La investigación de la emoción no fue considerada una empresa importante para los científicos de inicio del siglo XX y mediados del mismo, dificultando el avance en la comprensión de dicho acontecimiento, gracias a la creencia arraigada de que no se podían investigar de manera objetiva.

Empero, esto no significa que no hayan existido personas que las vieron como tema relevante para la ciencia o para la mejor comprensión de aquellos eventos “mentales”. Estas investigaciones, presentaron sus sesgos peculiares producto de las tendencias dominantes de cada época; no hay más que echar un vistazo retrospectivo para contemplar cómo desde la filosofía de los clásicos griegos hasta nuestros días las concepciones acerca de la emoción no son sino la manifestación de las distintas escuelas, orientaciones y planteamientos vigentes en ese momento. Estos investigadores, aunque respondían a la pregunta ¿qué es la emoción? Estaban muy influenciados por los sesgos de su época, generando definiciones que iban desde teorización general acerca de la mente (filosofía) hasta los mecanismos de adaptación general (psicología), probablemente muchas de las cuales solo fueron doxas.

Lyons afirma que “Las definiciones de la emoción no son más que modelos funcionales expresados en palabras, y es difícil concebir cómo alguien podría llegar muy lejos sin intentar formularlas”, dándonos a entender, que primero debemos iniciar por el proceso de definición de la emoción antes de emprender una investigación seria sobre esta. Sin embargo, surge un gran problema, como mencione en el anterior párrafo, han existido infinidades de definiciones las cuales algunas han sido acertadas y otras no tanto.

“Las definiciones de la emoción no son más que modelos funcionales expresados en palabras, y es difícil concebir cómo alguien podría llegar muy lejos sin intentar formularlas”

Pongamos en contexto, Fantino en 1973 recopiló hasta 11 definiciones; Plutchik en 1980 encuentra 28 definiciones, poniendo de relieve la poca consistencia entre ellas; Kleinginna y Kleinginna en 1981 recopilaron hasta 101 definiciones. Este número abismal de definiciones ha causado un gran problema y es que no se logra vislumbrar afinidades entre estas que aporten a la ciencia de la conducta.

En general, algunas definiciones acentúan los aspectos conductuales, otras los aspectos fisiológicos; algunas son más descriptivas, otras mucho más vagas y ambiguas; algunas plantean el carácter adaptativo, otras los efectos desorganizadores. Esta información en muchos de los casos es inservible e incompleta.

¿Qué es la emoción?

Las diferentes definiciones sobre la emoción se han enfocado en aquellos aspectos que son beneficiosos para el investigador, así los investigadores centrados en los aspectos cognitivos acentúan la importancia de los pensamientos, evaluaciones y valoraciones para definir la emoción; los orientados hacia los aspectos fisiológicos resaltan la relevancia de los cambios y reacciones fisiológicas en sus definiciones, mientras que los que están interesados en los aspectos conductuales focalizan sus esfuerzos en las características expresivas y motoras de las conductas emocionales. Un ejemplo de la complejidad en la definición de la emoción reflejado en los trabajos de algunos autores:

Lewis, Rosenblum, Sullivan y Michalson, dice que la emoción consta de cinco componentes esenciales, los cuales son:

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Elicitadores emocionales: los cuales son cualquier estímulo o situación que activen los receptores emocionales. Estos pueden ser exógenos o endógenos, capacidad para provocar respuestas emocionales puede ser innata o aprendida.

Receptores emocionales: son los núcleos o vías del SNC implicados en los cambios fisiológicos y/o cognitivos. Estos procesos mediante los que ejercen su acción los receptores emocionales pueden ser innatos o adquiridos a través de la experiencia.

Estados emocionales: son cambios en la actividad somática y neural que acompaña a la activación de los receptores emocionales; suelen ser específicos y pasajeros.

Expresiones emocionales; características superficiales, potencialmente observables, de la cara, la voz, el cuerpo y la actividad corporal general, que suelen acompañar a los estados emocionales.

Experiencia emocional: los procesos perceptivos, interpretativos y evaluativos, tanto conscientes como inconscientes, que realiza el sujeto acerca de su propio estado y expresiones emocionales:

  • Evaluación de una situación antecedente o cambios fisiológicos. o expresión motora.
  • Efectos motivadores con tendencias hacia la acción o sentimiento subjetivo.

Si observamos detenidamente estas dos formas de concebir a la emoción, nos daremos cuenta de que ambos autores la observan como un resultado originado por un estímulo interno y/o externo que implica un cambio en el organismo. Sin embargo, esto no es suficiente para definir la emoción, ya que, aunque haya una existencia necesaria de cambios para hablar de emoción, no nos reflejan la coincidencia en el número y tipo de cambios necesarios que licitan la emoción.

Cambios para hablar de emoción

Para hablar de emoción es necesarios que se produzcan cambios en un organismo. Eso ya lo tenemos claro, pero este punto es de los que mayor polémica han generado entre los investigadores, pues estos no se ponen de acuerdo para establecer el número de cambios necesarios en un organismo para que se produzca una emoción. Existen un sin número de autores que toman como principal referencia a James y afirman que el término emoción podría ser restringido a un único cambio, localizado éste en la toma de conciencia, o sentimiento consciente, de que se ha producido una variación en el estado, haciéndolo equivalente al sentimiento o experiencia subjetiva. Como señalaremos posteriormente, no es posible hacer sinónimos un concepto la emoción y una dimensión o componente del concepto la experiencia subjetiva. Otros autores, como Izard, plantean que una emoción se puede producir a causa de cambios localizados en procesos neurales, afectivos o cognitivos. Bajo esta consideración, parece claro que las emociones pueden ocurrir como una función directa de los procesos neuroquímicos y afectivos, independientemente de los procesos cognitivos.

La existencia de cambios en diversos componentes, enfatizan la idea de que todos esos cambios son necesarios para que ocurra una emoción. Pero entre estos componentes se suele hacer referencia a la denominada “tríada de respuesta”, conformada por la activación fisiológica, la expresión motora y el sentimiento o experiencia subjetiva, cambios todos ellos necesarios para hablar de emoción. No obstante, algunos autores incluyen los factores motivacionales, tales como las tendencias de acción, y los procesos cognitivos implicados en la evaluación y valoración del estímulo entre los componentes necesarios del proceso emocional (Frijda, 1987; Buck, 1993). Creemos que, aunque con mucha probabilidad todos estos componentes sufren cambios cuando ocurre un proceso emocional, no todos ellos pueden ser considerados como cambios necesarios, y mucho menos suficientes, para hablar de ocurrencia de una emoción. Sirva, a modo de ejemplo, el componente expresivo, el cual no es ni necesario ni suficiente para hablar de emoción.

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Factor endógeno y exógeno

Estímulos que posean alguna peculiaridad resultan relevantes para el organismo. Este énfasis en las peculiaridades de los estímulos ha llevado a que algunos autores se refieran a las emociones en términos de detectores de la relevancia, los cuales, en última instancia, requieren de un proceso de valoración acerca de la significación de ese estímulo para el equilibrio del organismo. Siempre y cuando estos procedan de ámbitos externos o internos, los cuales tendrán una valoración de la relevancia.

Como conclusión podemos señalar que la emoción es un proceso adaptativo que forma parte de los procesos afectivos. Es decir, si bien toda emoción puede ser considerada como una forma de proceso afectivo, no todos los procesos afectivos son procesos emocionales. Además, que es un proceso multidimensional. Existen tres términos que son importantes en el proceso emocional los cuales son: afecto, posee tono o valencia, que puede ser positiva o negativa, e intensidad, que puede ser baja o alta; humor, es una forma específica del conjunto de los procesos afectivos. También implica la existencia de tono e intensidad. El humor, denota la existencia de un conjunto de creencias acerca de la probabilidad que tiene el sujeto de experimentar placer o dolor, presenta mayor duración que el afecto; Sentimiento, es la toma de conciencia respecto a la ocurrencia de una emoción. Cuando la emoción es considerada como proceso, y así tiene que ser considerada, el sentimiento es una fase o etapa en dicho proceso.

Referencias bibliográficas:

Lyons, W. (1993). Emoción. Barcelona: Anthropos.

Plutchik, R. (1980), Emotion: Theory, research, and experience: Vol. 1. Theories of emotion, 1, New York: Academic.

Kleinginna y Kleinginna, 1981 P.R. Kleinginna Jr., A.M. Kleinginna A categorized list of emotion definitions, with suggestions for a consensual definition. Motivation and emotion,, 5 (4) (1981), pp. 263-291.

Gardner, 1985 R.C. Gardner Social psychology and second language learning: The role of attitudes and motivation London:

Edward Arnold (1985) Appraisal Theories of Emotion: State of the Art and Future Development Agnes.

Moors, Phoebe C. Ellsworth, Klaus R. Scherer, and Nico H. Frijda Emotion Review Vol 5, Issue 2, pp. 119 – 124 First Published March 20, 2013

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