Intervenciones clínicas positivas: ¿Por qué son importantes y cómo funcionan? (PDF)
Estamos obsesionados con la felicidad y la búsqueda del placer. Vivimos en una sociedad cada vez más hedonista y el filosofo Gregorio Luri, nos dice en una entrevista para la web ABC que esa necesidad de ser felices hará que nuestros hijos se conviertan en esclavos de los otros:
A cualquier padre que se le pregunte responde que quiere un hijo feliz. Y es abrumadora la sobreoferta de obras de psicología y de noticias que indican el camino más corto para llegar a la felicidad.
A esos padres les pediría que abrieran los ojos y que me dijeran qué ven. La vida es compleja, llena de incertidumbres, y con un sometimiento terrible al azar. Estoy empezando a pensar que hay un sector de educadores postmodernos que se han convertido en el aliado más fiel de la barbarie, que lo que hacen es ocultar la realidad y sustituirla por una ideología buenista, acaramelada, y de un mundo de «teletubbies». Personalmente, me resultan más atractivas la valentía y el coraje de afirmar la vida. Tenga usted un hijo feliz y tendrá un adulto esclavo, o de sus deseos irrealizados o de sus frustraciones, o de alguien que le va a mandar en el futuro. Personalmente, me resulta mucho más atractiva la valentía, el coraje de afirmar la vida. Algo que ha sido, por otra parte, la gran tradición occidental desde Homero hasta hace dos días: Querer a la vida a pesar de que esta es injusta, tacaña, austera. No querer a la vida porque encontramos la forma de diluirnos todos en un acaramelamiento que hasta me parece soez. Ahora la felicidad se entiende como un recorte de las aspiraciones.
Hermosa historia del diario La Nación, sobre Laura Giselle López, una psicóloga argentina que asiste de manera gratuita a las mujeres que están a punto de dar a luz.
«Por favor quedate conmigo, tengo mucho miedo», le ruega una mujer a punto de parir a Laura López, en una sala de parto de una maternidad porteña. Esa mano, ese apretón de ambas manos, es a veces la única compañía de una mujer en el momento más importante y vulnerable de su vida. Laura se queda, ofrece cálidamente su mano y su palabra, contiene a esa mujer y, por fin, escuchan juntas los primeros llantos del bebé que acaba de llegar al mundo. Emoción, alegría, dolor: todas las sensaciones se entremezclan al momento de dar a luz
Laura Giselle López es psicóloga, consultora en crianza y profesora de nivel inicial. Desde hace cuatro meses, forma parte del equipo de salud y concurre todos los lunes de forma ad honorem al hospital -cuyo nombre queda reservado por motivos legales- con una misión profesional: acompañar a las mujeres que van a parir. «Mi rol es velar por el bienestar emocional de esa mujer y de esa familia en un momento de extrema vulnerabilidad: escucho su historia, valorando qué siente, conteniendo con la palabra y el cuerpo, y estando presente pero sin invadir», resume con un entusiasmo digno de una apasionada por su trabajo, mientras destaca la necesidad de reconocer la singularidad de cada mujer y de que ella pueda decidir si quiere estar acompañada y por quién.»
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Imagen: Shutterstock
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