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  • Ciencia

¿Les va peor a los hijos de padres del mismo sexo?

  • 12/06/2012
  • Maria Fernanda Alonso

Artículo publicado originalmente en la revista TIME.

A los hijos adultos de padres que han tenido parejas del mismo sexo a veces les va considerablemente peor que a los hijos adultos de matrimonios heterosexuales duraderos. Así lo afirman los resultados de un nuevo y polémico estudio de Mark Regnerus, sociólogo de la Universidad de Texas en Austin. El estudio —el Estudio de las Nuevas Estructuras Familiares (NFSS, por sus siglas en inglés)— está llamado a revolver el avispero, pues contradice investigaciones previas sobre el bienestar de los hijos de padres gays y lesbianas, que habían concluido que estos niños no crecen siendo muy distintos a los de parejas heterosexuales casadas, y que, de hecho, los hijos de madres lesbianas suelen estar mejor adaptados y ser emocionalmente más saludables.

En contraste con esos estudios, el NFSS encontró que los hijos adultos de personas que han tenido parejas del mismo sexo presentan más del doble de probabilidades de estar en terapia «por un problema relacionado con la ansiedad, la depresión, las relaciones u otros motivos»; más probabilidades de recibir asistencia pública (aunque también son más propensos a haber sido criados con ayuda estatal); menos probabilidades de tener un empleo de tiempo completo; menos probabilidades de haber votado en las elecciones de 2008; y tienden a haber alcanzado un menor nivel educativo.

Regnerus sostiene: «La afirmación empírica de que no existen diferencias debe ser abandonada».

Estos efectos parecen ser más pronunciados en las personas cuyas madres tuvieron parejas lesbianas que en quienes cuyos padres tuvieron parejas gay. Esto resultó especialmente notorio al controlar factores como la edad del encuestado, el sexo, la raza, el nivel educativo de los padres, el patrimonio percibido, si habían sufrido abusos y cuán tolerantes eran sus estados hacia la comunidad homosexual.

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Los hijos adultos de madres lesbianas mostraron mayor tendencia que los hijos de padres heterosexuales a engañar a sus parejas, consumir marihuana y haber sido arrestados. Un revelador 23% de los encuestados cuyas madres habían tenido una pareja lesbiana declaró haber sufrido abuso sexual por parte de un padre o de un adulto con quien mantenía un vínculo afectivo, frente al 2% de los hijos de parejas heterosexuales. (El estudio advierte, no obstante, que sería erróneo concluir que el abusador fuera necesariamente la madre o su pareja, o que el abuso guarde relación con la orientación sexual de los padres).

El estudio se publicó en la revista Social Science Research junto con varios artículos relacionados. En una revisión de investigaciones anteriores sobre hijos de parejas del mismo sexo, Loren Marks, de la Universidad Estatal de Luisiana, señala su desacuerdo con la postura oficial de la Asociación Americana de Psicología —basada en esos datos previos— de que no existe «ninguna diferencia» entre ser criado por una pareja heterosexual o una pareja gay. Según Marks, esa afirmación no cuenta con respaldo empírico suficiente.

Otros tres sociólogos ofrecen perspectivas matizadas sobre el asunto. Entre ellos, David J. Eggebeen, profesor asociado del Departamento de Desarrollo Humano y Estudios de la Familia de la Universidad Estatal de Pensilvania, quien escribe sin rodeos: «Estos artículos no prueban nada».

El estudio de Regnerus es más amplio y exhaustivo que los anteriores, pero no está exento de problemas. El primero y más importante es quién lo financia: la Fundación Bradley y el Instituto Witherspoon, dos organizaciones de orientación socialmente conservadora. De hecho, Regnerus ha escrito anteriormente para medios conservadores, entre ellos la revista Christianity Today (aunque también para publicaciones más neutras, como The Washington Post).

El NFSS se basa en encuestas representativas a nivel nacional de casi 15.600 personas, incluyendo cerca de 250 que declararon haber tenido un padre o madre con una pareja del mismo sexo. Los estudios anteriores solían incluir 70 participantes o menos, reclutados a través de redes de personas homosexuales y quienes sabían que participaban en una encuesta sobre familias gay. Regnerus argumenta que esas muestras no eran aleatorias. Sin embargo, el NFSS tampoco refleja necesariamente la situación actual. Los encuestados eran adultos de entre 18 y 39 años, y los cambios radicales en las actitudes sociales hacia las parejas del mismo sexo durante las dos últimas décadas sugieren que estos participantes probablemente enfrentaron un estigma mayor al que afrontan hoy los hijos de padres homosexuales.

Por otra parte, y quizás más relevante aún, muy pocos de los entrevistados vivieron toda su infancia con una única pareja del mismo sexo. Algunos eran, al parecer, fruto de relaciones anteriores al reconocimiento de la orientación sexual del padre o la madre, o de varias relaciones de distinto tipo. Lo que significa que estos niños probablemente experimentaron el divorcio o la ruptura familiar, un reconocido factor de predicción de problemas sociales y conductuales en la infancia.

De hecho, cuando los resultados de los encuestados se compararon con los de hijos adultos de familias divorciadas, adoptivas, reconstituidas y monoparentales, las diferencias fueron menos marcadas. Es probable que las variaciones observadas entre los hijos de hogares homosexuales y heterosexuales sean atribuibles en parte a la inestabilidad familiar, más que a la orientación sexual de los padres. Además, como señala Cynthia Osbourne, colega de Regnerus en la Universidad de Texas: «Aproximadamente el 43% de los encuestados del NFSS cuyas madres tenían una relación homosexual eran negros o hispanos», quienes enfrentaron un conjunto adicional de desafíos sociales y demográficos —factores que, de nuevo, son conocidos predictores de problemas en los niños—, mientras que la mayoría de los participantes en estudios anteriores eran blancos. A esto se suma el elevado número de participantes del NFSS cuyas familias habían recibido asistencia pública.

Otra crítica contundente: el NFSS compara a los hijos de «cualquier padre o madre que alguna vez» tuvo una relación con alguien del mismo sexo, con los hijos que vivieron con ambos padres biológicos casados desde el nacimiento hasta los 18 años, señala Philip N. Cohen, profesor de Sociología en la Universidad de Maryland, College Park. «No se trata de personas criadas por lesbianas o gays». (Solo dos encuestados en toda la muestra cumplen esa descripción). En otras palabras, el estudio no hace una comparación justa entre equivalentes.

Sin embargo, esta metodología fue avalada por sociólogos de reconocido prestigio, entre ellos Paul Amato, de la Universidad Estatal de Pensilvania, quien en un editorial señaló que el estudio de Regnerus está «mejor posicionado que casi todos los estudios anteriores que han intentado detectar diferencias entre estos grupos en la población». Al evaluar de manera independiente los datos del NFSS, Amato encontró —al igual que Regnerus— que «cuando se comparan los puntajes promedio de bienestar, los jóvenes adultos que crecieron con madres lesbianas obtuvieron poco menos de media desviación estándar por debajo de los que crecieron en matrimonios heterosexuales duraderos», algo que describe como «un efecto de tamaño moderadamente grande». (Amato aclara, a modo de transparencia, que también fue consultor remunerado del estudio durante su fase de desarrollo).

Por su parte, Regnerus insiste en que no busca demonizar a los padres gay. «Este no es un estudio sobre crianza», afirma. «Muchos padres homosexuales son, sin duda, excelentes. Me centro en el historial de la relación, no en la naturaleza de la relación». Y añade que «el estudio no puede dar respuesta a planteamientos de política pública».

Tanto sus críticos como sus defensores hacen eco de esa advertencia. «El estudio hace una contribución importante a nuestra comprensión de cómo distintos entornos familiares durante la infancia se relacionan con los resultados en la vida adulta joven», escribe Amato. «Sin embargo, estos hallazgos —y, en general, los de la investigación en ciencias sociales— no deben usarse para restringir los derechos civiles de ningún grupo».

Eso no significa, claro está, que no haya quienes lo intenten.

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Maria Fernanda Alonso

Soy miembro fundador y editora de contenido en Psyciencia.

2 comentarios
  1. andres DIAZ dice:
    14/06/2012 a las 2:57 pm

    bueno me parece muy interesante este articulo pero creo que es muy difícil hablar de homosexuales y la crianza de niños sin tener controversias al respecto principalmente del punto del vista moral – religioso , el pensamiento conservador de los que realizaron el estudio pudo haber influido en los resultados pero las conclusiones de los mismos parecieran ser neutras. pero aspectos biológicos y sociales principalmente estos últimos influyen en el desarrollo de un individuo y con padres homosexuales, las influencias y presiones parecen ser relativamente mas intensas y desfavorables

    1. Maria Fernanda dice:
      16/10/2012 a las 2:31 am

      Gracias por comentar Andres! De seguro este es un tópico muy controversial y como tal son manifiestas las dificultades para su abordaje. Considero que es un campo que debe contar con un soporte psicológico idóneo y para ello son necesarios estudios e investigaciones que guíen a los profesionales en esta tarea.

Comentarios no permitidos.

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