A partir de las experiencias asociadas al estigma que atraviesan las sexualidades no hegemónicas, se visualiza cómo el imperativo heterosexual regula los modos legítimos de expresión del género y fomenta la persecución hacia las personas trans a través de mecanismos de patologización. Por este motivo el estrés, causado por estigmatización, puede presentar un gran impacto negativo para la salud. Las consecuencias son diversas y abarcan un mayor riesgo de experimentar niveles altos y crónicos de estrés y su asociación con otras problemáticas tales como depresión, ansiedad y conductas suicidas (Bockting, Miner, Swinburne, Romine, Hamilton y Coleman, 2011). A todo lo antes mencionado, se suma el enfrentar diversos obstáculos para acceder a los servicios de salud, entre ellos la falta de conocimiento y sensibilidad cultural de parte de los proveedores de servicios (Barreda y Isnardi, 2006).

El enfoque de atención hacia las personas trans debe proponer un abordaje centralizado en factores de protección. Son las características detectables en un individuo, familia, grupo o comunidad que favorecen el desarrollo humano, el mantenimiento o la recuperación de la salud; y que pueden contrarrestar los posibles efectos de los factores de riesgo, de las conductas de riesgo y, por lo tanto, reducir la vulnerabilidad, ya sea general o específica. Donas Burak (2001) plantea que existen dos tipos de factores protectores: de amplio espectro, o sea, indicativos de mayor probabilidad de conductas protectoras que favorecen el no acontecer de daños o riesgos; y factores protectores específicos a ciertas conductas de riesgo. Dentro de los factores de amplio espectro, menciona los siguientes: una familia contenedora, con buena comunicación interpersonal, alta autoestima, proyecto de vida elaborado, fuertemente internalizado, locus de control interno bien establecido, sentido de la vida elaborado, permanecer en el sistema educativo formal y un alto nivel de resiliencia. Como factores protectores específicos, encontramos: el uso de cinturón de seguridad (que reduce o evita accidentes automovilísticos); no tener relaciones sexuales, o tenerlas con uso de preservativo (que reduce o evita el embarazo, ETS, Sida); y no fumar (reduce o evita el cáncer de pulmón y enfisema).

El enfoque de atención hacia las personas trans debe proponer un abordaje centralizado en factores de protección

Reichters y Weintraub (1990) consideran que los mecanismos protectores son tanto los recursos ambientales que están disponibles para las personas como así también las fuerzas que estas tienen para adaptarse a un contexto.

Werner (1993) propone que estos van a operar a través de tres mecanismos diferentes:

  • Modelo compensatorio: se combinan los factores estresantes y los atributos individuales y el estrés severo podrá ser contrarrestado tanto por cualidades personales como por fuentes de apoyo.
  • Modelo del desafío: el estrés excesivo se percibe como un potencial estimulador de la competencia.
  • Modelo de inmunidad: se produce una relación condicional entre estresores y factores protectores que modulan el impacto del estrés en la calidad de adaptación.

Este abordaje, deberá brindar un marco teórico focalizado en dos aspectos. Por una parte, que los entornos sociales que ayudan a crear espacios de protección estén libres de transfobia. Por otra, que las personas trans puedan aumentar la capacidad para enfrentar las situaciones adversas ligadas al contexto mencionado (Platero, 2012).

Cómo acompañar a las personas trans desde el espacio terapéutico

La respuesta de estrés se presenta cuando la valoración cognitiva que hace el individuo con respecto a su capacidad de afrontamiento supera a las capacidades y recursos de la persona para enfrentarse a los retos (Lazarus y Folkman, 1984). Es decir, se presenta cuando se percibe una amenaza que se considera, no podrá superar con facilidad. Así, los eventos vinculados al estigma pueden ser interpretados como no estresantes si la persona posee recursos adaptativos que le permitan manejar el potencial estresor. Estos recursos adaptativos pueden ser psicológicos o sociales, conductuales o económicos (Clark et al, 1999; Miller et al., 1995; Miller y Rudiger, 1997) y pueden variar según los contextos de las personas.

Se trabajará con la persona a fines de desarrollar los factores protectores para promover las conductas resilientes

En sus desarrollos sobre estrés y procesos cognitivos, Lazarus y Folkman (1986) definen el afrontamiento como “los esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo”. Su naturaleza y sus características describen una predisposición personal o estilo de afrontamiento que dará lugar a acciones concretas, es decir a estrategias de afrontamiento que el sujeto utilizará en cada contexto, y que pueden presentar variaciones dependiendo de las condiciones específicas. (Carver, Scheier & Weintraub, 1989; Chico Libran, 2003; Lazarus & Folkman, 1984; Moos, 1988; Roth & Cohen, 1986).

Desde el espacio terapéutico, se trabajará con la persona a fines de desarrollar los factores protectores para promover las conductas resilientes y poder mejorar su capacidad de afrontamiento.Estos proceden de tres posibles fuentes (Grotberg, 1995):

  1. Atributos personales como inteligencia, autoestima, capacidad para resolver problemas o competencia social.
  2. Apoyos del sistema familiar.
  3. Apoyo social derivado de la comunidad.

Según Inbar (2004), la resiliencia es conceptualizada desde una perspectiva enfocada en las soluciones, como un conjunto de habilidades conductuales (estilo de afrontamiento comportamental), motivacionales (búsqueda de soluciones y de reducción de la evitación) y cognitivas (esquemas, creencias centrales y procesamiento de la información).

Las estrategias van a incluir el uso de intervenciones tempranas a fines de promover un clima social y familiar positivos, la mejoría en el individuo de las estrategias de afrontamiento y resolución de problemas, el uso de habilidades sociales, la estimulación de la persona en la participación de actividades con otros pares y el trabajo en toma de decisiones. El apoyo terapéutico deberá centrarse en:

El desarrollo de la pertenencia a un grupo

El sentido de pertenencia se ha definido como un sentimiento de arraigo e identificación de un individuo con un grupo o con un ambiente determinado. Su existencia genera en la persona un compromiso con la construcción de significados que a la larga formarán parte de la memoria personal y del grupo al que se siente pertenecer. La participación en la construcción de esta memoria es activa y continua e implica un compromiso con desarrollo tanto personal como del grupo y del lugar (Brea, 2014).

Maslow (1954) coloca la pertenencia en el segundo escalafón de la pirámide de las necesidades humanas. Establece que cuando las necesidades psicológicas y de seguridad se satisfacen, emerge la necesidad de amor, afecto y pertenencia.

Se ha demostrado que el apoyo entre pares, puede disminuir el impacto negativo del estigma y la discriminación sobre la salud mental de las personas trans (Bockting et al 2011).

Desde el año 2005, funciona el Grupo de Atención a Personas Transgénero (GAPET) coordinado por el Dr. Adrián Helién en el Hospital Durand. Es el primer grupo interdisciplinario de atención a la salud integral trans que sostiene un paradigma despatologizador. Por otra parte, el 28 de julio del año 2017, se inaugura la ”Casa Trans” en la ciudad de Buenos Aires. Allí funcionan grupos de apoyo y pertenencia para hombres y mujeres trans.

Fomentar la aceptación y el acompañamiento del entorno familiar

El estigma asociado a la no conformidad de género con bastante frecuencia se aplica también a las parejas y a las familias de las personas trans (Kulick, 1998). Esto permite entender la razón por la cual una gran cantidad de jóvenes trans son expulsadas/os de sus casas o abandonan las mismas.

Cuando una persona trans empieza a expresar las primeras conductas de no conformidad con el género asignado pueden sucederse diversas reacciones en el entorno familiar. Algunas de estas puedan ser desaprobatorias. Este estigma impuesto por otras personas, puede generar sentimientos de culpa y vergüenza. Es por ello, que se debe trabajar con las familias a fin de fomentar una actitud de aceptación y acompañamiento.

Cuando trabajamos con infancias trans, debemos centrar nuestro accionar desde los diversos espacios en el desarrollo del empoderamiento de los padres. Para ello se debe educar para desnaturalizar creencias erróneas y mitos en torno a las personas trans. Así también, es conveniente revisar la historia de crianza y desarmar construcciones erróneas en torno a la paternidad y la maternidad para corregir la frecuente idea de que: “La crianza disfuncional causa que una persona no se identifique con su sexo asignado al nacimiento”. Por otra parte, desde el espacio terapéutico se debe trabajar dando soporte a los padres para la toma de decisiones.

Fomentar el apoyo familiar y social promueve la salud de personas trans

Según una investigación realizada en la Universidad de Washington con una cohorte de 73 niños y niñas trans de entre 7 a 13 años que habían recibido apoyo de sus familias y entornos en el proceso de transición social, se concluyó que los mismos presentaron niveles normales de depresión y solo una mínima elevación de los niveles de ansiedad (Olson, Durwood, De Meules, et all, 2016). Si bien, son necesarias más investigaciones, se puede indicar que fomentar el apoyo familiar y social promueve la salud de personas trans.

Prevenir la estigmatización en los entornos escolares y académicos

Las escuelas deben fomentar un clima escolar positivo e inclusivo a fin de permitir el desarrollo integral del alumnado trans. Para ello, deberán incluir  diversas medidas que apunten al conocimiento y respeto por la diversidad con el objetivo de desnaturalizar cualquier tipo de violencia y desarrollar prácticas educativas que apunten a la prevención de la transfobia.

De acuerdo con un estudio realizado en la ciudad de Buenos Aires (Berkins, 2008), el 64,4% de las personas trans encuestadas no presentaron ningún tipo de educación superior. Los factores que pueden contribuir a esta situación son: el estigma, la intimidación (bullying) y la falta de preparación de los sistemas educativos para hacer frente a las cuestiones de género y diversidad sexual.

En base a lo antes mencionado, es importante destacar que los sistemas educativos deberían trabajar para prevenir el estigma y el acoso a las personas trans. Al mejorar las condiciones del ambiente educativo, se podría evitar la deserción escolar y aumentaría la cantidad de personas que podrían culminar sus estudios.

El 64,4% de las personas trans encuestadas no presentaron ningún tipo de educación superior

En Buenos Aires, funciona el bachillerato popular Mocha Celis surgido en el año 2011. Posee un plan de estudios de 3 años que depende de la Dirección de Adultos y Adolescentes del Ministerio de Educación de la Ciudad de buenos Aires. Los egresados del mismo reciben el título de “Bachiller Perito Auxiliar en Desarrollo de las Comunidades”. Se crea a fines de dar una alternativa a la demanda de inclusión de la comunidad trans. A partir del año 2014 egresa la primer camada y hoy se constituye como un espacio “libre de discriminación, libre de sexismo y libre de estigmatización que incluye a personas de otros colectivos y de distintos sectores sociales”.

Consideraciones finales

En los últimos años se observa una tendencia creciente de desarrollos orientados a comprender e investigar las fortalezas y los recursos personales que promueven un mayor potencial de salud en las personas. Uno de los campos de investigación más destacados es el que se refiere a la resistencia al estrés (Calderón Prada, Espinosa Pezzia, & Techio, 2004; Jaramillo- Vélez, Ospina-Muñoz, Cabarcas-Iglesias & Humphreys, 2005; Manciaux, 2003; Omar, 2005), que se ocupa de investigar la capacidad de desarrollar competencias de afrontamiento efectivas.

Detrás de una persona trans, hay una narrativa que se inició a edad temprana y en la cual, en la mayoría de los casos, se ha enfrentado una vida de actitudes transfóbicas o de discriminación

Se ha demostrado que el apoyo entre pares y familiares sumado al orgullo por la propia identidad, pueden reducir el impacto negativo del estigma, el estrés y la discriminación sobre la salud mental de las personas trans (Bockting et al. 2011). A pesar de ello, está demostrado que las personas trans experimentan los niveles más bajos de apoyo de la familia y sus pares en comparación con otros segmentos de la población LGBT (Bockting et al., 2005).

Para fomentar el desarrollo saludable de las personas con identidades trans y el reconocimiento a las mismas como sujetos activos de derecho, se debe hacer énfasis en visibilizar sus historias desde la infancia. Detrás de una persona trans, hay una narrativa que se inició a edad temprana y en la cual, en la mayoría de los casos, se ha enfrentado una vida de actitudes transfóbicas o de discriminación.

Por todo lo antes mencionado, los profesionales de la salud deberán brindar un espacio inclusivo para las personas con identidades diversas y que no replique las adversidades que muchas de estas vivenciaron en sus historias personales. Uno de los principales factores que limitan el acceso a la atención de la salud de las personas trans es la falta de educación y formación de profesionales de la salud. El personal y los proveedores en cualquier ámbito de la atención deben estar capacitados y preparados para ser sensibles y respetuosos con las personas con identidades de género y expresiones diversas.

Esto podría ser parte de toda formación, y debe ser incluido en las capacitaciones y sensibilizaciones que se realicen. Se debe prestar especial atención al uso de los nombres y pronombres preferidos por las personas para así comunicar el respeto a la identidad de género de la persona que consulta. Es importante hacer énfasis en estos aspectos a fines de construir un sistema de salud que enfatice la importancia del trabajo con perspectiva de género y  en diversidad sexual y corporal.

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Nora Barqui

Nora Barqui es Licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Realizó diversas formaciones en terapia Cognitivo Comportamental de tercera ola y DBT en Fundación Foro. Actualmente se encuentra especializándose en Sexología Clínica en la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana. Se dedica a la atención clínica de niños, adolescentes y adultos en su consultorio particular y a la docencia.

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