Una sección transversal de un organoide cerebral. Fotografía: Madeline A Lancaster / IMBA / EPA

Hace algún tiempo que la idea de crear cerebros humanos en laboratorios ronda por las cabezas de muchos científicos. De hecho, varios se han avocado a tal labor generando lo que se conoce como mini-cerebros u “organoides” cerebrales, fenómenos que han abierto gran debate en la comunidad neurocientífica. Estos tejidos están hechos de células madres y, aunque sólo tienen el tamaño de un guisante, algunos han han desarrollado ondas cerebrales espontáneas, similares a las observadas en los bebés prematuros (Trujillo et al., 2019).

Una creación que, en principio, suena prometedora, ciertamente tiene un gran potencial dañino. Se han cultivado masas de cerebro humano en laboratorios y, en algunos casos, el tejido ha sido trasplantado en animales, advierten los investigadores. Pero, ¿cuál es el límite ético de este desarrollo?

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Muchos científicos creen que los organoides tienen el potencial de transformar la medicina al permitirles probar el cerebro vivo como nunca antes. Pero el trabajo es controvertido porque no está claro dónde puede cruzar la línea hacia la experimentación humana. “Si existe la posibilidad de que el organoide sea sensible, podríamos estar cruzando esa línea,” dijo Elan Ohayon, director del Laboratorio de Neurociencia Verde en San Diego, California. “No queremos que las personas investiguen donde existe la posibilidad de que algo sufra.”

Debido a las dificultades manifiestas en el estudio de cerebros humanos vivos, los organoides se consideran un desarrollo histórico. Se han utilizado para investigar la esquizofrenia y el autismo, y por qué algunos bebés desarrollan cerebros pequeños cuando se infectan con el virus Zika en el útero. Los investigadores esperan usar organoides para estudiar una serie de trastornos cerebrales, desde el Alzheimer hasta el Parkinson, y afecciones oculares como la degeneración macular relacionada con la edad.

Pero en su presentación ante la reunión de la Society for Neuroscience en Chicago, Ohayon y sus colegas Ann Lam y Paul Tsang argumentarán que deben realizarse controles para garantizar que los organoides cerebrales no experimenten sufrimiento. “Ya estamos viendo actividad en organoides que recuerdan a la actividad biológica en animales en desarrollo,” dijo Ohayon.

Investigadores de Harvard mostraron que los organoides cerebrales desarrollan una rica diversidad de tejidos, desde las neuronas de la corteza cerebral hasta las células de la retina (Quadrato et al., 2017). Los organoides cultivados durante ocho meses desarrollaron sus propias redes neuronales que provocaron actividad y respondieron cuando la luz brilló sobre ellos. En otro estudio dirigido por Fred Gage en el Instituto Salk en San Diego, los investigadores trasplantaron organoides del cerebro humano en cerebros de ratones y descubrieron que se conectaban al suministro de sangre del animal y brotaban nuevas conexiones (Mansour et al., 2018).

Ohayon quiere que las agencias de financiación congelen todas las investigaciones que tienen como objetivo poner organoides del cerebro humano en animales, junto con otros trabajos donde hay una posibilidad razonable de que los organoides se vuelvan sensibles. Ohayon ha desarrollado modelos de computadora que cree que ayudan a identificar cuándo es probable que surja la sensibilidad, pero agrega que existe una “necesidad urgente” de más trabajo en el área.

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En Gran Bretaña, los investigadores ya tienen prohibido trabajar en embriones donados que tienen más de 14 días. El límite, que algunos científicos quieren ampliar, se impuso para proteger a los humanos en desarrollo del sufrimiento.

El año pasado, un grupo de científicos, abogados, éticos y filósofos convocó a un debate ético sobre los organoides cerebrales. Los autores, incluido Hank Greely, director del Centro de Derecho y Biociencias de la Universidad de Stanford en California, dijeron que los organoides aún no eran lo suficientemente sofisticados como para generar inquietudes inmediatas, pero que era hora de comenzar a discutir las pautas.

Referencias bibliográficas:

Mansour, A. A., Tiago Gonçalves, J., Bloyd, C. W., Li, H., Fernandes, S., Quang, D., … Gage, F. H. (2018). An in vivo model of functional and vascularized human brain organoids. Nature Biotechnology, Vol. 36, pp. 432-441. https://doi.org/10.1038/nbt.4127

Quadrato, G., Nguyen, T., Macosko, E. Z., Sherwood, J. L., Min Yang, S., Berger, D. R., … Arlotta, P. (2017). Cell diversity and network dynamics in photosensitive human brain organoids. Nature, 545(7652), 48-53. https://doi.org/10.1038/nature22047

Trujillo, C. A., Gao, R., Negraes, P. D., Gu, J., Buchanan, J., Preissl, S., … Muotri, A. R. (2019). Complex Oscillatory Waves Emerging from Cortical Organoids Model Early Human Brain Network Development. Cell Stem Cell, 25(4), 558-569.e7. https://doi.org/10.1016/j.stem.2019.08.002

Fuente: The Guardian

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