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En Psyciencia hemos dedicado varios artículos al suicidio. Así, por ejemplo, hablamos de las profesiones con mayor riesgo de suicidio, y sobre la relevancia de tocar el tema del suicidio en psicoterapia, entre otras cosas. El suicidio está dentro de las 10 causas principales de muerte entre las mujeres de mediana edad en Estados Unidos.

Según un nuevo análisis de los datos del Estudio de Salud de Enfermeras, las mujeres que estaban socialmente bien integradas tenían un riesgo menor de cometer suicidio. Este análisis fue publicado online en un artículo de JAMA Psychiatry. La mayor parte del trabajo de campo hace hincapié en los determinantes psiquiátricos, psicológicos o biológicos del suicidio.

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La parte social siempre ha sido el vínculo más débil de este paradigma y necesita dinamización

El Dr. Alexander C. Tsai, del Hospital General de Massachusetts, Boston, y los coautores estimaron la asociación entre la integración social y el suicidio usando datos de 72607 enfermeras de entre 46 y 71 años de edad, que fueron encuestadas sobre sus relaciones sociales desde el año 1992 con un seguimiento hasta la muerte o hasta junio de 2010. El grado de integración social fue medido en un índice de siete ítems que incluyeron preguntas sobre el estado civil, el tamaño de su red social, la frecuencia de contacto con sus lazos sociales, y la participación en grupos religiosos u otros grupos sociales.

La mayoría de las participantes del estudio (31071 de 72607) fueron clasificadas en la categoría más alta de integración social. Las mujeres socialmente aisladas o que estaban menos integradas socialmente tenían más probabilidades de ser trabajadoras a tiempo completo, eran menos activas físicamente, consumían más alcohol y cafeína, y tenían más probabilidades de ser fumadoras que las mujeres socialmente integradas.

En total, hubieron 43 suicidios desde 1992 hasta 2010, y los medios más frecuentes de suicidio fueron el envenenamiento con sustancias líquidas o sólidas (21 suicidios), seguido por armas de fuego y explosivos (8 suicidios) y estrangulación y sofocación (6 suicidios).

“Intervenciones dirigidas al fortalecimiento de estructuras de redes sociales existentes, o a crear nuevas, podrían ser valiosas herramientas programáticas en la prevención primaria del suicidio”

Los autores encontraron que el riesgo de suicidio era menor entre las mujeres en las dos categorías más altas de integración social. Niveles crecientes o constantemente altos de integración social también fueron asociados con menor riesgo de suicidio. “Intervenciones dirigidas al fortalecimiento de estructuras de redes sociales existentes, o a crear nuevas, podrían ser valiosas herramientas programáticas en la prevención primaria del suicidio,” concluye el estudio.

En un artículo relacionado, el Dr. Eric D. Caine, de la Universidad del Centro Médico Rochester, Rochester, New York, escribe:

“La larga tradición de investigación sociológica dedicada al suicidio, o que explora las influencias que contribuyen a los desórdenes mentales, nos desafía a desarrollar nuevos y más matizados diseños que verdaderamente dirijan lo ‘social’ en el modelo médico biopsicosocial, así como nosotros hemos estado mejorando la profundidad y amplitud de la ‘bioinvestigación.’ La parte social siempre ha sido el vínculo más débil de este paradigma y necesita dinamización. Igual de importante, ya sabemos – en términos generales – [son] los efectos positivos y perjudiciales de las fuerzas y factores sociales en el desarrollo y la evolución de las condiciones basadas en el comportamiento y las emociones. Como las enfermedades del corazón hace 50 años atrás, no necesitamos tener certeza absoluta sobre los mecanismos de acción para empezar a probar e implementar intervenciones preventivas esenciales y dirigidas en términos generales.”

Fuente: ScienceDaily