Son las pruebas que evalúan la capacidad mental de una persona y la compara con las de otras personas, por medio de puntuaciones numéricas.

Los intentos de Occidente para evaluar las diferencias individuales en cuanto a la capacidad mental comenzaron a producirse hace alrededor de un siglo. La historia de los tests de inteligencia nos enseña una lección importante: si bien la ciencia se esfuerza por mantener la objetividad, los científicos están influidos por sus propias actitudes.

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[quote_center]Evalúan la capacidad mental de una persona y la compara con las de otras personas[/quote_center]

El movimiento moderno que utiliza los tests de inteligencia comenzó cuando el psicólogo francés Alfred Binet (1857-1911), uno de sus precursores, empezó a evaluar las capacidades intelectuales. Cuando el gobierno francés aprobó una ley por la cual todos los niños debían concurrir a la escuela, los maestros se encontraron de pronto con una gama impresionante de diferencia individuales. Algunos niños, entre los que se incluían los que recién llegaban a París, tenían dificultades para adaptarse al programa escolar normal y requerían clases especiales. ¿Pero como podía las escuelas identificar a los niños con necesidades especiales?

El gobierno se mostró renuente a confiar en las opiniones subjetivas de los maestros respecto del potencial de aprendizaje de los niños. La lentitud académica podía ser solo el reflejo de una educación previa inadecuada. Además, los maestros podían prejuzgar a los niños por su nivel social. Para reducir el sesgo al mínimo, el ministro de educación pública de Francia encargó a Binet y a otros que estudiaran el problema. Como respuesta, Binet y su colaborador, Théodore Simon, decidieron desarrollar un test objetivo. Partieron de la creencia de que todos los niños siguen el mismo curso de desarrollo intelectual pero que algunos se desarrollan con mayor rapidez . Según su opinión, los niños torpes eran simplemente niños retrasados en su desarrollo. Por lo tanto, en los tests, un niño “torpe” obtendría los resultados de un niño de menor edad, mientras que un niño brillante obtendría los resultados de un niño de mayor edad.

[quote_right]Binet no hubiera aceptado nunca , si hubiera sabido[/quote_right]

Binet y Simon establecieron una medida de lo se denominó la edad mental de un niño.

Binet no hubiera aceptado nunca , si hubiera sabido que el test que él diseñó como una guía práctica para identificar a los niños con aprendizaje lento que necesitaban ayuda especial, pronto serían utilizados como una medición numérica de la inteligencia heredada. Después de su muerte en 1911, el profesor de la Universidad de Stanford, Lewis Terman (1877-1956) intentó usar el test de Binet pero descubrió que las normas sobre la edad, desarrolladas en París, no funcionaban bien con los escolares de California. Revisó el test y adaptó algunos de los elementos originales, agregó otros, estableció normas nuevas sobre la edad y amplió el extremo superior del rango del test para que no llegara solo hasta los adolescentes sino también hasta los “adultos superiores”. Terman le dio a su revisión el nombre que aún conserva: Stanford-Binet.

A partir de estos tests, el psicólogo alemán William Stern derivó el famoso cociente intelectual (CI).

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Terman promovió el uso amplio de las pruebas de inteligencia. Como simpatizaba con la “eugenesia” , un movimiento del siglo XIX que proponía la medición de las características humanas y utilizaba sus resultados para alentar o desalentar la reproducción entre los seres humanos, Terman lamentaba lo que el consideraba la “apatía” y la “procreación anormalmente prolífica”  de determinados grupos étnicos. Previó que el uso de los tests de inteligencia acabaría reduciendo la reproducción de la  debilidad mental y eliminaría en gran medida el crimen, la pobreza extrema y la ineficacia en la industria.

[quote_left]Estados Unidos desarrolló nuevos tests para evaluar a los inmigrantes[/quote_left]

Con la ayuda de Terman, el gobierno de los Estados Unidos desarrolló nuevos tests para evaluar a los inmigrantes recién llegados y a 1.700.000 soldados del ejército que participaron en la Primera Guerra Mundial, la primera administración masiva en el mundo de un test de inteligencia. Para algunos psicólogos, los resultados indicaban la inferioridad de algunas personas que no compartían la herencia anglosajona. Estos hallazgos formaron parte del clima cultural que llevó a la promulgación de la ley de inmigración de 1924, que redujo los cupos de inmigración para Europa del sur y del este a menos de un quinto de las correspondientes a Europa del norte y del oeste.

Fuente: Myers, D. (2006), Psicología 7ma edición, Editorial Médica Panamericana: Madrid
Imagen:  biologycorner (Flickr)