El temor que experimentamos los adultos ante esta situación hace que en ocasiones elijamos ocultar y/o callar. Nos apoyamos en el posible impacto o en la dificultad que creemos que tienen los niños para procesar la muerte de un ser querido. Por eso acabamos dando explicaciones erróneas que sólo van a llevar al niño a una confusión mayor, la cual, unida al dolor de la experiencia, puede generar complicaciones y quizá un duelo patológico que necesite de intervención.

Es habitual tratar de proteger a los niños. Creemos que protegiéndolos de la muerte les ahorramos sufrimiento, pero es todo lo contrario: los apartamos de un evento fundamenta! en sus vidas y es imposible evitarles todo el dolor. De hecho, si los niños crecen sin exponerse al sufrimiento, serán más propensos a la frustración y no desarrollarán las habilidades necesarias para afrontar eventos a los que seguramente deberán enfrentarse cuando alcancen la edad adulta.

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Los niños y los adolescentes sufren la muerte de sus seres queridos, sienten y se cuestionan muchas cosas: sus preguntas, temores, comportamientos, inquietudes y dolor han de sér atendidos, escuchados y cuidados. A menudo el adulto no está preparado o no tiene conocimientos suficientes para ofrecer esta atención con calidad, de ahí la importancia de abordar este tema. No podemos esconder la cabeza y hacer como si nada hubiera pasado, o dejar que “el tiempo ponga las cosas en su sitio”.

En los momentos en que tratamos de hablar y de atender a los niños y adolescentes tras el fallecimiento de una persona de su entorno, es cuando nos surgen muchas dudas sobre cómo abordar múltiples cuestiones que se plantean o se van a plantear:

“¿Cómo se lo cuento? ¿Entienden lo que es la muerte? ¿Es mejor que sepa o que no sepa? ¿Los niños están en duelo? ¿Lo vive igual un adolescente que un niño de diez años o uno de cinco? Deben vernos llorar” ¿Qué se puede hacer en el aula? ¿Se lo cuento a mi hijo discapacitado? ¿Cómo puedo prepararle? ¿Le traumatizaré?”.

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Esta guía trata de dar respuesta a alguna de estas cuestiones, con el fin de ofrecer a los adultos recursos y herramientas que les permitan abordar esta situación con confianza y decisión.

De nuestras explicaciones sobre la muerte dependerá la forma en que los niños vivan su primer duelo, que suele marcar las demás experiencias de pérdida que sufrirán y, especialmente, las experiencias de muerte que se encuentren. Sobre este último aspecto, estaremos de acuerdo en que a lo largo de la vida se producen muchas pérdidas: algunas más centrales y vitales que otras, pero todas son significativas de un modo u otro.

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