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Utilizando lenguaje corporal, por ejemplo al tomar más espacio, puede ser uno de los más obvios y visibles modos de imponernos. Pero también el discurso transmite estatus, no solo en su contenido, si no también en las características de nuestra voz. Un estudio reciente que fue publicado en PLOS One observó que ajustamos el tono de voz dependiendo de a quién le estamos hablando. El grupo de investigadores de la Universidad de Stirling (Escocia) encontró que la dirección de esta afinación vocal inconsciente depende de la percepción del propio emisor sobre su estatus en comparación con el de la persona que lo escucha.

Juan David Leongómez y sus colegas grabaron a estudiantes mientras participaban de una entrevista de trabajo simulada para el puesto de asistente administrativo con tres empleadores masculinos diferente (el orden de las entrevistas era variado entre participantes). Una foto y descripción de cada empleador mostraba que uno era altamente dominante (jefe de seguridad en una prisión, descripto como duro e intimidate), otro muy prestigioso (Jefe de Departamento en una Escuela de Negocios, descripto como muy respetado y competente) y el último neutral (del departamento de Recursos Humanos de una escuela secundaria, descripto como un jefe promedio).

Los participantes tenían que presentarse al empleador y explicar porqué eran perfectos para el trabajo. También se les preguntó cómo actuarían si tuvieran que hablar con sus jefes debido a un problema con un compañero de trabajo. Luego de las entrevistas, los participantes llenaron un cuestionario sobre su prestigio y dominancia y el de su empleador.

Gracias a las grabaciones, los investigadores calcularon la “frecuencia fundamental” de las voces de los participantes (una medida objetiva del tono) e identificaron las variaciones en el tono de voz mientras hablaban. Una frecuencia fundamental baja equivaldría a sonar calmado y controlado y se ha encontrado que se percibe como más dominante tanto para hombres como para mujeres, aunque se tuvo en cuenta la diferencia natural de tono absoluto entre sexos.

Cuando hablaban con los empleadores que eran muy dominantes y prestigiosos, los estudiantes de ambos sexos que también se percibían como dominantes, bajaban sus tonos de voz, mientras que los estudiantes que se percibían como menos dominantes, hacían lo contrario. Estos cambios en el tono eran más notorios cuando los estudiantes explicaban porqué eran los mejores candidatos y hablaban sobre cómo resolverían el conflicto.

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Estos nuevos hallazgos se suman a otros que indican que un tono de voz bajo comunica rashes relacionados al estatus social, incluyendo fuerza física y atractivo.

Parece que la percepción que tenían los estudiantes de su propio estatus los llevó a usar diferentes estrategias vocales en las entrevistas con empleadores de estatus alto. Los estudiantes con una auto-percepción alta de su dominancia podrían haberse sentido más confiados y en control de la situación, y por ende más capaces de competir por el trabajo. Por el contrario, para aquellos que se auto-calificaron como menos dominantes, y probablemente se sintieron más intimidados, parecer importantes ante el empleador puede haber sido una estrategia beneficiosa.

Limitaciones

Sin embargo, los empleadores eran en verdad caras computarizadas creadas para parecer prestigiosas, dominantes o ninguna de las anteriores, así que no se sabe con exactitud cómo se relacionarían los resultados con una persona prestigiosa en la vida real, o a una situación social menos formal. Las entrevistas de trabajo simuladas han demostrado aumentar la ansiedad y la grabación de las mismas puede haber aumentado el estrés de los participantes, haciendo que las alteraciones en la voz fueran más o menos pronunciadas que lo usual.

Las implicaciones del efecto en la vida real tampoco se conocer, ya que no se evaluó que grupo tendría más éxito en la entrevista. Aunque verse intimidado pueda no ser muy beneficioso, probablemente tampoco sea buena idea competir con tu jefe. Los CEO con tonos de voz más bajos tienden a manejar compañías más grandes y ganas más dinero, sin embargo los cirujanos (de quienes se percibe que tienen voces más dominantes y posiblemente arrogantes) eran más propensos a ser demandados por mala praxis.

Fuente: Research Digest

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