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Traducción de Maria Fernanda Alonso del texto original producido por Sam Thinks para PsychCentral

Históricamente cualquier artículo sobre “amor propio” ha generado en mí un sentimiento de enojo. Cada célula de mi cuerpo se ha estado pudriendo en el auto-odio y el desprecio por un largo, largo tiempo. Cualquier charla sobre el amor propio me hacia enojar y me tentaba a ventilar mi resentimiento y celos en frases tales como “¿qué clase de imbécil engañado escribe estos artículos?”

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Como sea. Escribo para compartir algunas cosas que he aprendido en los últimos 10 años de terapia. Sólo espero que pueda ayudar a una persona. Si es que esto acorta su viaje en al menos un día largo, doloroso, deprimente y suicida, habrá valido la pena.

El primer paso para mí fue darme cuenta de que ¡no todo está como podría o debería estar encaminado! Esto puede ser evidente y dolorosamente obvio para ustedes, todo el día todos los días. Sientanse orgullosos de eso porque están realmente adelantados. Estaba practicando un montón de conductas imprudentes y poniendo en peligro mi vida y salud casi a diario, pero pensando que yo estaba “bien”. Tomar conciencia de este tipo de comportamiento probablemente no fue producto de ningún tipo de preocupación o cuidado por mi bienestar, sino que fue el inicio de la identificación de mi pobre autoestima (eufemismo).

era auto-odio absoluto y desprecio

Tomó un poco de tiempo y terapia, pero esta comprensión creció y creció hasta que mi terapeuta y yo comenzamos a ver las profundidades de mis problemas. No era sólo una baja autoestima, era auto-odio absoluto y desprecio. Era crueldad y crítica, frío e implacabilidad, perversidad y violencia, y nada podía detener su paso. Esta voz operaba veinticuatro horas al día en máxima aceleración. Era una bestia rabiosa e interfirió con cada segundo de mis días y noches.

En esta etapa, algún trabajo había sido hecho para proveerme intelectualmente una infraestructura para otra forma de pensar. La teoría de que todas estas creencias sobre mí mismo eran incorrectas fueron presentadas a la bestia enfurecida. La bestia golpeó a través de este nuevo discurso y lo redujo a astillas cada vez que se planteó. La única manera que podría incluso intelectualmente entretener la idea de que yo no era innatamente malo, perverso, inmundo, genéticamente incorrecto y más horrible de lo que se puede comprender, literalmente era hablar de otra persona. Nunca jamás trataría a otra persona con esta crueldad. No importa lo que ninguno de mis amigos haya hecho en el pasado, nunca pensaría que fueran ni remotamente malos. Querría que se amen a sí mismos como yo los amaba. Ese fue un punto de partida para mí.

Si tu también tienes esta bestia furiosa en su cabeza, probablemente eres una de esas personas que se siente ligeramente irritada cuando le hacen un cumplido o lo ignora por considerarlo simplemente ridículo, casi irrelevante. Puedes tener un talento evidentemente obvio, sin tener conciencia de él o fe en él, o puedes creer que por aquella única parte positiva es superada por 600.000 partes negativas, horribles y malvadas.

El siguiente paso significativo fue la adición de otros tipos de terapia, abrirse y revelar este secreto oscuro, la bestia furiosa. Tuve que sentirlo y expresarlo. He utilizado la terapia primal, trabajo infantil interior y terapia del arte, tanto para exponer la bestia y para empezar a permitir que mis partes más vulnerables y amables tengan una voz. Este fue un proceso bastante largo, pero creo que fue probablemente mucho más rápido que hablar de ello porque la bestia no escucha a nadie. No fue hasta que sentí los sentimientos que “la entendí”.

Por ejemplo, alguien me dijo que porque yo era sólo un niño, el haber sido víctima de abuso sexual no fue mi culpa y que yo no era sucio o malo por ello. Usando el proceso hasta el momento como un ejemplo pasé de la negación (“si como sea, por supuesto que no es culpa del niño, yo no creo que sea sucio y no me importa así que cállate”) en “Si pensara que la víctima fue un amigo/hermano/niño de la calle, absolutamente nunca podría ser culpa de ellos haber sido abusados y esto nunca debería sucederle a nadie y nadie nunca debería tener que llevar esa carga” de sentir la humillación, la impotencia, la degradación, la vergüenza y el dolor físico del abuso sexual. Este paso permitió a la bestia empezar a dejar entrar el más pequeño, momentáneo y por lo general temporal rayo de compasión.

Durante y a lo largo de esto, varios períodos fueron de crisis, ya sea de depresión o fantasías suicidas y autodaño activo

El otro aspecto importante de esto fue la sola exposición de la bestia, tirada en el suelo y diciéndole a un testigo benevolente (terapeuta) todo lo que esa voz estaba diciendo. Después de 10 minutos de vaciar la última diatriba despectiva que se repetía en mi mente, parecía que la bestia iba perdiendo gran parte de su poder. Esto parece casi infantil mientras que 10 minutos antes yo era un esclavo de su dominio y observada sabiduría.

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Durante y a lo largo de esto, varios períodos fueron de crisis, ya sea de depresión mortal (en la cama, mirando fijamente a la pared en estado de coma, sin ganas de hacer nada) o fantasías suicidas y auto-daño activo. El manejo de la crisis se convirtió en algo muy importante. Inicialmente no había manejo porque gobernaba la bestia. No compartía mis decisiones con alguien más maduro, compasivo, cariñoso o incluso sensible. Era lo que la bestia (todos los procesos de pensamiento negativos y voces crueles y críticas) mandaba. No podía ser de otra manera.

Ahora tengo la crisis bajo control y ya no las siento como un peligro para mí mismo

Así que el primer paso fue darme cuenta de que siempre hay algo más para hacer, que no eran más que sentimientos y que no sólo estaba hecho de mis sentimientos negativos. Al principio pasé mucho tiempo estancado. Si me sintiera tentado de cortarme o quemarme, en lugar de hacerlo me dibujaría los cortes y las quemaduras, o llamaría a un amigo, o reservaría una sesión con mi terapeuta, o tomaría una copa o me daría  una ducha. A menudo, en el calor del momento piensas que el sentimiento es eterno y tan doloroso y horrible que nunca podrá ser detenido. A menudo, sin embargo, se puede reducir en un corto período de tiempo con una distracción o expresando esos sentimientos a través del arte o de una sesión sentida o simplemente moviendo el cuerpo y la energía hacia algún otro lugar o hacia alguien más.

Ahora tengo las crisis más bajo control y ya no las siento como un peligro para mí mismo. Estoy construyendo en esta cosa del amor propio. Si buscas “amor” en Google, encontrarás numerosas definiciones. Me gusta especialmente la de Wikipedia: “El amor es una emoción de gran afecto y apego personal. El amor también es una virtud que representa toda la bondad humana, la compasión y el afecto – “la preocupación desinteresada y la preocupación benevolente por el bien de otro. El amor puede describir acciones hacia los demás o hacia uno mismo basadas en la compasión y el afecto.”

Esa es una definición con la que puedo empezar a relacionarme.

Sintiendo mi sufrimiento como un niño cuando era intelectual y físicamente incapaz de defenderme ha dado lugar a la compasión por mí mismo y a un afecto a ciertos caminos salvajes con los que traté de hacer frente a ese dolor y al coraje que demostré cuando atravesé punto muerto que parecía tan imposible.

A quien esté ahogándose en el dolor, la depresión, la desesperación suicida, el miedo y el asco: aguanta allí. Prueba alguna terapia de sentimiento y expresiva, utiliza cualquier truco que puedas para aliviar el auto-odio. Sé que no me creerás pero ¡tu mereces lo mejor y esto es realmente posible! ¡Aguanta ahí!

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