La autoestima es un concepto que no sólo ha calado entre la mayoría de los psicólogos, sino que además, lo ha hecho en la cultura popular, siendo frecuente utilizarlo en conversaciones cotidianas y medios de comunicación de diferente índole.

La mayoría del trabajo terapéutico entorno a la idea de autoestima se fundamenta desde una perspectiva del autoconcepto del individuo de sí mismo en términos de aquellas características propias que juzgo como valiosas y positivas, es decir una percepción evaluativa de nosotros mismos.

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En función de que dicha evaluación sea positiva o negativa, hablaremos de una autoestima alta o baja, de ahí que muchos psicólogos trabajen esta área tan trascendental en torno a que el paciente identifique de manera más o menos endógena las áreas en las que dicha evaluación sale bien parada. Este concepto de autoestima, basada en los logros y en el resultado de la evaluación del propio autoconcepto, ha sido la que más ha calado entre los psicólogos, siendo quizás la más representativa la definición de Burns de “autoestima como percepción evaluativa de uno mismo”.

autoestima conceptualizada como autoevaluación en términos de logro, conlleva a una profunda inseguridad

Incluso, algunos autores hablan de una dimensión evaluativa basada en las percepciones de otros y en una dimensión evaluativa basada en las percepciones del propio sujeto. Son frecuentes tareas terapéuticas para el trabajo de la autoestima como “Haz una lista de aquellas cosas que valoras de ti” o “pregúntale a otros que valoran de ti”.

Estudios demuestran que esa búsqueda de autoestima conceptualizada como autoevaluación en términos de logro, conlleva a una profunda inseguridad, a la presión continua de la autoevalaución y el poder que le damos a los resultados de la misma, sometiéndonos a un verdadero maltrato a nosotros mismos que acaban provocando patologías asociadas a la ansiedad y a los síntomas depresivos, e incluso son factores claves en problemáticas tan graves como el Trastorno de Conducta Alimentaria o las adicciones.

Aunque se ha escrito extensamente de la importancia de la autoestima y su correlación con diversas problemáticas, cada vez más, nuevas investigaciones señalan avalados con resultados  que el juego de la autoestima entendida como autoevaluación lleva a problemas de autocrítica excesiva, ira, narcisismo, prejuicios, abstracción selectiva…

Dado que esta conceptualización de la autoestima es negativa y perniciosa, ¿cómo podemos plantearla para que sea beneficiosa para nuestros pacientes?

Si vamos al origen etimológico del término, autoestima hace referencia hacia “el amor con uno mismo”, si esto es así, entonces, ¿por qué planteamos la autoestima en términos evaluativos? Las relaciones de amor no se fundamentan en las características y competencias de las personas que establecen un vínculo afectivo y de apego entre ellas, sino a un interés genuino en el bienestar del otro y un deseo de compartir con este, a una ternuna que emana en nosotros hacia esa persona y conmovernos ante su dolor o aquello que acontece en su vida.

¿por qué planteamos la autoestima en términos evaluativos?

La autoestima real, debe fundamentarse en la misma idea, algo que ya plantearon los psicólogos humanistas, en especial Carl Rogers (“lo que soy bastaría si lo fuera honestamente”), Fritz Perls (que criticó duramente la evitación de los aspectos no “agradables” de uno mismo y evitarlos compensándola focalizándonos en los aspectos positivos así como depender de la alabanza de otros para decidir cómo sentirnos con nosotros mismos) o Abraham Maslow (que planteaba la autoestima en termino de congruencia y autorrealización personal, no de autovalía), que postularon la autoestima como una verdadera relación de amor con uno mismo, en la que el individuo se responsabiliza de sus propias necesidades y limitaciones, y se conmueve en un contacto genuino y honesto consigo mismo, conmoviéndose por su propio dolor y aceptando sin juzgarse, incondicionalmente, a sí mismo en términos globales, y no en una serie de variables o competencias.

Las relaciones de amor con otros, de apego seguro, siempre incluyen ese componente de incondicionalidad y de interés genuino, de vibrar con el otro, más allá de su evaluación. Amar a una persona, ya sea a uno mismo o a otros, va más allá de aquello que nos aporta o de sus fortalezas o debilidades. Amar a otro es sobre todo una voluntad, una decisión, no una cuestión de un balance argumentativo entre cosas favorables y desfavorables del ser amado. Los padres, cuando sus hijos nacen, no poseen motivos para amarlos, sin embargo, deciden hacerlo. La autoestima, tiene que ser por tanto una relación real de amor con uno mismo, una decisión de honestidad con el propio ser ante un contacto con nosotros mismos más allá de valoraciones basadas en logros y factores meritocráticos.

Pero no sólo desde la psicoterapia humanista se ha criticado esta conceptualización de la autoestima. Son reconocidas las figuras de renombre que han criticado abiertamente dicho planteamiento, Albert Ellis, uno de los padres de la terapia cognitivo-conductual ha sido de los más críticos con este concepto, atacándola en diversas ocasiones y escritos: “’Autoaceptación’ quiere decir que la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no le conceden su aprobación, su respeto y su amo

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Ellis planteó la irracionalidad existente en la propia autoevaluación en lugar de la propia aceptación de su existencia “como existo, prefiero seguir vivo y mientras lo esté, prefiero ser feliz”.

Amar a otro es sobre todo una voluntad, una decisión, no una cuestión de un balance argumentativo entre cosas favorables y desfavorables del ser amado

Diferentes tipos de terapia no humanistas, desde el mindfullness, la terapia cognitivo constructivista o la terapia racional emotiva comienzan a abarcar (o ya lo hacían y lo han potenciado) la idea de “autocompasión” como término sustitutivo a la autoestima. Desde el psicoanálisis se plantea también que esta visión de la autoestima es poco más que un culto al ego del individuo y las problemáticas que esto genera, así como lo aleja del apego real, de la relación vincular segura auténtica y saludable.

Otros autores como korzybski, autor de la semántica general, una teoría que ha influido enormente en la Terapia Racional Emotiva, la Terapia Gestalt o la Programación Neuro Lingüística (PNL) ha criticado también enormemente dicha visión de la autoestima.

Kristin Neff, una de las investigadoras de referencia en la autocompasión, plantea que es absurdo poner el foco en nuestras fortalezas y virtudes, ya que sólo fomenta lo pernicioso de una cultura meritocrática basada en proyectar una imagen falsa de nosotros mismos en la que solo evidenciamos nuestros aspectos positivos, y que, simplemente desde un criterio estadístico, es absolutamente irracional pretender ser los mejores o destacar notoriamente en algo. Por muy bien que hagas algo, siempre habrá alguien que lo hará mejor, o sólo podrás mantener un alto nivel durante un tiempo limitado, aunque sólo sea por el deterioro biológico.

Como conclusión plantear que la verdadera autoestima, es una relación saludable con uno mismo, entendida sobre todo desde la idea de incondicionalidad, en la que somos capaces de amarnos por un acto de voluntad y porque nos conmueve y provoca algo nuestras propias vivencias de forma genuina, más allá de una lista de argumentos a favor o en contra del hecho de amarnos. Desde mi punto de vista, ¿No es fácil querer aquello que es válido y bueno en nosotros mismos? El verdadero amor es aquel que proviene del hecho de estar dispuestos a mirarnos honestamente, sin tener que tapar la parte disfuncional de nosotros mismo, sino también abrazar a dicha parte y conmovernos con ella. Estar dispuestos a sufrir por nosotros mismos es uno de los grandes actos de amor, y el amor, no es un concepto, es una relación que se construye con cada cosa que hacemos. Ya plantee esta idea en mi artículo “Heridas y Calmantes”.

En la próxima entrada hablaré en una entrada sobre qué alternativas más efectivas y saludables existen a la idea de autoestima, como la autocompasión, la aceptación, la congruencia o la responsabilización ante las propias limitaciones.

Artículo previamente publicado en Aprende Viendo Terapia y cedido para su publicación en Psyciencia.

Sobre el autor: Buenaventura del Charco Olea es terapeuta especializado en Terapia Gestalt y es el director de Aprende Viendo Terapia, la reconocida insititución española en el entrenamiento de terapeutas a nivel presencial y a distancia.

Artículo recomendado: ¿Es la autocompasión más importante que la autoestima?

Bibliografia

Alfred Korzybski: Collected Writings, 1920–1950.  M. Editor Kending. P. 425.

Barrett-Lennard, G. T. (1998). Carl Rogers’ helping system: Journey & substance. Sage.

Blatt, S. (1982) “Dependency and self criticism: Psychological dimensions os depression” Journal of Consulting and Clinical Psychology. 50, pags 113.124

Crocker, J. Park, L. (2004) “The Costly Pursuit of Self-Esteem”. Psycological Bulletin. 130, pags 392-414.

Ellis, A. y Blau, S. (comp.) (2000) Vivir en una sociedad irracional. Paidos.

Ellis, A. (2001). Feeling better, getting better, staying better. Impact Publishers.

Ellis, A. (2005) The Myth of Self-esteem.

José-Vicente Bonet. (1997) Sé amigo de ti mismo: manual de autoestima. Ed. Sal Terrae. Maliaño (Cantabria, España).

Jeniffer Crocker  y Kristin D. Neff (2003) Self-Compassion: an alaternative conceptualization of a Healthy Attitude toward oneself” Self and Intity 2. Pags. 85-102

Maslow, A. H. (1973). On dominance, self-esteem, and self-actualization. Maurice Bassett.

Perls, F. (1987). Sueños y existencia (Gestalt Therapy Verbatim). Cuatro vientos.

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