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La idea de que las personas con enfermedades mentales son “genios creativos con problemas” es bastante popular. Muchas veces los libros o las películas nos presentan personajes que, estando atrapados en una psicosis, se expresan de manera majestuosamente artística. También es popular la idea de que cualquier tratamiento aniquila, poco a poco, aquella creatividad que prácticamente es entendida como realización personal, y que los hace tan inspiradores. Esto nos deja pensando en que la razón de ser de su creatividad es la psicosis en sí misma, y que sin ésta probablemente sus vidas no tendrían sentido. Pero, ¿existe realmente ese vínculo entre creatividad y enfermedades mentales? ¿Qué fundamento científico tienen estas ideas?

Según un nuevo estudio publicado en Nature Neuroscience, las variaciones genéticas que pueden, colectivamente, incrementar el riesgo de una persona de ser diagnosticada con esquizofrenia o trastorno bipolar, también pueden ser usadas para predecir la creatividad. Los investigadores de este estudio dicen que, hasta ahora, este es el argumento más fuerte sobre la raíz común entre la psicosis y la creatividad. Pero la correlación hallada en este estudio en particular no es muy fuerte, según argumentan algunos investigadores. Y sin una definición apropiada de creatividad, decir que tal relación existe podría hacer más daño que bien.

En el estudio, los investigadores de la compañía biofarmacéutica Decode Genetics analizaron datos médicos y genéticos de 86000 personas en Islandia. Encontraron que ciertas variantes genéticas, cuando se combinan, pueden ser usadas para predecir el trastorno bipolar o la esquizofrenia. Luego, los investigadores vieron estas variantes en más de 1000 personas que trabajan en “ocupaciones creativas” en Islandia – entendiendo esto como personas que pertenecen a sociedades nacionales de artistas visuales, bailarines, músicos, escritores y actores.

El análisis mostró que las personas que pertenecían a las sociedades artísticas eran más propensas a presentar variantes que incrementan el riesgo de una persona de desarrollar trastorno bipolar o esquizofrenia, en comparación con personas con otras ocupaciones. Y cuando los investigadores replicaron el estudio usando datos de cuatro estudios llevados a cabo en Suecia y Países Bajos, encontraron resultados similares.

Los investigadores notaron que estos resultados en particular no pueden ser explicados por el coeficiente intelectual, la educación o que tan cerca un participante del estudio estaba relacionado a una persona diagnosticada con cualquier enfermedad mental. “Lo que hemos mostrado es básicamente que la esquizofrenia y la creatividad comparten biología,” dice el neurólogo Kari Stefánsson, CEO de Decode Genetics y coautor del estudio.

El poder predictivo de los hallazgos es limitado

Pero, el incremento en el riesgo puede ser un poco engañoso. Juntas, las variantes usadas en el estudio solo explican cerca del 6% de esquizofrenia y el 1% de trastorno bipolar, según un gráfico del estudio. Y estas mismas variantes solo explican cerca de un cuarto del 1% de las habilidades artísticas. David Cutler, un genetista poblacional de la Universidad de Emory, que no participó del estudio sostiene que el vínculo es sorprendentemente débil.

Roel Ophoff, un genetista humano de la Universidad de California-Los Angeles, está de acuerdo y considera que «las correlaciones reportadas son diminutas.» » Esto significa que el poder predictivo de los hallazgos es limitado,» según le dijo a Genetic Expert News Service.

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Una definición apropiada de Creatividad

Otra cuestión a tener en cuenta es que, incluso en la parte en que es relevante, hay que contar con una muy buena definición de creatividad – algo que la psicóloga Judith Schlesinger, autora de The Insanity Hoax: Exposing the Myth of the Mad Genius, argumenta que le falta al estudio.

«La creatividad es simplemente definida por la ocupación,» dice Schlesinger, y esto presume dos cosas: la primera es “que no existen contadores o abogados creativos que toquen música, pinten o bailen maravillosamente los fines de semana, y que prefieran ganarse la vida durante la semana.” La segunda es que “todo el que se autodefine como escritor, artista, y que se asocie a una asociación artística, automáticamente califica como inusualmente creativo.” Sobre todo, dice, esta idea es “científicamente más aparente que real, pero conveniente para sus fines.”

Usar una definición basada en la ocupación para relacionar la creatividad con las enfermedades mentales es perjudicial

Stefánsson reconoce que hay ciertas cuestiones con su definición de creatividad. “No hay garantía alguna de que… los miembros de estas asociaciones sean particularmente creativos,” dice. Es posible que lo que han encontrado es que las variantes genéticas, cuando se combinan, son más predictivas de personas a quienes les gustaría ser creativas, más que de las personas que realmente lo son. Pero “no hay forma de definirlo de manera diferente. Esto es lo mejor que se te puede ocurrir en sociedad,” según el.

Pero usar una definición basada en la ocupación para relacionar la creatividad con las enfermedades mentales es perjudicial, argumenta Schlesinger. Inadvertidamente alienta a personas que son artistas y que tienen estas enfermedades a evitar los tratamientos porque creen que éstas son causa de aquello. Lo mismo hacen las familias de personas que sufren ciertas enfermedades mentales; algunas personas pueden fallar al encauzar comportamientos desplegados por sus parientes creativos porque son considerados beneficiosos entre los artistas, dice ella. Finalmente, los hallazgos podrían infundir temor en quienes son artistas. “La sociedad les dice que están hechos para eso,” dice Schlesinger. “Estos académicos están arriba de sus torres, y no tienen idea del daño que están causando. Es absolutamente innecesario.”

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Erik Thys, psiquiatra de la Universidad de Lovaina en Bélgica, quien no participó del estudio, piensa que la asociación podría proporcionar lo que él llama un “estigma positivo” – uno que podría cambiar las “ideas negativas que prevalecen hoy sobre estas personas, y que están todavía muy presentes en los medios.” Shelley Carson, psicóloga de la Universidad de Harvard, también piensa que esta clase de estudios podrían generar un cambio positivo. “Tanto la esquizofrenia como el trastorno bipolar son enfermedades devastantes,” sostiene. “Sin embargo, trabajos como el presente estudio podrían ayudar a identificar ciertos aspectos genéticos de estas enfermedades que pueden conferir beneficios a la humanidad mediante el incremento del pensamiento creativo.”

Estudio anterior

Este no es el primer estudio que busca establecer un vínculo entre la creatividad y la psicosis. En el 2013, investigadores suecos encontraron una asociación similar. “Los hallazgos son realmente interesantes y apoyan la idea de una asociación real entre la creatividad y la psicosis,” dice Simon Kyaga, uno de los investigadores del estudio del 2013 y epidemiólogo del Karolinska Institutet, en Suecia. Pero, al igual que con el estudio que analizamos antes, Kyaga y sus colegas confían fuertemente en la ocupación de las personas para medir su creatividad.

Hay algo tentador en poder establecer una relación entre la creatividad y las enfermedades mentales. La asociación es trágica y romántica a la vez, cumpliendo con las necesidades de la humanidad de explicar los talentos de las personas. Stefánsson explica que los datos «muestran que las personas superdotadas – personas que tienen habilidades especiales – a menudo tienen insuficiencias; ese es el precio que pagan por su genialidad.”

Hay muchas personas creativas que no sufren enfermedades mentales, y muchas personas menos creativas que si las sufren. Los estudios que perpetúan esta idea sin una medida más robusta para la creatividad podrían llegar a algo que no existe. “Mi impresión general [de este estudio] es la de una olla llena de diversos tipos de pasta, con piezas sacadas y tiradas contra la pared para ver qué se pega,” dice Schlesinger.

Fuente: TheVerge