Las principales partes del cerebro: Un viaje al centro del control cerebral
Clara Angela Brascia para el diario El país:
La soledad no deseada tiene muchas consecuencias en la vida de las personas. Numerosos estudios han demostrado que la falta de compañía es perjudicial para la salud, tanto que en algunos casos incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades que aumentan alrededor de un 30% el riesgo de mortalidad. Una investigación reciente publicada en la revista Jama Neurology evidencia una correlación más con una enfermedad degenerativa que al día de hoy sigue sin tener cura: el párkinson.
Estupendo artículo de Iolanda Riba para El País:
Sí, los ictus se pueden prevenir en parte. El ictus se produce por un fallo en la circulación sanguínea cerebral. Los clasificamos en dos tipos: isquémicos y hemorrágicos. El ictus isquémico se produce por una oclusión del paso de la sangre, generalmente hay un trombo que ocluye (tapona) una arteria cerebral. Y eso desencadena una serie de mecanismos fisiopatológicos que llevan a la muerte de las células que deberían recibir esa circulación sanguínea. Este es el más frecuente. Aproximadamente el 80% de los ictus son de causa isquémica.
El ictus hemorrágico supone el restante 20% de los casos y es cuando se produce una rotura en un vaso de una arteria cerebral. En este caso aparecen también algunos mecanismos fisiopatológicos que, como ocurre con el ictus isquémico, acaban causando la muerte de las células cerebrales que debían recibir esa sangre.
Daniel Mediavilla para El País:
El primero de estos trabajos, liderado desde la Universidad Stanford, tuvo como paciente a Pat Bennet, una mujer de 68 años que fue diagnosticada con ELA (esclerosis lateral amiotrófica) en 2012. De las distintas manifestaciones de la enfermedad, a Bennet le tocó una versión que le ha permitido seguir moviéndose, aunque con creciente dificultad, pero le arrebató el habla. Aunque su cerebro no tiene dañada la capacidad para generar el lenguaje, los músculos de sus labios, su lengua, su laringe o su mandíbula no le dejan decir nada.
Ese problema fue resuelto, al menos en parte, a partir de dos sensores —menores que una uña— implantados en su cerebro, para recoger señales de neuronas individuales en dos regiones asociadas al lenguaje: la corteza premotora ventral y el área de Broca (esta última no resultó útil para el objetivo de los investigadores). Los investigadores usaron esos implantes neurales y un software para relacionar las señales cerebrales y los intentos de pronunciar palabras de Bennet. Tras cuatro meses de aprendizaje, el sistema combinó toda esta información con un modelo de lenguaje informático que hizo posible que la paciente produjese frases a 62 palabras por minuto. La cifra es algo menos de la mitad de velocidad del habla normal, y cuando se utilizaba un vocabulario de más de 100.000 palabras se producía un error por cada cuatro palabras pronunciadas, pero los resultados son tres veces mejores que los sistemas de comunicación similares que se habían probado hasta ahora.
Increíble. No puedo imaginar la alegría y satisfacción del equipo de investigadores y de la persona al recuperar la capacidad de comunicarse verbalmente.
Julia Diez para El País:
Los datos más recientes de ESTUDES confirman que tenemos un problema de salud pública. Las bebidas energéticas son aquellas con un alto contenido en cafeína y azúcar (sus dos ingredientes principales), y otros estimulantes. Tienen un valor nutricional prácticamente nulo. Una lata de 250 mililitros de la marca líder del sector contiene 80 miligramos de cafeína. Siguiendo las recomendaciones de la EFSA sobre la ingesta segura de cafeína, la cantidad máxima no debería superar los 3 miligramos por kilo de peso de una persona. Es decir, 150 miligramos para un adolescente de 50 kilos. Cada lata de Monster de 500 mililitros ya contiene 160 miligramos y supera esa cantidad.
En relación con la cantidad de azúcares, las bebidas energéticas suelen aportar entre 27,5 y 60 gramos por cada 250 mililitros y 500 mililitros, respectivamente. O lo que es lo mismo: el equivalente a 11-12 cucharaditas de azúcar, o a unas 220-240 kilocalorías, por cada envase de 500 mililitros. De hecho, la mayoría de las marcas ya ha sacado opciones light, zero o sin para reducir estas cantidades de azúcar y sustituirlas por edulcorantes.
Pese a sus energizantes promesas, tampoco se ha probado que el resto de sus componentes tenga ningún beneficio. Sin embargo, la mayoría de los estudios lo que sí concluyen es que consumo de estas bebidas (sobre todo en grandes cantidades o mezcladas con alcohol) tiene efectos negativos en la salud física y mental. Por ejemplo, riesgos cardiovasculares y neurológicos, problemas psicológicos o alteraciones del comportamiento y del sueño. Volviendo a los datos de España, quienes declaran tomar estas bebidas sacan, de media, peores notas, repiten más cursos o faltan más a clase, en comparación con quienes reportan no tomar bebidas energéticas.
Numerosas investigaciones realizadas en todo el mundo sugieren que ser futbolista profesional supone un mayor riesgo de desarrollar demencia o ciertas enfermedades neurodegenerativas. Uno de los estudios más recientes, realizado en población española, ha sido liderado por investigadores del Clínic-IDIBAPS. Los resultados del mismo indican que ser futbolista profesional predispone a sufrir el trastorno del sueño REM y, posteriormente, puede evolucionar hacia la demencia. El estudio concluye que, entre las personas con este tipo de trastorno de sueño, hay un porcentaje mayor de futbolistas profesionales, respecto a la población general.
¿Por qué?
La explicación de este fenómeno es que la exposición repetida a impactos en la cabeza en deportes de contacto puede llevar a la pérdida neuronal progresiva o a la acumulación de depósitos de proteína alfa-sinucleína. Esto podría explicar por qué los atletas profesionales en deportes como el fútbol pueden desarrollar diferentes tipos de enfermedades neurodegenerativas décadas después de retirarse. Un estudio analizó los comportamientos de pacientes con trastornos del sueño REM en un centro de neurología entre 1994 y 2022 para determinar cuántos de ellos habían sido jugadores de fútbol profesional.
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