Todos sabemos que los estados psicológicos provocan reacciones físicas. Si nos ponemos nerviosos cuando tenemos una cita importante, empezamos a sentir cosquillas en el estómago. Si nos sentimos inquietos porque tenemos que hablar en público, vamos al baño repetidas veces.

Si este tipo de estrés persiste, es posible que aparezcan (en las personas que presentan una predisposición fisiológica) erupciones cutáneas, broncoespasmos e hipertensión.

Si el estrés es prolongado-junto con conductas perjudiciales para la salud- es posible que aumente el riesgo de padecer patologías graves que en muchos casos conducirán a la muerte de una de las cuatro causas de enfermedad grave y muerte: cardiopatías, cáncer, accidente cerebrovascular y enfermedades pulmonares crónicas.

Si modificáramos las causas conductuales de enfermedad mejoraríamos la calidad de vida.

La National Academy of Sciences’ Institute of Medicine ha atribuido el 50% de la mortalidad de las 10 causas principales de muerte en los Estados Unidos a la conducta de las personas: tabaquismo, abuso de alcohol, relaciones sexuales sin protección, ignorar los consejos de los médicos, ejercicios físicos insuficientes, consumo de drogas ilegales y alimentación deficiente. Si modificáramos estas causas conductuales de enfermedad, disminuiríamos el sufrimiento, aumentaríamos la expectativa de vida y mejoraríamos la calidad de vida. Con el fin de lograr estos objetivos, los psicólogos y los médicos han creado el campo interdisciplinario de la medicina conductista, que integra conocimientos sobre el comportamiento y la medicina.

En un congreso que se llevo a cabo en la Universidad de Yale en el año 1977 se definió a la medicina conductual como “el campo interdisciplinario que se ocupa del desarrollo y la integración de la ciencia del comportamiento y la ciencia biomédica y las técnicas relevantes relacionadas con la salud y la enfermedad, así como con la aplicación de este conocimiento y dichas técnicas para la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y la rehabilitación” (Schwartz & Weiss, 1978, p. 250, citado en Brannon y Feist, 2001).

Fuentes: Myers, D. (2006), Psicología 7ma edición, Editorial Médica Panamericana: Madrid
Brannon, L. & Feist, J. (2001), Psicología de la Salud, Paraninfo Thomson Learning: Madrid

Imagen:  giuseppesavo (Flickr)