El impacto del TDAH en niñas: efectos a largo plazo en la personalidad y la autopercepción
Los avances en la calidad de vida y en la salud pública han generado un incremento significativo en la esperanza de vida. Durante un tiempo, los científicos pronosticaban que, gracias a estos progresos, podríamos superar los 100 años de vida. Sin embargo, en los últimos 30 años, este ritmo de crecimiento se ha desacelerado considerablemente. Aunque algunos podrían atribuir esta desaceleración a nuevos problemas de salud o a enfermedades crónicas como el cáncer, la realidad es diferente. Los investigadores que publicaron su estudio en la revista Nature Aging sugieren que la causa principal no son estas enfermedades, sino algo mucho más fundamental: el envejecimiento en sí mismo.
En Gizmodo compartieron la investigación:
(…) Jay Olshansky, principal autor del estudio, indicó que el mayor obstáculo ahora es el envejecimiento biológico. Mientras que los avances en la lucha contra enfermedades como el cáncer y las cardiovasculares han sido claves para la longevidad, el envejecimiento sigue siendo una barrera difícil de superar.
El estudio sugiere que la humanidad podría estar acercándose a un límite biológico en términos de esperanza de vida. Durante décadas, algunos investigadores han planteado la posibilidad de que el ser humano no pueda superar un techo natural de longevidad, establecido alrededor de los 85 años. Mientras que muchos esperaban que los avances en la medicina llevarían a la mayoría de las personas a alcanzar los 100 años, los resultados de este nuevo estudio parecen confirmar que dicho límite es difícil de superar.
Básicamente no le podemos ganar al envejecimiento (por ahora) y creo que eso esta bien.
Hoy leí un artículo de The New York Times que aborda el potencial uso de medicamentos como Ozempic, que originalmente fueron diseñados para la diabetes y pérdida de peso, como un tratamiento para el trastorno por atracón.
La premisa central del artículo es que estos fármacos, al reducir el apetito y los pensamientos obsesivos sobre la comida, podrían ofrecer una solución a quienes luchan con los atracones compulsivos. Sin embargo, aunque algunos pacientes han experimentado mejoras, los efectos son mayormente anecdóticos, y los médicos expresan preocupación por los riesgos asociados, como la desnutrición y la posibilidad de intercambiar un trastorno alimentario por otro.
Es interesante cómo el artículo plantea un enfoque biológico para un problema que es complejo y multifacético, con componentes emocionales y psicológicos profundos, como el trauma y la regulación emocional. Aunque los medicamentos parecen ofrecer una «curita», el tratamiento integral del trastorno por atracón debe incluir intervenciones psicoterapéuticas, como la terapia cognitivo-conductual y la terapia dialéctica conductual, para abordar las causas subyacentes que llevan a las personas a recurrir a la comida como una vía de escape.
En resumen, aunque los medicamentos como Ozempic ofrecen esperanza, no deben ser vistos como una solución única. El tratamiento debe ser holístico, considerando tanto los aspectos emocionales como biológicos para lograr una recuperación sostenida y saludable.
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