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Los barbitúricos entran dentro del grupo de las drogas que reducen la actividad corporal, es decir los sedantes (Myers, 2006).

Estos tranquilizantes imitan los efectos que tiene el alcohol en el organismo. Debido a su capacidad de deprimir la actividad del sistema nervioso simpático, a veces se recetan a individuos que refieren problemas para conciliar el sueño o que necesitan reducir su ansiedad. Si se consume en dosis elevadas puede causar problemas de juicio y de memoria. También puede ser letal si se combina con alcohol o somníferos, debido a que el efecto depresor sería mucho más potente. Además, si se consume la dosis suficiente, puede llegar a ser letal por sí solo, es por eso que se utiliza tanto en los intentos de suicidio (Myers, 2006).

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Según López Muñoz, Alamo, Ucha-Udabe y Cuenca (2004), los barbitúricos fueron introducidos a la clínica en 1904, gracias al trabajo de Von Mering y Fischer y tuvieron un impacto en el abordaje farmacológicos de algunos trastornos mentales. Esta droga se empleaba, a principios del siglo XX, en individuos con esquizofrenia y episodios maníacos, en relación a las llamadas “curas de sueño” (inducción de un estado de narcolepsia que duraba más de 20 horas diarias, por dos semanas consecutivas). Los principios de la utilización de esta terapia se asocian a Jakob Klaesi y a la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Zurich (Burghölzli, Suiza), lugar donde se aplicó por primera vez en el año 1920.

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Fuentes:

López Muñoz, Alamo, Ucha-Udabe y Cuenca (2004), El papel histórico de los barbitúricos en las “curas de sueño” de los trastornos psicóticos y maníacos

Myers, D. (2006), Psicología 7ma edición. Editorial Médica Panamericana:Madrid