Cuando los psicólogos nos referimos a la personalidad, hablamos de aquellas conductas, pensamientos y sentimientos que son estables y duraderos en las personas y pueden servir en cierto grado para predecir su conducta. Algunos estudios han encontrado que, en el paso de la adolescencia a la adultez, hay una estabilidad moderada con respecto a la personalidad (1, 2, 3, 4, 5); también se ha observado esto en el paso de la adultez a la vejez (1, 2, 3). Siendo así uno esperaría que la personalidad mantenga cierta estabilidad durante toda la vida ¿no?

Un estudio muy reciente de acceso abierto obtuvo resultados interesantes y contradictorios a lo que se creía hasta ahora. Ellos midieron este constructo en las mismas personas en su adolescencia (14 años) y luego en su vejez (77 años). En total cubrieron 63 años, lo que los convierte en el estudio sobre personalidad más largo de la historia. Y al finalizarlo,Matthew Harris y sus colegas no encontraron correlaciones en los puntajes de personalidad de los participantes tomados a la edad de 14 años y luego a los 77 años. Lo cual nos hace personar que la personalidad en estos dos momentos de la vida puede ser muy diferente.

La historia comienza en 1950 cuando un grupo de investigadores les pidió a un grupo de maestras que calificaran la personalidad de 1208 niños escoceses. Ellas calificaron a los niños en ítems que evaluaban autoconfianza, perseverancia, estabilidad del estado anímico, responsabildiad, originalidad y deseo de aprender. Los puntajes para estos seis ítems correlacionaron fuertemente e incluso, aunque no sea exactamente lo mismo, los maestros evaluaron a los adolescentes en relación a un rasgo que hoy se conoce como “Responsabilidad” (los autores dicen que este rasgo mide también otro que llamaban “Confianza”). A los niños también se les aplicaron tests de inteligencia.

No hubo correlación entre los puntajes que los participantes recibieron a los 14 años y los que se dieron a ellos mismos u otros les dieron a los 77 años

En el año 2012, Harris y sus colegas lograron encontrar a 635 sujetos que participaron del estudio en 1950. Del total de personas encontradas, 174 aceptaron tomar parte en esta nueva ronda de pruebas (92 mujeres y 82 hombres) y se calificaron en los mismos ítems en los que sus maestras los habían calificado 63 años atrás y nominaron a un familiar o amigo cercano para que los evaluara en esos mismos ítems. Los participantes también completaron tests de inteligencia y bienestar general.

Para sorpresa de los investigadores, no hubo correlación entre los puntajes que los participantes recibieron a los 14 años y los que se dieron a ellos mismos u otros les dieron a los 77 años. Aunque las correlaciones no proveyeron evidencia de estabilidad en la personalidad desde la adolescencia hasta la vejez, un modelo más complejo sí indicó cierta estabilidad de dos características: estabilidad anímica y responsabilidad. Las otras 4 características evaluadas no mostraron evidencia clara de estabilidad.

Además encontraron que la “confianza” correlacionaba a los 77 años con el bienestar en esa etapa de la vida, lo que concuerda con investigaciones previas (1, 2, 3).

La idea de que nuestra personalidad en la adolescencia y luego en la vejez no guardan relación no sería tan descabellada si consideramos que ambos períodos de tiempo considerados en la investigación se caracterizan por grandes cambios en la vida de las personas y a eso debemos sumarle los ajustes que suceden en nuestra personalidad durante toda la vida. De hecho, los científicos escriben que una parte de la incongruencia probablemente pueda explicarse por los cambios que suceden en la adolescencia, aunque otros estudios que también contaron con muestras de la misma edad, hallaron mayor correlación que esta investigación, notan los autores.

Los investigadores afirman que mientras más largo sea el intervalo entre evaluaciones de la personalidad, más débil será la relación entre ambos y sugieren que si el intervalo llega a los 63 años, como sucedió en la investigación, difícilmente haya relación.

Es importante considerar las limitaciones del estudio también, ya que al ser un estudio que cubre un período de tiempo extenso, sufre algunas complicaciones:

  1. Las teorías de personalidad han cambiado a través de las décadas, actualmente es el Modelo de los 5 grandes el más aceptado, pero no era así en 1950 lo que explica en parte la evaluación superficial e incompleta de la personalidad. Es posible que, de haber utilizado instrumentos actuales para evaluar el constructo a los 14 y luego a los 77 años, se viera alguna correlación en los puntajes.
  2. Otro problema metodológico podría ser el sesgo de las maestras al calificar a los chicos, debido a que conocían la habilidad académica de cada uno.
  3. Por último, la muestra que los científicos pudieron formar en 2012 estaba compuesta de un subgrupo selecto de la muestra original, puntuaron más alto en promedio en confianza e inteligencia.

Aunque los resultados son muy interesantes y definitivamente deberían replicarse investigaciones como esta, las limitaciones dificultan la interpretación de los mismos más allá del contexto de investigación. Pero aún así es bastante interesante que uno de los principios que damos por hecho en la psicología, como la estabilidad de la personalidad, no se haya hecho evidente en este estudio.

Fuente: Research Digest
Imagen: Eris SetiawanWagir en Unsplash