El abordaje de los niños con desórdenes de la conducta o comportamiento perturbador es siempre complejo y en la mayoría de los casos constituye un reto. Las di cultades se presentan en muchos ámbitos: situaciones y problemas en general complicados, falta de cooperación de los propios niños y de los adultos implicados o escaso apoyo institucional, entre otros. Las intervenciones suelen ser largas y costosas ya que suponen un cambio en las actitudes y en los patrones de comportamiento. Además, los profesionales implicados no siempre tienen la preparación su ciente ni pueden dedicar el tiempo y la atención necesarios. Sin embargo, el tratamiento de esta problemática supone una oportunidad para el cambio y una mejora tanto para el niño como para los compañeros y adultos que conviven con él.

Las intervenciones en los problemas de conducta requieren un trabajo coordinado y conjunto por parte de todos los agentes implicados en el desarrollo psicosocial del niño. En el nivel preventivo son necesarias actuaciones y programas dirigidos a los padres y al ámbito escolar que faciliten al niño un entorno sano y acogedor. Estos programas suelen ser efectivos, sobre todo los que se basan en datos empíricos (Kazdin, 1995; Kazdin y Buela–Casal, 1994), y están encaminados a mejorar el autocontrol, prevenir la violencia, promocionar estrategias adecuadas de resolución de con ictos, desarrollar un autoconcepto positivo, mejorar la competencia social y escolar e incrementar la tolerancia y el respeto a la diversidad.

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Cuando se presenta el problema, la intervención dependerá de diversos aspectos y circuns- tancias tales como la edad del niño, su estado general, los síntomas que aparecen además de la topografía y funcionalidad de las conductas. Los objetivos de la intervención irán encaminados a aumentar la competencia del niño para resolver sus propios problemas, mejorar sus habilidades comunicativas y manejar sus conductas impulsivas. Por lo que respecta a la familia, las intervenciones se dirigirán a introducir cambios en la dinámica familiar, mejorar la comunicación entre sus miembros y reducir las conductas desadaptadas. En el contexto escolar, las actuaciones se encaminarán a incrementar las habilidades comunicativas del profesorado respecto a las relaciones con sus alumnos, así como a aumentar el conocimiento y competencia en la identi cación y el manejo de los problemas de conducta de manera e caz. Al mismo tiempo será necesario desarrollar un trabajo especí co con el grupo de compañeros que, ine- vitablemente, están implicados en el problema. Esta mejora de la socialización en el grupo es algo indispensable ya que, en de nitiva, los problemas de comportamiento suponen un fracaso en el proceso de socialización del individuo. Este tipo de intervención se convertirá en una poderosa herramienta en la prevención y el manejo de los problemas de conducta.

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La guía fue publicada por el Gobierno de Aragón, España y fue preparado por: 

Ángel García Romera (coordinador)

• Ana Belén Arnal Gimeno
• Miren Elisabet Bazanbide Bidaburu • Cristina Bellido Gómez
• M. Belén Civera Marín
• M. Pilar González Ramírez
• Rosa Ana Peña Capapey
• Marta Pérez Aldaz
• M. Aránzazu Vergara Arroniz

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