El matrimonio o la convivencia pueden mejorar la salud emocional de las parejas jóvenes, y de manera especial la de las mujeres. Investigadores encontraron que la angustia emocional disminuyó en mujeres jóvenes solteras cuando se mudaron con una pareja romántica o cuando se casaron por primera vez. Los hombres experimentaron una disminución de la angustia emocional solo cuando se casaron directamente, no así cuando se mudaron con una pareja romántica por primera vez. Y cuando los adultos jóvenes terminaron una primera relación, tanto hombres como mujeres recibieron estímulos emocionales similares al mudarse con su segunda pareja o al casarse con ellos (Mernitz & Dush, 2016).

Los hallazgos sugieren un papel evolutivo del matrimonio entre los jóvenes de hoy, dijo Sara Mernitz, coautora del estudio. A principios de la década de 1990, los jóvenes aún experimentaban beneficios en su salud emocional cuando pasaban de vivir juntos a casarse; ahora parece que los jóvenes, especialmente las mujeres, reciben el mismo impulso emocional al mudarse juntos que al casarse directamente, comentó. “No hay un impulso adicional al casarse”.

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Los hallazgos sugieren que el estigma de vivir juntos no tiene el mismo peso que en generaciones pasadas, dijo la Dra. Claire Kamp Dush, coautora del estudio y profesora asociada de ciencias humanas. Hoy en día, aproximadamente dos tercios de las parejas viven juntas antes del matrimonio.

“En un momento, el matrimonio puede haber sido visto como la única forma para que las parejas jóvenes obtengan el apoyo social y la compañía que es importante para la salud emocional,” dijo Kamp Dush.

Según la investigación, el matrimonio ya no es necesario para cosechar los beneficios de vivir juntos, al menos en lo que respecta a la salud emocional.

Otro hallazgo significativo fue que los beneficios emocionales de la convivencia o el matrimonio no se limitan a las primeras relaciones. El estudio encontró que los adultos jóvenes experimentaron una caída en la angustia emocional cuando pasaron de una primera relación a la cohabitación o al matrimonio con una segunda pareja.

Según Kamp Dush, los jóvenes que participaron del estudio pueden haber seleccionando mejores parejas para ellos mismos la segunda vez, lo que puede explicar la caída en la angustia emocional.

Los investigadores utilizaron datos de la Encuesta Nacional Longitudinal de Jóvenes 1997. Este estudio incluyó a 8700 personas que nacieron entre 1980 y 1984 y fueron entrevistadas cada dos años entre 2000 y 2010.

Además de preguntar sobre el estado de su relación en cada entrevista, a los participantes se les hicieron cinco preguntas para evaluar sus niveles de angustia emocional. Informaron en una escala de uno (todo el tiempo) a cuatro (nunca) con qué frecuencia en el último mes se habían sentido “desanimados y deprimidos y otros síntomas.

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Los investigadores explican que el estudio actual tiene ventajas sobre los estudios que simplemente comparan grupos de personas solteras, casadas y que conviven.

“Podemos observar a las personas durante un período de 10 años y ver qué les sucede individualmente a medida que realizan estas diversas transiciones en sus relaciones,” dijo Mernitz.

Se descubrieron algunas diferencias de género, al menos para las primeras uniones de matrimonio o convivencia. En cuanto a los que ingresaron a una primera unión, los hombres experimentaron una disminución en la angustia emocional solo si se casaban directamente. No hubo cambios en la angustia de los hombres que convivieron con una pareja femenina.

Esto puede deberse a que los hombres son más propensos que las mujeres a ver la cohabitación como una forma de probar una relación, lo cual se ha relacionado en otras investigaciones con problemas posteriores de relación.

Además, Kamp Dush señaló que este estudio evaluó solo la angustia emocional. Otra investigación sugiere que los indicadores conductuales de salud (como el consumo de alcohol o la violencia) pueden ser más precisos para los hombres que los indicadores emocionales.

En cualquier caso, las diferencias de género eran visibles solo para las primeras uniones. No hubo diferencias en los cambios de salud emocional para hombres y mujeres que ingresaron a su segunda unión, ya sea matrimonio o cohabitación.

El estudio también encontró que las personas que dieron a luz (o cuya pareja dio a luz) mostraron disminuciones significativas en la angustia emocional en comparación con las que no tuvieron un hijo. Eso puede parecer sorprendente, dado el estrés asociado con tener un hijo, dijo Kamp Dush. Pero señaló que este estudio solo examinó el sufrimiento emocional. Puede haber otras formas en que el estrés de criar a un hijo se manifiesta en estas parejas.

Referencia bibliográfica:

Mernitz, S. E., & Dush, C. K. (2016). Emotional health across the transition to first and second unions among emerging adults. Journal of Family Psychology: JFP: Journal of the Division of Family Psychology of the American Psychological Association , 30(2), 233-244. https://doi.org/10.1037/fam0000159

Fuente: Psychcentral

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