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Desde hace tres años venimos publicado la creciente preocupación científica a causa del abuso de las prescripciones de psicofármacos ante cualquier trastorno mental sin antes probar con otras intervenciones menos riesgosas e igual o más efectivas. La mayoría de las publicaciones alertando sobre esto se han concentrado en los adolescentes y adultos porque los datos son más fáciles de encontrar y comparar; poco se sabe de su consumo en niños pequeños.

Alan Schwarz, periodista del prestigioso New York Times, publicó hace unos días un comprensivo reportaje sobre el alarmante incremento de la prescripción de antipsicóticos y psicotrópicos a niños menores de 2 años, que no han sido aprobados para esas edades. Su trabajo nos abre los ojos ante la falta de controles médicos que propician que recetar antipsicóticos a niños pequeños se convierta en una rápida tendencia.

Sintentizaré y comentaré algunas de las partes más importantes del artículo para aquellos que no leen en inglés. Si lees inglés te recomiendo que pases directamente al artículo de Schwarz titulado: Still in a crib, yet given antipsychotics.

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Andrew Rios es un niño de cuatro años que sufre de epilepsia y que recibió a los 18 meses de edad prescripciones de Risperdal – un antipsicótico utilizado para tratar la esquizofrenia y el trastorno bipolar – en un intento de su psiquiatra por controlar las conductas violentas que tenía. Pero el antipsicótico provocó terribles efectos secundarios que solo empeoraron más su situación.

“Fue como: ‘toma esto, no es gran cosa’, como si fueran Tic Tacs,” dijo Genesis Rios, la madre de Andrew, “Él era sólo un bebé.”

Los datos obtenidos por Schwarz en el IMS Health de Estados Unidos, reportan que durante el año 2014 se recetaron cerca de 20.000 prescripciones de Risperidona (comúnmente conocida como Risperdal), Quatipina (Seroquel) y otros antipsicóticos, a niños menores de 2 años. El Prozac (fluoxetina), el antidepresivo más popular del mundo, tuvo 83.000 prescripciones para el mismo grupo etario. Esos son los datos sobre las prescripciones, pero no se sabe con exactitud cuántos niños recibieron en realidad los psicofármacos. Estudios previos sugieren que son cerca de 10.000 niños.

Tampoco se sabe para qué trastornos fueron recetados estos psicofármacos, porque los psiquiatras tienen libertad para recetar cualquier psicofármaco para cualquier propósito que ellos consideren adecuado, lo que significa, según Schwarz, que pueden utilizar fármacos que no han sido del todo aprobados o que son altamente cuestionados.

Lo más alarmante es que todo indica que no se trata casos aislados y que la prescripción de psicofármacos a niños pequeños es una tendencia en aumento.

Schwarz entrevistó a una docena de psiquiatras infantiles y neurólogos en busca de una explicación. Los médicos no pudieron ofrecerle respuestas certeras, pero creen que los padres y psiquiatras están tan desesperados por aliviar el sufrimiento de las familias y de los niños que recurren a la principal herramienta que tienen: el recetario.  

Pero el riesgo es muy alto. La psiquiatra infantil Mary Margaret Gleason, explicó a Schwarz en una entrevista, que el cerebro de los niños menores de 2 años se desarrolla muy rápido y de maneras que todavía no entendemos, y los psicofármacos pueden afectar profundamente ese crecimiento.

La otra parte del problema es que los psiquiatras están diagnosticando a los niños desde muy pequeños. Datos de la CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades, de Estados Unidos) estiman que durante el 2014 se diagnosticó a 10.000 niños, que tenían entre 2 y 3 años, con el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Pero a esa edad las clasificaciones diagnósticas son difícilmente aplicables ya que la conducta de los niños no se pueden categorizar rígidamente.

Genesis Rios, la madre de Andrew, explicó que la psiquiatra le recetó Risperdal para aliviar las conductas agresivas: empujaba a sus hermanos y destrozaba los juguetes cuando recibía felbamato, su medicación para la epilepsia. Pero los síntomas empeoraron con el Risperdal: empezó a gritar cuando dormía y alucinaba. Cuatro meses después su madre eliminó el Risperdal.

The New York Times | Andrew Ríos, de 4 años, quien utiliza un casco debido a que padece de epilepsia, en su casa en Rancho Domínguez, California
The New York Times | Andrew Ríos, de 4 años, quien utiliza un casco debido a que padece de epilepsia, en su casa en Rancho Domínguez, California

Schwarz explica que el uso de Risperdal en niños ha sido muy cuestionado porque se ha encontrado faltas graves en la práctica ética de algunos psiquiatras que reportan efectos positivos en esta población, en favor de la industria farmacéutica que los patrocina.

Existen intervenciones conductuales para estos problemas sin los efectos secundarios de los fármacos, explica la doctora Thronick. Es necesario evaluar qué es lo que está generando estrés o frustración en el niño y en la familia. Pero estos planes requieren tiempo y dinero, y los médicos y padres están más dispuestos a buscar el medicamento que las intervenciones conductuales.

Todo lo presentado por Schwarz está respaldado por datos de instituciones de salud de Estados Unidos. No son inventos ni exageraciones. Su artículo nos abre los ojos a una realidad que está sucediendo en este momento con terribles consecuencias a nivel conductual y cerebral. Su artículo también nos ayuda a que nos preguntemos cómo están las cosas por nuestros países y qué debemos hacer para evitar que esto se vuelva una tendencia (si no lo es ya).  

Los psicólogos y psiquiatras deben estar dispuestos a participar en debates abiertos, honestos, que permitan ofrecer tratamientos basados en la evidencia que se adecuen a las necesidades específicas de la población infantil y adulta. Tenemos que unirnos en un solo movimiento que permita ofrecer ayuda idónea a la población, pero esto no lo podemos hacer si cada profesional elige el tratamiento que más le gusta o con el que se siente cómodo. No es cuestión de preferencias sino de evidencia. Y la evidencia está del lado de los planes e intervenciones conductuales. Los psicofármacos no deben ser la primera opción.

Nota: este es un artículo dirigido principalmente a psicólogos; si estás tomando medicación no la dejes ni la cambies sin consultar antes a tu psiquiatra. Preguntale qué puedes esperar de la medicación, los efectos secundarios y las mejores opciones alternativas disponibles para tu caso, pero ten en cuenta que la decisión de medicar o no se basa en el criterio clínico según la mejor evidencia disponible (idealmente, al menos), y tu caso en particular.

Fuente: The New York Times