Las noticias de los últimos años que hacen alusión a asesinatos y muertes por diferentes causas nos han hecho observar cuerpos sin vida cada vez con menos distancia y con más detalle de las condiciones en que se encuentran. Esa disminución de las distancias entre el cuerpo y la cámara, y del aumento en los detalles ha venido con el tiempo. Si tratamos de recordar las notas rojas de hace unos años, las fotos de cuerpos sin vida no eran publicadas; los medios se limitaban a capturar otros aspectos de la escena y, en caso de capturar el cuerpo, éste era difuminado o pixelado.

Ahora sucede que los medios de comunicación ofrecen la cruda y detallada escena de unamuerte sin sensibilidad al dolor de la familia y conocidos del fallecido. El público puede comentar de la forma en que le plazca al haber poco o ningún control de las consecuencias sobre lo que dicen. Tal vez solo reciban una respuesta de otro lector que fácilmente pueden ignorar o bloquear. Además pueden replicar sus burlas o comentarios irrespetuosos e insensibles en otro medio que comparte la misma nota roja y así seguir ofendiendo.

¿Quiénes regulan el contenido de los medios de comunicación para estos casos? ¿Cuál es la ética de un reportero? ¿Es el reportero de las notas rojas un mercenario? No hay hasta el momento consecuencias para los medios ni para los usuarios que logren detener con eficacia éste camino hacia la cero sensibilidad.

¿Cómo es que los medios de comunicación nos han hecho perder sensibilidad ante éste tipo de situaciones? Exponiéndonos paulatinamente al contenido.

Déjenme explicarlo.

En psicoterapia es bien conocida una técnica conductual llamada Desensibilización Sistemática (DS), la cual suele usarse para tratar fobias y servirá en éste caso para explicar lo que nos pasa con las notas rojas. En el caso de una fobia a las palomas, por ejemplo, una persona puede llegar a decir que se siente muy ansiosa verlas, creer que le harán daño y, para evitar reaccionar así, las evitará siempre que pueda o huirá de ellas. Actuar de esa forma le soluciona el problema momentáneamente, aprendiendo a resolver el conflicto evitativamente, sin mejoras.

Sin darnos cuenta hemos avanzado desde aquello menos fuerte, hasta lo que en un principio hubiéramos creído imposible de aguantar

Lo que tendrá que hacer para solucionar el problema eficientemente se resume en exponerse gradualmente y con el acompañamiento del psicoterapeuta, a las palomas, empezando desde el nivel más sencillo y avanzando poco a poco hasta lograr exponerse directamente al ave.

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Ahora vayamos al caso de las notas rojas. En un principio, gente del público pudo haber llegado a decir que les parecían crueles, aberrantes, tristes, que les causaban ansiedad, que verlas les impediría estar tranquilas o no les dejaría dormir. Así que las evitarían pasando de largo dicha sección en un periódico, no abriendo links directos a noticias sangrientas o huirían de ese contenido. De éste modo nos mantendríamos alejados de ellas: evitando y huyendo cada vez que pudiéramos cuando su contenido sobrepasara nuestra tolerancia a la exposición.

Sin darnos cuenta hemos avanzado desde aquello menos fuerte, hasta lo que en un principio hubiéramos creído imposible de aguantar. Esta paulatinidad es explicada por el principio llamado jerarquía de estímulos, que consiste en descomponer aquello a lo que se quiere tolerar al final de un proceso, en partes pequeñas que nos permitan avanzar progresivamente, logrando metas alcanzables y con baja probabilidad de fallar.

Es tanto el contenido violento de las notas rojas al que nos exponemos, que hemos ganado tolerancia. Esa constante repetición de estímulos violentos ha constituido el principio de habituación y el principio de extinción. Al aprender los estímulos violentos de las notas rojas como algo normal en nuestro ambiente, hemos cesado las conductas de huida y de evitación. Ya toleramos su contenido y hasta lo compartimos.

Otro principio importante que se aplica es el de generalización. Una vez que hemos aprendido a tolerar ver un tipo especial de violencia es muy probable que lo hagamos con otros; por ejemplo, los casos de violencia hacia los animales. Y si el aprendizaje se dio a través de medios digitales, es probable que lo hagamos también ante casos que nos toque ver en vivo.

La tolerancia, como todas las conductas, se aprende. Principios conductuales nos pueden ayudar a tener un mayor control de situaciones que nos generan un malestar personal, social, laboral, académico o de otro tipo para volvernos más funcionales y adaptativos. Y son los mismos principios los que nos ayudan a comprender cómo aprendemos conductas no deseables para que una sociedad mejore. Los medios de comunicación nos han enseñado a tolerar imagenes violencia.

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