El reiki es una práctica de origen oriental basada en la idea de que por nuestros cuerpos fluye una supuesta “energía o fuerza vital”, el qui o ki en japonés, y que cuando esta energía se bloquea aparecen dolencias y enfermedades físicas, mentales y/o emocionales. La solución es que una persona instruida en la disciplina (el emisor o canal) elimine esos bloqueos mediante la transferencia, por imposición de sus manos o por otros medios (según su nivel), de “energía vital” al receptor o persona afectada. Esto hace, supuestamente, que se eliminen las molestias o enfermedades permitiendo la autosanación y llevando  a un “estado de equilibrio”.

El Reiki lejos de ser una práctica anecdótica la podemos encontrar en muchos centros de atención sanitaria privados y algunos públicos. Pero, ¿qué se esconde detrás de esta práctica? Veamos:

Qué no es el reiki:

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No es una práctica de origen milenario: Muchas personas así lo creen porque lo antiguo/milenario vende más, parece ejercer un mayor atractivo. Sin embargo, es una práctica relativamente nueva y de milenaria no tiene nada. Es más actual que incluso otra pseudoterapia muy extendida en ámbitos de la salud: la homeopatía, creada en 1796 por Samuel Hahnemann. En el caso del reiki esta fue creada en 1922 por el budista japonés Mikao Usui.

No es una práctica científica: La idea de que existe una “energía vital” llamada Qui de origen cósmico que tiene propiedades de sanación, restablecimiento del equilibrio y demás cosas inespecificas no se fundamenta en ninguna teoría científica aceptada y no se puede medir con ningún artefacto (Algo así como un Dragón en el Garaje)  al contrario que otras muchas energías que sí están reconocidas, tales como la energía eléctrica, lumínica, nuclear (fuerte y débil), solar, cinética, mecánica, térmica, eólica, potencial, hidráulica, química, sonora, fotovoltáica, química, radiante, geotérmica, metabólica, magnética, electromagnética, por poner algunos ejemplos.

Esta práctica no tiene ningún cuerpo teórico sólido ni lo respalda ningún estudio riguroso. Como toda pseudociencia la explicación del fenómeno por el que cura o funciona entra en contradicción con el cuerpo teórico del resto de las disciplinas científicas (física, química, fisiología, medicina, etc.). Habla de energía cósmica no reconocida que una persona puede canalizar y emitir a corta o larga distancia (violando los principios de conservación de la energía) y que sana mediante el restablecimiento de un flujo energético corporal que la medicina, fisiología, bioquímica o física más básica no encuentran por ningún lado.

No es una práctica eficaz: Hay personas que afirman: “A mi me funciona”. Opinión respetable donde las haya. Pero, ¿realmente funciona por lo que dice que funciona? Por supuesto que no. No existe un sólo estudio que diga que el reiki es más eficaz que el placebo para ningún problema. El que “le funcione” a una persona se puede explicar por otros fenómenos bien estudiados como la homeostásis o regresión a la media, selección de memoria o sesgo de confirmación, o el propio efecto placebo. Se han realizado interesantes estudios de revisión que la han descartado como práctica eficaz.

No es una práctica completamente inocua: Hay quien que puede llegar a pensar que si no hace nada malo pues “¿Qué más da?, ¿qué mal puede hacer, no?” Pues aparte del hecho de que dicen que hace una cosa que no hace (canalización de energías para desbloquear problemas) por lo que puede considerarse un timo.  Existen estudios concretos que advierten que dar a los pacientes reiki o cualquier otro placebo hace más daño que bien. Cuando una persona deja la medicina convencional o basada en la evidencia por otras alternativas suele acabar mal.

No es una terapia complementaria: Huyendo de la categoría de “terapia alternativa” los defensores de las pseudoterapias han redefinido estas prácticas  con la categoría de “terapias complementarias” pero de complementaria no tiene nada ya que para que algo sea complementario de algo tiene que hacerla mejor, más completo, efectivo o perfecto y el Reiki no aporta nada de eso. Se ha demostrado claramente y sin lugar a dudas que cuando el reiki es usado como tratamiento médico, no confiere beneficio alguno: La American Cancer Society, el Cancer Research UK, y el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral entre muchas otras no han hallado ninguna evidencia clínica ni científica que apoye las afirmaciones de que el reiki sea eficaz para tratar enfermedad o dolencia alguna. Sería más conveniente denominar al reiki como una pseudoterapia más que terapia alternativa. Por eso, algunas personas la definen como terapia complementaria porque dicen que pueden ir junto a otras terapias médicas basadas en la evidencia. Si es así, ¿para que necesitamos un “complemento” que sabemos que funciona como mucho con el mismo efecto que un placebo? ¿para qué gastar más recursos en añadir algo que no es más eficaz que la medicina convencional? ¿creemos de verdad que se va a sumar su efecto, de algo que no tiene efecto? Es más, cuando resulte eficaz un “tratamiento complementario”, ¿podemos afirmar que se debe a la medicina basada en la evidencia o a su complemento no probado? Son cuestiones interesantes.

No hay energías Qui del cosmos que fluyan entre nosotros. En 1996, Emily Rose una niña de 11 años de edad con un experimento muy sencillo demostró que el reiki no funciona. Una niña de 11 años.

A partir de lo comentado hasta ahora saca tus propias conclusiones, infórmate adecuadamente, se crítico, escéptico, curioso y duda. Sólo esa actitud evitará que alguien mediante su fuerza vital te substraiga mágicamente el dinero de tus bolsillos.

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Sergio Garcia Morilla
Soy psicólogo Máster en Psicología Clínica y de la Salud, me formé y especialicé entre Tenerife y Barcelona donde tuve la oportunidad de trabajar unos años en la Unidad de Terapia de Conducta (UTC). Me encanta la terapia y todo lo que tenga que ver con los procesos de cambio y mejora personal. También me gusta la divulgación y acercar cada vez más la psicología científica a la gente. Me considero una persona curiosa, inquieta y escéptica que piensa que es necesario estar siempre aprendiendo y renovándose. Esto me ha llevado a querer saber más de lo que verdaderamente me apasiona y especializarme en terapia cognitivo conductual y de tercera generación como la Terapia de Aceptación y Compromiso, o Mindfulness.

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