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Lo que menciona el título de este artículo es algo con lo que la mayoría de los padres puede sentirse identificado y que seguramente, les ha traído algunas preocupaciones con respecto a sus hijos. El análisis que el Dr. Heller hace sobre el tema puede ser beneficioso para calmar la angustia que pudiera producirle ver dichas similitudes.

Un muy perceptivo y bien expresado niño de 10 años recientemente me compartió su introspección de que la razón por la cual su padre lo presionaba duramente  a ser “responsable” y a “siempre dar su mejor esfuerzo” era porque su padre no se sentía muy exitoso. En efecto, el padre de este chico había luchado a lo largo de los años, probando diversos trabajos y carreras con muy poco que mostrar por sus esfuerzos. El padre recordaba nunca haber sido serio con sus tareas escolares y no aprender cómo ser disciplinado o centrado. Quería evitarle a su hijo el dolor de sentirse un fracasado, como él se había sentido. Desafortunadamente, esto lo llevó a reaccionar exageradamente ante la tendencia de su hijo a preferir los juegos antes que el trabajo, ser un tanto desorganizado e inconsistente con sus tareas escolares y tener una propensión a “olvidar” sus tareas.

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Una madre trataba de explicar sus conflictos con su hija. La madre había experimentado un monto significativo de privación emocional en su juventud, lo cual fue muy doloroso para ella. Sentía que su madre era fría, distante y no tenía interés sobre lo que estaba haciendo su hija con su vida. Como resultado, esta mujer enfocó su propio rol como madre de una hija, con un deseo muy consciente (pero más fuerte de lo que ella creía) no causarle a su hija el mismo dolor ni que la misma sintiera enojo hacia su madre. En consecuencia, esta madre no sólo encontraba difícil disciplinar a su hija sino que también tendía a gastar demasiada plata en ella y se esforzaba desmesuradamente en ser su amiga.

Un número importante de padres experimentó problemas sociales al crecer. Fueron ridiculizados o exiliados o sintieron que nunca encajaban. En consecuencia, si actualmente tienen un hijo que es un poco tímido y prefiere realizar actividades solitarias, estos padres los presionan frecuentemente para que sean más sociables, con la esperanza de que no sientan el dolor que ellos experimentaron mientras crecían.

Por supuesto, su hijo puede no estar sintiendo ese dolor. Los chicos no son meras extensiones de sus padres. Incluso si existen marcadas similitudes en algunas áreas, siempre hay diferencias significativas, no sólo en sus personalidades básicas sino también en sus experiencias al crecer. Como suelo señalarles a los padres, el simple hecho de que estén al tanto de sus experiencias pasadas y sensibles a las necesidades de su hijo muy probablemente crea un ambiente distinto para él/ella del experimentado por sus padres.

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Cuando nos vemos atrapados tratando de remover el dolor de la vida de nuestros hijos o garantizarles una vida más exitosa, en realidad podemos estar saboteando los objetivos que nos pusimos a nosotros mismos.

Al tratar de “arreglar” constantemente a nuestros niños, les damos interminables mensajes de que “no están bien”

Por ejemplo, muchos chicos experimentan problemas por ser desorganizados o tener un “rendimiento bajo” en la escuela. No me refiero a situaciones más severas, que pueden ser identificadas como trastornos del aprendizaje; es simplemente el hecho de que un porcentaje substancial de niños no son precisamente estudiantes eficaces, siendo ligeramente desorganizados o aburriendose en los típicos programas escolares. Similarmente, muchos chicos no son muy sociables o les falta habilidades/interés en las actividades en las que más participan otros niños (mayormente deportes/recreaciones, a veces música/arte). Sin embargo, cuando estos mismos chicos se vuelven adultos, encuentran trabajos excepcionalmente atractivos y le entregan largas horas de concentración a algo que realmente disfrutan. Esos mismos chicos pueden crecer para descubrir intereses que, simplemente, no estaban disponibles para ellos cuando eran niños, y pueden desarrollar ese interés. Ellos, que luchaban con las cuestiones de sociabilidad, ahora experimentan un mundo que se ha expandido geométricamente una vez que se convierten en adultos, y pueden encontrar buenos amigos con intereses comunes o personalidades similares.

[one_half]No es simplemente el
éxito el que resulta en buena autoestima y resiliencia.[/one_half]

En el trabajo con los padres a los cuales sus historias de vida les vuelve,  estorbando a sus habilidades para conectarse con sus hijos, aceptar o disciplinarlos eficazmente, yo me enfoco en ayudarlos a reconocer la “separación de sus hijos”. Una similitud no es un clon. Tu dolor no es su dolor. De hecho, experimentar algo de dolor y frustración es saludable; no es simplemente el éxito el que resulta en buena autoestima y resiliencia, sino que es la habilidad de superar los obstáculos y desarrollar la confianza interior resultante, lo que ayudará a tu niño a tener éxito en la vida.

Como padres, debemos reconocer que no podemos controlar el calendario, ni la habilidad de superar los obstáculos internos o externos que nuestros niños enfrentarán inevitablemente. Puede que lleguen a ser adultos antes de que las piezas realmente caigan en su lugar. Una de nuestras tareas primordiales como padres, es evitar convertirnos en uno de los obstáculos en el desarrollo de nuestros niños. Necesitamos asegurarnos que no estamos pidiéndoles que nos ayuden a resolver cuestiones residuales de nuestros propios años de niñez.

Aclaración del editor: Este artículo fue publicado previamente en drheller.com y cedido a Psyciencia por el autor (Dr. Kalman Heller).

Imagen: Agianda (Flickr)

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