¿Por qué enseñamos?

Un análisis neuropsicológico del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Educación
Imagen de eseñanza vía Shutterstock

Las neurociencias han hecho grandes aportes a la educación en el último tiempo, con hallazgos y herramientas implicadas seriamente en el aprendizaje, el desarrollo cognitivo y la pedagogía. Han intentando formar un marco de trabajo interdisciplinario biopsicosocial y no regresar a una mirada biodeterminista. Esta ciencia ofrece herramientas para la detección temprana de niños con necesidades educativas especiales, la oportunidad de comparar distintas modalidades de enseñanza y brindar un mayor entendimiento de las diferencias individuales en los procesos de aprendizaje (Manes).

Uno de los objetivos de esta disciplina es revelar los misterios del cerebro y su funcionamiento en el ámbito educativo, aportando a la pedagogía conocimientos fundamentales sobre el aprendizaje, la memoria y las emociones; dichas funciones son estimuladas y fortalecidas en el aula. La intención es disminuir la fisura y aumentar la efectividad de las técnicas de enseñanza y práctica pedagógica.

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Mediante investigaciones neurológicas se han observado en el cerebro modificaciones estructurales como consecuencia de las vinculaciones sociales del proceso educativo

Detallando contribuciones específicas de este conjunto de conocimientos, una es el entendimiento del procesamiento fonológico que resulta importante en el tratamiento de niños con dislexia. También ha brindado información sobre la diferencia en la organización cerebral de los adultos alfabetizados y analfabetos demostrando la importancia de una experiencia cercana a la lectoescritura en la infancia. Otro hallazgo importante es la neuroplasticidad (la creación de nuevas redes neuronales), la cual ayuda a organizar estrategias de enseñanza específicas y la consolidación de la memoria mediante el sueño. Por otro lado, las neurociencias han destacado la importancia del ambiente educativo, es imposible lograr un aprendizaje efectivo en un medio altamente estresante. El estrés ocasional puede manifestarse como motivación o atención extra para una tarea; al contrario el estrés crónico dificulta el proceso educativo afectando el funcionamiento fisiológico y cognitivo. Un ambiente de bienestar físico y emocional está estrechamente vinculado a un aprendizaje eficaz (Manes).

Mediante investigaciones neurológicas se han observado en el cerebro modificaciones estructurales como consecuencia de las vinculaciones sociales del proceso educativo. El cerebro humano ha evolucionado para comprender y enfrentar los desafíos del entorno. Podemos pensar en nuestras capacidades cognitivas como un rasgo adaptativo que fue modificándose por el ambiente aumentando la eficacia biológica, favoreciendo la supervivencia y la reproducción de los individuos. Debemos darle un lugar privilegiado a la adaptación de nuestra mente a los problemas sociales y esto dará como resultado habilidades cognitivas para la resolución de problemas, conocimiento de normas sociales y el tipo de inteligencia que llamamos “inteligencia emocional”. Mientras se enseña se transforma el cerebro, tanto de quien enseña como de quien aprende, ampliando sus capacidades y su funcionalidad. (Campos, 2010; Diéguez, 2003).

Llamamos enseñar a la acción de resolver una brecha de conocimiento mediante un comportamiento intencional, lo cual implica ciertos requisitos cognitivos como (Sigman, 2015):

  1. Una metacognición, siendo un conjunto interiorizado de mecanismos los cuales permiten obtener, producir y evaluar información (Gonzales, 1996). Es reconocer el conocimiento que tenemos sobre algo.
  2. Una teoría de la mente bien consolidada para reconocer el conocimiento que la otra persona tiene sobre algo.
  3. Entender las diferencias y disparidad que hay entre estos dos conocimientos.
  4. Estar motivado para resolver esa brecha de conocimiento.
  5. Tener un aparato comunicacional desarrollado para resolverla.

Dentro de los aportes que ha hecho la neurociencia en la educación, en este artículo nos compete la diferencia entre la capacidad de aprender y la capacidad de enseñar. La primera es más generalizada, todos los animales aprenden; en cambio la segunda, tal como la definimos antes, es exclusiva del ser humano; es algo distintivo y particular. Gracias a la enseñanza de los diversos sistemas simbólicos nuestro cerebro incorpora experiencias y conocimientos, posibilitando la educación y la trasmisión de la cultura. La capacidad de enseñar es una manera de relacionarnos que nos define, nos construye. Es la semilla de toda cultura. (García; Pérez & Muñoz-Ruata; Sigman, 2015).

Mariano Sigman en su libro “La vida secreta de la mente” presenta una hipótesis en la cual el compartir conocimiento, el enseñar, es un impulso innato. Expone que los seres humanos tienen un instinto docente; que nuestro cerebro está predispuesto para difundir y compartir conocimiento. Esta hipótesis la sostiene bajo las siguientes premisas:

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Protomaestros:

Estamos al corriente que los chicos antes de hablar se comunican; pero ¿pueden comunicar información útil para otro? La respuesta es sí. Los chicos pueden intervenir de forma activa advirtiendo a otro que va a cometer un error, tienen la capacidad de prever las acciones del otro y responder de forma acorde incluso antes de comenzar a hablar.

Gracias a la enseñanza de los diversos sistemas simbólicos nuestro cerebro incorpora experiencias y conocimientos, posibilitando la educación y la trasmisión de la cultura

Podemos citar un estudio realizado por Ulf Liszkowski y Michael Tomasello quienes desarrollaron un juego ingenioso con un niño de un año y un actor. A la vista de un niño, el actor dejaba caer un objeto de una mesa de manera en que el niño veía donde caía pero el actor no. Cuando el actor se ponía a buscar el objeto sin éxito, el niño usaba su índice para señalar y así informar al actor la ubicación del mismo. Esto se repitió con diferentes niños y reveló un hallazgo importante: en los casos en que quedaba claro que el actor sabía dónde había caído el objeto, el niño ya no señalaba (Sigman, 2015).

Los chicos son naturalmente maestros efectivos

Si realmente existe el instinto docente, deberíamos enseñar natural y eficazmente desde chicos. En este punto para evaluar la efectividad es importante la prosodia, la clave ostensiva, la capacidad de gestualizar el discurso, una clave compartida por ambas personas en la conversación. Este canal ostensivo es efectivo desde el día en que nacemos. Cuando un mensaje se comunica mediante el canal ostensivo el receptor piensa que lo que se le enseño es completo. En conclusión para saber si los chicos son efectivos y buenos maestros tenemos que preguntarnos si son ostensivos para que el receptor piense si la información es completa y confiable. Los gestos ostensivos son muy naturales, el más básico que conocemos es el mirar a los ojos y dirigirse corporalmente a la otra persona. Otras claves ostensivas son cambiar el tono de voz, levantar las cejas y señalar objetos relevantes entre otros.

Respondiendo a nuestra pregunta inicial entonces, ¿Por qué enseñamos? Porque enseñar es una manera de cuidarnos a nosotros mismos, compartir un conocimiento es un medio utilitario de quien comunica. En la antigüedad se enseñaba a protegerse de los animales predadores y así, enseñando a otro, la persona se protegía a sí misma. El compartir el conocimiento es un rasgo que hace que nos unamos en grupos. La enseñanza es el centro de la cultura y donde esta nace. Armar grupos, tribus o colectivos hace que cada individuo funcione mejor de lo que funcionaría solo. Enseñar no solo es una manera de conocer cosas y causas; también es conocer a los otros y a nosotros mismos. Enseñar ayuda a consolidar el conocimiento de quien enseña. “Enseñar es aprender dos veces” (Sigman,2015).

Bibliografía

  1. Campos, A. L. (2010). Neuroeducación: uniendo las neurociencias y la educación en la búsqueda del desarrollo humano. La Educación. Revista Digital, 143.
  2. Diéguez, A. (2003). ¿Qué es la epistemología evolucionista. Revista de pensamiento y cultura, 1(3).
  3. García, E. G., Pérez, L. M., & Muñoz-Ruata, J. DESARROLLO HUMANO: CEREBRO, MENTE Y CULTURA. Cambios educativos y formativos para el desarrollo humano y sostenible, 1.
  4. González, F. (1996). Acerca de la metacognición. Paradigma, 14(1-2).
  5. Manes, F. ¿Qué puede aportar la investigación en neurociencias a la educación? Neurociencias y educación.
  6. Sigman, Mariano (2015). La vida secreta de la mente. 1ra edición. Buenos aires
  7. Tomasello, M., Carpenter, M., & Liszkowski, U. (2007). A new look at infant pointing. Child development, 78(3), 705-722.
Geraldine Panelli
Lic. en Psicología. Especializada en Terapia Cognitiva Conductual Infanto Juvenil. Interesada en las neurociencias y en la difusión de la psicología científica.