El deterioro de las capacidades sensoriales en adultos mayores sería indicador de mayor riesgo de demencia

42 Shares
42
0
0
0

En las evaluaciones sensoriales, suele tomarse al sentido del olfato como indicador de las capacidades sensoriales en general. Estas pruebas, a su vez, podrían ser utilizadas como marcadores para distintas patologías, incluída la demencia: un estudio encontró que si una persona mayor conserva sus sentidos del oído, la vista y el tacto, entonces puede tener la mitad de riesgo de desarrollar demencia que sus pares con un marcado deterioro sensorial (Brenowitz et al., 2020).

¿Por qué es importante? Las deficiencias sensoriales podrían acelerar el proceso de deterioro cognitivo, de manera directa o indirecta (por ejemplo, al aumentar el aislamiento social, la mala movilidad y la salud mental adversa).

Señalan los investigadores que el olfato podría ser un indicador preclínico de demencia, porque se ve afectado bastante temprano en el curso de la enfermedad, mientras que “la audición y la visión pueden tener un papel más importante en la promoción de la demencia.”

Metodología: el equipo de investigación realizó un seguimiento de 1794 participantes de 60 años de edad, por un período de hasta 10 años. Su objetivo fue ver si su funcionamiento sensorial se correlacionaba con el desarrollo de demencia. En el momento de la inscripción, todos los participantes estaban libres de demencia, pero 328 de ellos (18%) desarrollaron la afección durante el transcurso del estudio.

El estudio se centró en los efectos aditivos de múltiples deficiencias en la función sensorial, que la evidencia emergente muestra que son un indicador fuerte de la cognición en declive.

Los participantes fueron reclutados de una muestra aleatoria de adultos elegibles para Medicare en el estudio Salud, Envejecimiento y Composición Corporal. Las pruebas cognitivas se realizaron al comienzo del estudio y se repitieron cada dos años. La demencia se definió mediante pruebas que mostraron una caída significativa de las puntuaciones iniciales, el uso documentado de un medicamento para la demencia o la hospitalización por demencia como diagnóstico primario o secundario.

Las pruebas multisensoriales se realizaron en el tercer a quinto año e incluyeron audición (no se permitían los audífonos), pruebas de sensibilidad al contraste para la visión (se permitieron anteojos), pruebas de tacto en las que se midieron las vibraciones en el dedo gordo del pie y el olfato, que implica identificar olores distintivos como disolvente de pintura, rosas, limones, cebollas y trementina.

Resultados: del total de los participantes se recolectaron los siguientes datos:

  • Dentro de los que tenían niveles sensoriales dentro del rango medio, el 19% desarrolló demencia (esto es: 141 de los 328 que conformaban el subgrupo);
  • Entre los que estaban en el rango bueno de niveles sensoriales, el 12% desarrolló demencia (esto es: 83 personas)
  • De las personas que se hallaban en el rango pobre, el 27% desarrolló demencia (esto es: 104 sujetos).

Hallazgos: el equipo de investigación encontró que los participantes que permanecieron libres de demencia generalmente tenían una cognición más alta en el momento de la inscripción y tendían a no tener discapacidades sensoriales. El sentido del olfato u olfato agudo tiene una asociación más fuerte respecto de la demencia que el tacto, la audición o la vista.

Más precisamente: los participantes cuyo olfato se redujo en un 10% tenían 19% más de probabilidades de padecer demencia, en comparación con un aumento del 1% al 3% en el riesgo relacionado con las disminuciones en la visión, la audición y el tacto.

Los 780 participantes con una buena función multisensorial tenían más probabilidades de ser más saludables que los 499 participantes con una función multisensorial deficiente, lo que sugiere que algunos hábitos de estilo de vida pueden desempeñar un papel en la reducción de los riesgos de demencia. El primer grupo tenía más probabilidades de haber completado la escuela secundaria (85% frente al 72,1%), tenía menos diabetes (16,9% frente al 27,9% del segundo grupo) y era marginalmente menos propenso a tener enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial y accidentes cerebrovasculares.

Destacan, finalmente, los autores que incluso las deficiencias multisensoriales leves a moderadas tuvieron mayor riesgo de demencia. Esto significaría que tal grupo de personas son una población de alto riesgo que podrían ser sujetos de intervención temprana.

Referencia bibliográfica:

Brenowitz, W. D., Kaup, A. R., & Yaffe, K. (2020). Incident dementia and faster rates of cognitive decline are associated with worse multisensory function summary scores. Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association. https://doi.org/10.1002/alz.12134

Fuente: Psychcentral