La tecnología avanza con una rapidez increíble. En los últimos años se han lanzado varios dispositivos electrónicos que cambiaron nuestras vidas radicalmente. A su vez, la mayoría de los dispositivos existentes (celulares, tablets, computadoras) se actualizan a un ritmo que asusta. Y aunque las investigaciones científicas luchan por mantenernos informados sobre los efectos que tienen en nuestro desarrollo, conducta, etc., no logran realizar los estudios al mismo ritmo al que avanza la tecnología y, por ende, no pueden ponerse al día. Muchas preguntas se forman y todavía no hay respuestas claras.

Si bien existen bastantes investigaciones en relación al consumo de programas televisivos, no se tiene tanta información sobre la computadora y ni hablar de dispositivos más nuevos como smartphones o los más recientes iPads.

Según el Dr. Dimitri Christakis, pediatra, epidemiólogo y miembro de la Academia Americana de Pediatría (AAP por sus siglas en inglés), dicha institución reafirmó en 2011 su declaración original (hecha en el año 1999) sobre los infantes y los medios electrónicos: “desaconsejamos el uso de medios electrónicos en niños de menos de dos años”. Christakis resalta que, aunque dicha declaración se publicó en 2011, fue completada mucho antes de esa fecha, pero pasó por el lento proceso de revisión que caracteriza a la AAP; esto es importante ya que en Abril de 2010 salió a la venta el primer iPad. Es decir que la declaración fue hecha en total desconocimiento del dispositivo y el impacto que tendría. Mucho se ha especulado pero, hasta el día de hoy, es muy poco lo que se sabe (científicamente hablando) sobre la influencia del iPad y otros dispositivos electrónicos en la cognición de los niños. Y, si no existen investigaciones suficientes que nos ayuden a formar una opinión equilibrada, ¿deberíamos aplicar las recomendaciones de la AAP sobre estos aparatos? (Christakis, 2014).

La declaración fue hecha en total desconocimiento del dispositivo y el impacto que tendría

En este artículo intentaré exponer las investigaciones más importantes relacionadas a los niños y la influencia de los aparatos electrónicos en su desarrollo, a continuación podrás leer sobre cada dispositivo y los resultados a los que han llegado muchas investigaciones con respecto a ellos:

Televisión

Debido a que se trata del dispositivo electrónico que cuenta con más investigaciones, lo encontrarás divido en varias categorías.

TV y atención:

Varios estudios han encontrado una asociación entre el consumo de televisión a edades tempranas y los problemas de atención más tarde en la vida. En el 2004, una investigación que contó con una muestra de 1278 niños de 1 año y 1375 niños de 3 años, encontró que la exposición temprana a la TV se asoció a problemas de atención a los 7 años (Christakis, Zimmerman, DiGiuseppe & McCarty, 2004). Además, en una revisión del 2005 se encontraron asociaciones negativas entre ver videos y la atención; también se observó que afectaba negativamente el desarrollo cognitivo y del lenguaje. Aunque hubieron resultados positivos entre el consumo de ciertos programas de TV y el aprendizaje del lenguaje (Anderson & Pempek, 2005).

Sumado a los anteriores, una investigación longitudinal, en la que participaron 1323 niños y 210 adolescentes, concluyó que la exposición a la televisión y a los videojuegos se asoció con mayores problemas de atención. La asociación se mantuvo significativa incluso al controlar género y problemas de atención previos. La relación entre los medios en pantalla y los problemas de atención eran similares para todos los tipos de medios y edades analizados (Swing, Gentile, Anderson & Walsh, 2010).

Sin embargo, otro estudio del 2007 (cuya muestra se tomó en 1997 y luego fue reevaluada en 2002) no encontró relación entre ver programas de televisión educacional antes de los 3 años y problemas de atención 5 años después. Por otro lado, ver programas de entretenimiento, tanto violentos como no violentos, si se asoció con problemas de atención. A los 4 o 5 años, ver cualquier tipo de contenido (educacional, entretenimiento violento, entretenimiento no violento) no se asoció con problemas de atención posteriores (Zimmerman & Christakis, 2007).

TV y sobrepeso

A diferencia de las investigaciones sobre la televisión y la atención, los estudios parecen ser bastante consistentes con respecto al sobrepeso: ver televisión tiene un efecto negativo sobre el IMC. Y en nuestra sociedad occidental (sobre todo en países desarrollados) donde cada vez se habla más sobre el incremento de problemas de obesidad infantil y sobre la cantidad de tiempo que pasan los niños frente a una pantalla, deberíamos prestarle especial atención a estos hallazgos.

1 . Un estudio del 2007, cuyos datos fueron recolectados entre 1999 y 2002, y donde participaron niños de 2 a 5 años de Estados Unidos, encontró que mirar videos y televisión por más de 2 horas se asocia con un aumento en el riesgo de sobrepeso y mayor adiposidad (Mendoza, Zimmerman & Christakis, 2007).

2 . En el mismo año, se publicó un estudio transversal hecho en Estados Unidos y cuyos datos se recogieron en 2002 y 2004. El mismo concluyó que los niños con televisión en el cuarto tenían más probabilidades de estar en sobrepeso; los resultados se mantuvieron incluso luego de controlar variables sociodemográficas, actividad física y frecuencia de ver películas o estar en internet. Los autores recomiendan más investigación para entender esta asociación (Adachi-Mejía, Longacre, Gibson, Beach, Titus-Ernstoff & Dalton, 2007).

ver televisión tiene un efecto negativo sobre el Índice de MAsa Corporal

3 . Un año después se publicó otro estudio de tipo experimental, con 70 niños de entre 4 y 7 años con un IMC que se encontraba en el percentil 75 o más arriba. Lo que hallaron fue que reducir el tiempo de televisión y computadora disminuye también la conducta sedentaria y el consumo de calorías. La intervención funcionó mejor en familias de bajos ingresos. La reducción de tiempo consumiendo TV y utilizando la computadora puede tener un impacto en el riesgo de obesidad y esto tiene más que ver con el consumo de calorías que con la actividad física (Epstein, Roemmich, Robinson, 2008).

4 . A los anteriores estudios podemos sumarle uno transversal del año 2009, en el cual participaron 526 niños de 8, 11 y 14 años, donde se encontró que los niños cuyos papás tenían sobrepeso (al menos uno de ellos) miraban televisión por más tiempo que los niños con papás de peso normal. Además tenían un mayor riesgo de presentar un IMC elevado (Steffen, Dai, Fulton & Labarthe, 2009).

5 . Otro estudio del año 2012 realizado con datos de 7915 niños europeos de 10 a 12 años, observó que las probabilidades de que un niño esté en sobrepeso aumentan cuando este ve televisión mientras come el almuerzo y la cena (N Vik, Birgit Bjørnarå, Øverby, Lien, Androutsos, Maes, Jan, Kovacs, Moreno, Dössegger, Manios, Brug, Bere, 2012).

TV y sueño

También hay varios estudios que indican un efecto negativo de la televisión sobre los patrones de sueño. Ya sabemos que dormir es fundamental para todo ser humano de cualquier edad, pero si además consideramos estudios que sugieren que dormir más hace que el niño este más despierto en el día y menos inquieto en la escuela, ¿podríamos estar reduciendo más de un problema al controlar la cantidad de tiempo que pasan los niños viendo TV?

En 2005 se publicó una investigación que observó que la exposición a la televisión se asoció con horarios irregulares de sueño en niños de 4 a 35 meses. Aunque no se pudo determinar en este estudio si la relación era causal (Thomson, Christakis, 2005).

Otra investigación, les pidió a 321 padres de niños de entre 5 y 6 años que llenaran un cuestionario sobre consumo de televisión, problemas de sueño y síntomas psiquiátricos. Los resultados obtenidos de estos datos indicaron que tanto ver televisión activamente como la exposición pasiva a la misma se relacionaron fuertemente con un riesgo elevado de problemas de sueño. Específicamente, notaron una relación más fuerte entre mirar televisión pasivamente y mirar programas para adultos y los problemas de sueño. La asociación se mantuvo incluso luego de controlar variables como: ingresos de la familia, conflictos familiares, horarios de trabajo del padre, estatus socioeconómico y síntomas psiquiátricos en el niño. El estudio fue llevado a cabo en Helsinki, Finlandia (Pavoneen, Pendoneen, Roine, Valkonen, Lahikainen, 2006).

Los resultados indicaron que tanto ver televisión activamente como la exposición pasiva a la misma se relacionaron fuertemente con un riesgo elevado de problemas de sueño

Por último, en una investigación alemana, se reclutó a 11 niños en edad escolar para un estudio polisomnográfico. Se expuso a los participantes a un consumo voluntario y excesivo de televisión y juegos de computadora. La noche siguiente se realizaron medidas polisomnográficas. También se llevaron a cabo tests de memoria verbal y visual antes del experimento y luego de la noche de sueño para determinar su desempeño. Los resultados indicaron que tanto el consumo excesivo de televisión como de juegos de computadoras afectaron negativamente el sueño y redujeron su desempeño verbal (Dvorak, Schierl, Brunks y Strüder,2007).

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Todos estos estudios sugieren que ver televisión tanto activa como pasivamente puede provocar dificultades en los niños a la hora de dormir, por lo tanto debemos ser muy precavidos al exponerlos a este dispositivo electrónico.

Televisión y lenguaje

La relación entre el consumo de televisión a edades tempranas y los problemas en el desarrollo del lenguaje, es tal vez una de las cuestiones más difundidas cuando se habla del efecto de los dispositivos electrónicos en los niños. ¿Qué dicen las investigaciones?

Para la primera investigación que nombraremos, se reclutaron 51 infantes de quienes se recolectaron datos sobre sus hábitos de consumo de televisión cada 3 meses desde los 6 meses de edad. Los autores creen que sus hallazgos resaltan la importancia del contenido visto al describir los efectos de los medios. A los 30 meses, mirar Dora la exploradora, Las pistas de Blue, Arthur, Clifford o Historias de Dragones resultó en mayor vocabulario y puntajes más altos en lenguaje expresivo; mirar los Teletubbies se relacionó con menos vocabulario y puntajes más bajos en lenguaje expresivo; por último, mirar Plaza Sésamo se relacionó solo con un menor puntaje en lenguaje expresivo y mirar Barney y sus amigos se relacionó con menor vocabulario y más lenguaje expresivo (Linebarger, Walker, 2005).

En otro estudio, donde participaron 1008 niños de 2 a 24 meses, se observó que en niños de 8 a 16 meses mirar TV o DVDs afectaba negativamente el desarrollo del lenguaje, mientras que en infantes de 17 a 24 meses no se vieron asociaciones significativas. Los autores recomiendan más investigación del tema para determinar las razones de la asociación (Zimmerman, Christakis y Meltzoff, 2007). También se realizó un estudio que contó con 329 sujetos de entre 2 y 48 meses de edad. En el mismo se encontró una asociación entre la televisión audible, una disminución de la exposición al discurso discernible del adulto y menos vocalizaciones en el niño. Los autores creen que esta es una posible explicación de porqué se asocia al retraso en el desarrollo del lenguaje con la exposición temprana a la TV (Christakis, Gilkerson, Richards, 2009).

Los estudios indican que si existe relación entre el retraso en el desarrollo del lenguaje en niños pequeños y ver televisión

Un estudio coreano también encontró que los niños de 2 años que miraban televisión por más de 2 horas al día, presentaban problemas en el desarrollo del lenguaje (Byeon, Hong, 2015).

Los estudios indican que si existe relación entre el retraso en el desarrollo del lenguaje en niños pequeños y ver televisión. Y tal vez se deba a que los adultos hablan menos cuando está la televisión prendida. A su vez indican que sí es importante controlar el contenido consumido por los infantes.

TV y conducta

En este apartado podremos conocer qué dicen los estudios sobre la televisión y su influencia en las conductas prosociales, la obediencia, la agresividad, el aprendizaje, la imaginación, las actitudes raciales, la competencia social, etc.

En 1979 se llevó a cabo un estudio en niños en edad preescolar donde se concluyó que los programas de televisión con contenido prosocial reducían a corto plazo la agresividad en niños y niñas. Sin embargo, no hubo un aumento de conductas prosociales u obediencia luego de la exposición a estos programas (Bankart, Anderson, 1979).

Una investigación longitudinal realizada con 707 individuos de 17 años, observó una asociación entre la cantidad de horas de consumo de televisión durante la adolescencia y juventud temprana y la probabilidad de perpetrar actos agresivos hacia otros. La relación se mantuvo incluso al controlar variables como conducta agresiva previa, negligencia en la infancia, ingreso familiar, violencia en el vecindario, educación de los padres y trastornos psiquiátricos (Johnson, Cohen, Smailes, Kasen y Brook, 2002).

Adicionalmente, se realizó una revisión sistemática de pruebas experimentales sobre los efectos de ver televisión en infantes y preescolares. Se halló que el efecto de la televisión depende del contenido, si este es educativo favorece el aprendizaje, la imaginación y las actitudes raciales. Además se encontró cierta evidencia que apoya la idea de que mirar dibujos animados afecta negativamente la atención. Algunas de las limitaciones identificadas fueron que la mayoría de los estudios solo incluían niños de 3 años o menos, las muestras eran pequeñas, se utilizaban ambientes no naturales y se evaluaban efectos a corto plazo (Thakkar, Garrison, Christakis, 2006). Sin embargo, otra revisión, realizada en el 2008 por uno de los autores de la revisión nombrada anteriormente, concluye que no hay estudios que hayan encontrado beneficios en relación a la exposición temprana a la televisión. Los estudios sugieren más bien que tiene un gran potencial de causar daños (Christakis, 2008).

El uso de un dispositivo de mano (smartphone, iPad, etc.) se relacionaba con retraso en el lenguaje expresivo

Un estudio posterior, realizado en sujetos de 3 a 5 años, sugiere que hay beneficios en cuidar la dieta televisiva, señalando que los programas con contenido prosocial benefician la conducta y competencia social de los niños. Los hallazgos conductuales se mantenían luego de 12 meses (Christakis, Garrison, Herrenkohl, Haggerty, Rivara, Zhou y Liekweg, 2013).

Otro estudio canadiense realizado con niños de 2 años, que volvieron a ser evaluados a los 13, encontró que el exceso de televisión en la infancia se asociaba a problemas sociales en la adolescencia (Pagani, Lèvesque-Seck y Fitzpatrick, 2016)

Finalmente, una investigación que utilizó datos de 7450 niños evaluados a los 9 meses y luego a los 2 años, concluye que hay una asociación entre los niños con problemas de autorregulación (dificultad para calmarse, dormir, regularse emocionalmente y mantener la atención) y un consumo moderadamente mayor de medios electrónicos. Los autores controlaron variables relacionadas a la madre y las características del hogar. Ellos creen que sus hallazgos podrían relacionarse a estrategias de afrontamiento utilizadas por los padres (Radesky, Silverstein, Zuckerman y Christakis, 2014).

De nuevo, el contenido que ven los niños parece ejercer una influencia importante en la conducta de los niños, pero además la cantidad de tiempo que ellos pasan frente al televisor también es clave.

Tablets y teléfonos inteligentes

Como bien resalta Christakis, el avance de la tecnología corre más rápido que las investigaciones sobre sus efectos en nuestra salud mental y física. Esto se refleja claramente al buscar investigaciones relacionadas a dispositivos electrónicos más nuevos como tabletas y smartphones y darse cuenta que escasean. La mayor parte de los estudios se enfocan en utilizar estas nuevas tecnologías para el trabajo con niños que presentan Trastornos del Espectro Autista (Cardon, 2012, King et al, 2014, Lee et al, 2013, Kagohara et al, 2011, Waddington et al, 2014, Vandermeer et al, 2013, King et al 2013, Jowett et al, 2012) o discapacidades relacionadas a retrasos en el desarrollo (Chai et al, 2014).

Pero este año se ha publicado una investigación canadiense que tuvo como objetivo estudiar dichos dispositivos novedosos en relación al desarrollo del lenguaje, en niños pequeños. El estudio fue de tipo transversal y se presentó en el Pediatric Academic Societies Meeting. Contó con 1077 niños de entre 6 y 24 meses y encontró que el uso de un dispositivo de mano (smartphone, iPad, etc.) se relacionaba con retraso en el lenguaje expresivo (Ma, Van Den Huevel, Maguire, Parkin, Birken, 2017).

Computadora

Tampoco es fácil encontrar muchos estudios sobre el uso de la computadora y su efecto en nuestra salud.

Una investigación del 2004, realizada con una muestra de 122 niños en edad preescolar, observó que los niños que tenían acceso a una computadora puntuaban mejor en desarrollo cognitivo y preparación escolar, incluso luego de controlar variables como estado en el desarrollo y estatus socioeconómico de la familia (Li y Atkins, 2004). Otra investigación que estudiaba los efectos de varios dispositivos en el sobrepeso, encontró que el uso de la computadora se relacionaba con mayor adiposidad (Mendoza, Zimmerman y Christakis, 2007).

Recomendaciones para los padres

  • Poner un límite a la exposición diaria a dispositivos electrónicos. Sería ideal que fuera entre una hora y una hora y media. Es necesario tener en cuenta el consumo pasivo también, es decir, cuando el que está utilizando la televisión no es el niño sino un adulto u otra persona (como hemos visto, esto también puede tener un efecto negativo en el niño).
  • Evitar su uso en horarios de comida, especialmente en el almuerzo y la cena.
  • Elegir cuidadosamente los programas vistos, se recomienda buscar que tengan contenido prosocial. Para niños pequeños algunas opciones podrían ser Dora la exploradora, Las pistas de Blue, Arthur, Clifford o Historias de Dragones.
  • No es conveniente que los niños tengan un televisor en el cuarto.
  • Hablar con los niños incluso cuando están usando algún dispositivo electrónico.
  • Si el iPad se utiliza para ver videos, las recomendaciones anteriores aplican para regular su uso.
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Con respecto a computadoras, iPads y smartphones, si bien existen todavía muy pocos datos sobre sus efectos en la salud integral de los niños, es interesante tener en cuenta la opinión del Dr. Christakis (2014), quien reflexiona que interactuamos diferente con la televisión y con el iPad y, tal vez, esto podría marcar una diferencia con respecto a su efecto en la conducta y desarrollo en los niños.

Si se utiliza solo para mirar videos, probablemente los datos relacionados a la TV aplican al mismo, ¿pero qué pasa si se usan las aplicaciones creadas para los niños? Tal vez tengamos que darles el beneficio de la duda y, por supuesto, continuar las pocas investigaciones que existen por ahora. Hasta que se tengan más datos, un acercamiento moderado y cuidadoso a estos nuevos dispositivos sería lo más prudente.

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2 COMENTARIOS

  1. Todo tiene sus efectos secundarios, espero que veamos las cosas desde otro punto de vista, se avecina una civilización multicultural de Tipo 1, pienso que los Psicólogos, Psiquiatras y médicos generales tienen demasiado que aprender, como alguien que no sabe como esta estructurado un lenguaje de programación, puede entender a los niños de ahora, lo primero es entender que no entendemos, sino que lean a Isaac Asimov, al fin y al cabo, es tu decisión, construir o destruir?

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