The Washington Post reveló hace dos días que Pfizer decidió ocultar datos que sugerían que uno de sus medicamentos para tratar la artritis reumatoide podría reducir hasta en un 64% el riesgo de sufrir de Alzheimer. El medicamento se llama Enbrel y estos resultados provenían del análisis de cientos de miles de reportes de las aseguradoras. El equipo le pidió a Pfizer autorización para llevar a cabo una investigación clínica que costaría cerca de 80 millones de dólares y tomaría varios años en completarse para poder determinar el efecto del medicamento, pero la farmacéutica se negó y decidió cerrar ese camino.

En una declaración para el Washington Post, Pfizer argumentó que su decisión se basó en los datos científicos y que no había suficiente evidencia que sustentara que el Enbrel podría prever el Alzheimer y que publicar los datos previos habría llevado a los científicos externos a una investigación infructuosa.

Sin embargo, otros investigadores mostraron su desacuerdo y creen que esta investigación podría haber ofrecido datos importantes sobre cómo la inflamación del cerebro contribuye al desarrollo del Alzheimer. Otros creen que la decisión pudo ser más económica que científica. Enbrel es un medicamento desarrollado en 1998 y estaba cerca de perder la patente de exclusividad de 20 años que tenía Pfizer. Lo que significa que de aquí en adelante cualquier laboratorio podría utilizar la molécula para hacer medicamentos genéricos y Pfizer no obtendría las mismas ganancias. No obstante, Amgen, otro laboratorio que tiene los permisos para comerciar Enbrel en Estados Unidos y Canadá declaró que también tenia conocimientos de los datos de Pfizer y que también determinó no proseguir con las investigaciones porque los datos eran muy poco prometedores y que el factor económico no tuvo ningún rol en su decisión.

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Es cierto que el reporte de las aseguradoras no es evidencia suficiente para iniciar una investigación, pero la historia y el comportamiento previo de los laboratorios farmacéuticos nos hace desconfiar de sus verdaderas motivaciones. Esto es lo que pasa cuando las decisiones de salud son importadas por temas de mercado.

Fuente: The Washington Post

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