Como sitio estamos en contra del bullying, es por eso que esta semana volvemos a compartir un artículo sobre este tema. Si visitas seguido la página, entonces ya conoces al Dr. Heller, quién desarrolla este tema ilustrándolo con un caso y analizándolo desde el punto de vista de lo que pasa con el niño víctima de bullying, cómo se sienten los padres del mismo y expone además, la situación del niño agresor como individuo y miembro de una familia.

Jonathan no parecía ser tan alegre como generalmente lo era, pero cuando se le preguntó, él negó que algo estuviera mal. Sus padres estaban preocupados y frustrados. Fueron alentados a hablar con su profesor y con el orientador. Discretas observaciones y  preguntas de otros estudiantes dieron a luz a la información de que un chico de un grado superior se las agarraba con Jon. Cuando los padres plantearon la cuestión a su hijo, él rompió en llanto rápidamente y les pidió que no hicieran nada. No sólo temía la venganza sino también la vergüenza. Estaba previendo ser ridiculizado porque sus padres tuvieron que rescatarlo.

Jonathan no parecía ser tan alegre como generalmente lo era

Él creía que sólo debía ignorar la situación y ésta cesaría eventualmente. Pero no fue así. La ansiedad estaba afectando su concentración en la escuela y, más importante aún, estaba decepcionado de sí mismo por ser “débil”. El padre de Jon sentía una lucha al contemplar las formas nuevas y las viejas de criar a los varones. Quería animar a su hijo a defenderse razonando que, incluso si Jon perdía la pelea, sus pares y el matón lo respetarían por no echarse atrás. Por otro lado, pensaba que recurrir a la violencia para resolver un problema no era lo que él quería enseñarle a su hijo, incluso aunque eso fue lo que su padre le había enseñado a él. Además, ellos sabían que, incluso si el matón dejaba en paz a Jon, con certeza se concentraría en otro niño.

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Los padres no sabían qué paso dar. Consideraron llamar a los padres del chico, pero sus amigos les aconsejaron que no lo hicieran. Desafortunadamente muchos padres experimentaron reacciones defensivas cuando trataron de decirles a los padres del otro chico que hay un problema con su hijo/a. En adición a esto, no hay un profesional calificado que esté involucrado directamente con el agresor y no hay quién aconseje a los padres sobre lo que  pueden hacer con los sentimientos de vergüenza de su hijo.
Los padres hablaron con Jon sobre la fuerza que toma pedir ayuda para resolver un problema. Hicieron hincapié en su derecho de ser capaz de ir a la escuela sin estar asustado por eso. Este punto es crítico. Puede ser una experiencia devastadora ir a la escuela con miedo día tras días, y ser abusado emocional y físicamente. Muchos adultos todavía recuerdan vívidamente tales experiencias subrayando lo traumáticas que son.

Los padres no sabían qué paso dar

Los padres fueron empáticos con las preocupaciones de Jon acerca de involucrar a otros, pero firmes en que su resolución sería proactiva. Decidieron reunirse con el personal de la escuela para abordar el problema. La escuela puede ofrecer una variedad de soluciones posibles, desde una intervención autoritaria del director hasta una intervención clínica realizada por un consejero. Pueden extender su esfera de influencia para incluir la posibilidad de egreso de la escuela del niño. Si hay riesgo de daño fuera del territorio escolar, entonces un oficial de policía entrenado en intervenciones comunitarias puede intervenir.

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En mi experiencia, es usual que estas situaciones sean manejadas exitosamente dentro de la escuela. Una reunión entre el director y los padres del agresor, armados de información obtenida de otros niños y del personal, difunde y fortalece la información al mismo tiempo. El consejero puede escoger una de varias opciones, una es hablar con el ofensor a solas, otra es tener a los dos chicos juntos y ayudar al matón a darse cuenta del dolor que le causa al otro niño (empatía, cuando está accesible, es un gran disuasivo contra la violencia), por último, se puede hacer que el matón participe en un grupo de chicos para desarrollar habilidades sociales más efectivas.

Los matones son niños que sufren y expresan su dolor exhibiendo conductas agresivas

Sustituyen las amistades significativas con las superficiales basadas en el miedo. Quédate en su lado de la escuela y no saldrás lastimado. El mejor enfoque es una mezcla de límites firmes y un esfuerzo para proveer al matón una forma alternativa de socializar. No es raro descubrir que el agresor está pasando por traumas emocionales o físicos en su hogar.

Jon estaba muy nervioso e inicialmente hubieron algunas aireadas amenazas hacia él, pero la situación se disolvió en semanas y Jon aprendió algunas lecciones valiosas. Hay alternativas a tratar la violencia con violencia. Sus padres y otros adultos lo ayudaron a través de esos tiempos difíciles. Él tiene derecho a caminar en su mundo sin tener miedo.

Si tienes información o experiencias con el bullying y quieres compartirlas, puedes hacerlo aquí.

Imagen: 4.bp

2 COMENTARIOS

  1. Hola Leide. Revise las diapositivas y están muy buenas. Si te gustaría preparar un artículo contando tu experiencia en el trabajo y prevención de Bullying estás invitada. Nosotros te publicamos. Un saludo!

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