aspecto superficial de índole estética.

La forma en que nos vestimos, dice Baumgartner, revela mucho acerca de nuestra identidad e incluso refleja posibles tendencias ansiosas y depresivas.

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¿Pero qué hay del resto de cosas que hallamos al abrir de par en par nuestro armario o al explorar los rincones de una habitación? ¿Qué tanto dicen nuestros hábitos de acumulación de objetos de nuestra higiene mental?

La acumulación patológica se reconoce como una condición clínica en el Trastorno por Acumulación (TA) así como un síntoma o subtipo del Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC).

Algunas características de los acumuladores patológicos son:

  1. Dificultad persistente para desechar posesiones personales, incluso aquellas que ya no son utilizadas o que carecen de valor práctico.
  2. Sentimientos de angustia o indecisión relacionados con la posibilidad de desechar estas pertenencias.
  3. Malestar clínicamente significativo (comportamiento disfuncional que afecta la vida privada y las relaciones sociales del individuo).

La acumulación se vincula con un apego emocional malsano

Las motivaciones asociadas con la acumulación suelen deberse al establecimiento de fuertes vínculos emocionales en torno a un objeto con base en experiencias o recuerdos, o bien a una certeza de utilidad potencial que hace creer al individuo que es conveniente conservar dichos artículos aunque no los use normalmente.

La acumulación patológica, según los psicólogos Juan Antonio Becerra y Manuel Robles, puede considerarse egodistónica, es decir que comprende pensamientos, impulsos y conductas que no son característicos del Yo sino incongruentes con su personalidad.

“Tengo clientes que dicen que están angustiados con todo el desorden que tienen, y angustiados con la idea de deshacerse de él”

No es necesario experimentar la acumulación como condición clínica (trastorno) para vivir en primera persona los efectos negativos de conservar objetos que no necesitamos y que ya ni siquiera son útiles. No solo porque nuestro entorno físico resulta sobresaturado y esto, según las investigaciones, puede llegar a interferir con nuestra productividad, sino también porque sin siquiera saberlo podríamos estar afectando negativamente nuestra estabilidad emocional.

“Tengo clientes que dicen que están angustiados con todo el desorden que tienen, y angustiados con la idea de deshacerse de él”, dice Simon Rego, director de Formación de Psicología en el Centro Médico de Montefiore (Nueva York).

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El grado de angustia que experimentan algunas personas respecto a la posibilidad de desechar ciertas posesiones puede responder a un apego emocional malsano, de manera que la presencia del objeto en cuestión no sólo ocupa un espacio físico, también desempeña un rol importante como estímulo externo que podría promover esquemas de pensamiento perjudiciales para el individuo.

Cuando la negación a deshacerse de un objeto se vincula con recuerdos tristes del pasado o memorias traumáticas, la acumulación se encuentra lejos de ser inofensiva.

Acumular objetos que ya no utilizamos puede afectar negativamente nuestro equilibrio emocional

Algunas recomendaciones para deshacerse de objetos acumulados de manera efectiva son:

  1. Empezar poco a poco. No es necesario desechar todo al mismo tiempo, en especial si se trata de artículos con una fuerte carga emocional (como las pertenencias de un ser querido fallecido o de una ex pareja).
  2. Dividir los objetos en utilizables e inutilizables, de manera que sea más fácil reconocer cuáles son aquellos que conservamos por vinculación emocional.

Referencias: WJS

Rita Arosemena P.
Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.