Imagen: Twenty 19

¿Cuántas ventanas o pestañas tenés abiertas en este momento? ¿10? ¿20? No parecían tantas hasta que las contaste para responder esta pregunta, ¿verdad?

Es casi imposible sentarnos y trabajar en una única tarea. Hay días en que sentimos que hacemos un millón de cosas, que estamos cargados de trabajo y por más que nos esforzamos, no logramos hacer mucho. Incluso cuando intentamos descansar no podemos hacer una cosa a la vez: cenamos con la televisión encendida, escuchamos la radio mientras leemos un libro, nos sentamos a escribir un artículo para Psyciencia con un capítulo de Friends de fondo en Netflix. ¿Por qué nos cuesta tanto enfocarnos en una sola cosa?

Esto no sólo nos distrae de nuestro objetivo principal sino que también hay evidencia que sugiere que hacer varias cosas a la vez es malo para nuestros cerebros.

¿Por qué lo hacemos?

¿La respuesta sencilla? Es muy difícil no hacerlo. La tecnología ha hecho todo rápido y fácil. Nuestros celulares parecen navajas suizas que nos permiten hacer prácticamente cualquier cosa. Con una aplicación para cada cosa es difícil no intentar exprimir el valor de cada segundo del día.

Entonces, ¿cuál es la ciencia detrás de nuestra obsesión por no desperdiciar un segundo del día?

¿Por qué se siente bien?

Nuestro cerebro es excelente para engañarnos y hacernos pensar que estamos siendo eficientes. Estudios muestran que realizar varias tareas a la vez tiende a provocar la liberación de dopamina, “la hormona de la felicidad.” Nos entusiasma recompensarnos por hacer tantas cosas a la vez. Nuestra atención puede ser fácilmente capturada por algo brillante y nuevo. Irónicamente, la sección del cerebro que más necesitamos para que nos ayude a concentrarnos es la que más sufre.

Nuestro cerebro es excelente para engañarnos y hacernos pensar que estamos siendo eficientes

Los centros de búsqueda de recompensa del cerebro están encantados cuando cambiamos entre tareas -cada vez que miramos un nuevo y brillante email, tweet o mensaje de texto, estamos liberando pequeños impulsos de placer. No hay dudas sobre por qué es tan fácil distraerse.

¿Por qué es malo?

Nos estresa. Se ha probado que realizar varias tareas a la vez dispara la liberación de cortisol, la hormona del estrés, que afecta todo desde tu capacidad mental hasta tu densidad muscular.

¿Querés evitar eso? Debería ser tan sencillo como ignorar esos nuevos emails, ¿no?

No. Estudios recientes sugieren que incluso el hecho de tener la oportunidad de realizar varias cosas a la vez reduce nuestra habilidad de resolver problemas y gestionar eficazmente las tareas en aproximadamente 10 puntos de CI. ¡El simple hecho de tener un email sin leer, esperándote en tu bandeja de entrada podría estar arruinando tu productividad!

Para que veas que tan seria es esta pérdida de capacidad mental acá hay un ejemplo: a veces hablamos sobre los efectos de la marihuana en nuestra habilidad para pensar claramente; el mismo estudio mostró que realizar varias tareas a la vez podría tener incluso un efecto más negativo a nivel cognitivo.

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¿Hay alguien que sea bueno realizando varias tareas a la vez?

Uno podría pensar que la exposición constante a varias cosas a la vez podría hacer a algunas personas expertas en cambiar entre diferentes tareas. Podrías pensar que algunas personas podrían convertirse en expertos en filtrar información y podrían llegar a ser aún más productivos. Pero esto no sucede. Investigaciones sugieren que las personas que hacen muchas cosas a la vez, en realidad, son mucho peores a la hora de cambiar de una tarea a la otra y descartar información irrelevante.

Nos estresa

Existen algunos ejemplos aislados de “personas multitarea” que parecen ser capaces de manejar la carga de trabajo pero, como regla, pareciera que hay que evitar hacer varias cosas a la vez.

¿Cuál es nuestra principal distracción?

¿Cuál es la distracción principal que tenés cuando trabajás?

Podría ser la tremenda cantidad de emails, tweets, mensajes de texto, que recibís en el instante mismo en que decidís poner manos a la obra. Nos sentimos obligados a responderlos pero hacerlo vuelve imposible que cumplamos con todos nuestros objetivos. Esto puede llegar a tener tanto peso para nosotros, que nuestra meta cambia a tener el buzón en cero; pero este no es el único problema:

1 – Las personas esperan una respuesta instantánea

Si -por esos cosas inesperadas de la vida, que de vez en cuando pasan- llegás a recibir una carta por correo, las personas entienden que no recibirán la contestación en ese preciso momento. Uno puede dejar la carta a un lado y ocuparse de ella cuando esté listo.

En el mundo digital actual estamos siempre disponibles. ¿Ya saliste de la oficina? No hay problema, podés ver los mensajes en tu nuevo y brillante smartphone o tablet. ¡No hay excusa para que pospongas tu respuesta!

Además, la expectativa social manda que respondamos enseguida (no queremos hacer enojar al emisor… y seamos sinceros, nos molesta darnos cuenta que alguien abrió nuestro mensaje y eligió no responderlo).

2 – Todo el mundo puede mandarte emails

Tendemos a ser bastante selectivos con el correo postal: es poco común que escribas a alguien que no conocés.

Pero en cuanto a los emails, estamos preparados para conseguir de cualquier manera (cueste lo que cueste) una dirección de email que nos interese. Una vez que la conseguimos no nos medimos: los emails son lo suficientemente impersonales como para que no nos importe mandar cientos de mensajes a personas que nunca conocimos. Y de esa manera se llenan nuestros buzones. Desperdiciamos tiempo valioso tratando de filtrarlos, archivarlos o eliminarlos.

3 – Cada email requiere una decisión instantánea

La toma de decisiones constantes que requiere el revisar todos los mensajes se cobra un precio en el cerebro. Cambiar continuamente nuestra concentración fuerza al cerebro a quemar rápidamente su combustible, dejándonos exhaustos y desorientados.

Mark Zuckerberg (y Steve Jobs, entre otros) ha explicado que usa siempre la misma ropa porque pasar tiempo tomando decisiones nimias es un malgasto innecesario de energía. Irónicamente, si tenés Facebook, probablemente recibís emails constantes por cada notificación, mensaje o solicitud de amistad que te llegue; cosa que te desconcentra del trabajo que estás haciendo sobre todo cuando sentís que tiene un poder casi irresistible porque ¡querés ver de qué se trata!

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¿Cómo podemos ser más productivos y dejar de desperdiciar tiempo?

Obviamente no hay una solución mágica, pero si hay tácticas que podés usar para dejar de hacer varias cosas a la vez todo el tiempo y llegar a ser más productivo:

1 – Planificación

Esto no es gran ciencia pero realmente funciona. Pasar 10 minutos cada noche escribiendo las cosas más importantes que querés realizar al día siguiente te permite estar mucho más concentrado en el trabajo. Estas son las tareas alrededor de las cuales organizás tu día. Lo importante es que te asegures de cumplirlar antes de perderte en Twitter o Facebook.

2 – Técnica de Pomodoro

Es una técnica de manejo del tiempo desarrollada por Francesco Cirillo a fines de los ‘80. Consiste en dividir el día laboral en periodos de 25 minutos de trabajo intenso y enfocado. A cada periodo le siguen 5 minutos de descanso. Este método está basado en la idea de que los recreos frecuentes pueden mejorar la agilidad mental.

Expertos en productividad recomiendan programar un horario diario

Una sugerencia es que uses los 25 minutos para realizar las tareas que planificaste el día anterior, y en los 5 minutos de descanso podés responder emails y mensajes.

3 – Planificá “ver emails” en tu horario diario

Expertos en productividad recomiendan programar un horario diario para lidiar con los emails, mensajes, tweets y otras correspondencias. Ese debería ser el único momento en que tengas abierto tu buzón. Quizás quieras experimentar con deshabilitar las notificaciones tanto de tu teléfono como de tu navegador para asegurarte que lo cumplas – aunque esto podría significar que ocasionalmente pierdas algún mensaje urgente.

Es difícil forzarnos a nosotros mismos a ignorar los mensajes que llegan, y que además sentimos que tenemos que responder de inmediato; como también es difícil dejar de cambiar entre distintas tareas cuando estamos muy ocupados.

Aunque cada mensaje que respondamos se sienta como que hemos cumplido con algo o que estamos siendo más organizados, la verdad puede ser lo opuesto: nos distraemos de las cosas que realmente tenemos que hacer. Por esto, es recomendable intentar alguno de los métodos mencionados (o cualquier otro que te ayude a enfocarte en una tarea determinada), para que puedas evaluar si repercuten de alguna manera en tu productividad.

Por último, pero no menos importante: escuchar música no cuenta como realizar varias cosas a la vez, porque esta acción ocupa una parte separada del cerebro que no interfiere con tu trabajo y productividad.

Fuente: The Next Web