Los seres humanos somos capaces de lo mejor y también de lo peor. A través de la historia hemos visto las grandes acciones guiadas por el amor, el altruismo y la abnegación. Pero así también hemos visto lo despiadados e inhumanos que podemos ser.

Las personas somos muy buenas para detectar en otros características negativas, como la deshonestidad, el dogmatismo, la hipocresía y la superficialidad. Pero raramente somos capaces de aceptar esas mismas características en nosotros mismos. Estamos muy sesgados a nuestro propio favor y somos muy propensos a justificar nuestras acciones a toda costa.

Recientemente, Christian Jarrett escribió para el blog de la Sociedad Británica de Psicología un completo artículo con 10 investigaciones que revelan lo peor de nuestra naturaleza, en un intento de facilitar la reflexión acerca de cómo influyen esas tendencias sobre nuestra conducta. He traducido el artículo y resumí las investigaciones en siete puntos específicos, agregando las referencias bibliográficas con enlaces directos para que puedan revisarlas a profundidad. Espero que este recurso pueda ayudarnos a ser un poco más precavidos ante la tendencias y sesgos de nuestra naturaleza.

Deshumanizamos a los grupos minoritarios y vulnerables

La historia demuestra lo despiadadas que pueden llegar a ser las personas con otros grupos, etnias o razas. Una explicación a la crueldad exhibida es que las personas tienen la tendencia de ver a ciertos grupos, especialmente grupos externos o de menor status, como menos humanos. Sí, esta explicación es horrible, pero continua leyendo para conocer la evidencia que apoya tal hipótesis:

Una investigación cerebral (Harris & Fiske, 2016) encontró que los estudiantes tienen menos actividad neuronal en las áreas cerebrales relacionadas con el pensamiento cuando observan imágenes de personas indigentes o adictos, en comparación a imágenes de personas con alto nivel socioeconómico.

Otros estudio demuestra que las personas que se oponen a la inmigración1 de los árabes o que están a favor de las políticas contraterrorismo, suelen concebir a las personas de medio oriente como “menos evolucionadas” en comparación con otras (Kteily, Bruneau, Waytz, & Cotterill, 2015).

Sumado a todo esto, existen investigaciones que proveen evidencia de que las personas jóvenes tienden a deshumanizar a los adultos mayores (Boudjemadi, Demoulin, & Bastart, 2017), y que los hombres son propensos a deshumanizar a las mujeres en estado de embriaguez (Riemer et al., 2018). Esto no es todo. Otro estudio demuestra que la deshumanización de grupos minoritarios no es una tendencia exclusiva de los adultos y que esto suele empezar desde muy temprano cuando los niños ven a otros niños que no pertenecen a su grupo como “menos humanos” (McLoughlin, Tipper, & Over, 2017).

Podemos sentir placer al ver sufrir a una persona que creemos que se lo merece

Desde pequeños las personas pueden disfrutar al ver el sufrimiento de los demás. Un estudio del año 2013 encontró que los niños de 4 años experimentan placer cuando ven que otra persona sufre, especialmente si creen que esa persona se lo merece (Schulz, Rudolph, Tscharaktschiew, & Rudolph, 2013). Una investigación apoya esta idea y demuestra que los niños son capaces de pagar para ver cómo golpean a una marioneta que se ha portado mal, en vez de gastar ese dinero en stickers (Mendes, Steinbeis, Bueno-Guerra, Call, & Singer, 2017).

Somos muy dogmáticos

Las personas tienen muchas dificultades para aceptar los hechos, especialmente cuando la evidencia contradice sus creencias. La clásica investigación publicada en 1967 lo demuestra perfectamente: en dicho estudio se evidenció que las personas que estaban fervientemente a favor o en contra de la sentencia de muerte ignoraban recurrentemente lo datos que contradecían su posición y, al presentarles estos datos, solo se lograba que se adhirieran más a sus posición (Lord, Ross, & Lepper, 1979). El alto nivel de dogmatismo puede ser explicado por los siguientes hallazgos: interpretamos la evidencia contraria como un ataque a nuestra identidad (Trevors, Muis, Pekrun, Sinatra, & Winne, 2016); las personas se confían demasiado sobre cuánto saben de algún tema (Johnson, Murphy, & Messer, 2016); y, peor aun, creemos que nuestras opiniones son mejores que la de los otros, lo que reduce la probabilidad de que busquemos informarnos mejor (Hall & Raimi, 2018).

Somos superficiales y confiados

Nuestra irracionalidad y nuestro dogmatismo no serían características tan peligrosas si no fuéramos tan vanidosos y confiados. La evidencia disponible muestra que la mayoría de las personas sobrestima sus propias habilidades y cualidades (inteligencia, atractivo, etc.) por encima de las de los otros (Heck, Simons, & Chabris, 2018). Un buen ejemplo de ello es el sesgo cognitivo conocido como “Dunning-Kruger”, en donde las personas más ignorantes son las que irónicamente creen saber más sobre un tema (Miller, Vandome, & McBrewster, 2010).

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La excesiva autoconfianza también afecta nuestros principios de justicia y moral, haciéndonos creer que somos más justos y morales de lo que realmente somos (Tappin & McKay, 2017). Un excelente ejemplo proviene de las personas que están en la cárcel por algún delito grave y que suelen considerarse como más amables, confiables y honestas que el promedio de las personas (Sedikides, Meek, Alicke, & Taylor, 2013).

Somos hipócritas morales

Las personas también tenemos sesgos morales que nos hacen propensos a juzgar a las personas cuando cometen un acto indebido, pero no somos capaces de juzgarnos con la misma medida. Un estudio encontró que las personas juzgaron la conducta de otros como “menos justa” aun cuando fue la misma conducta que los evaluados habían cometido (Valdesolo & DeSteno, 2008). Así mismo otro estudio sobre el fenómeno de atribución fundamental (puedes leer nuestro análisis aquí) demostró que las personas tienen la tendencia a atribuir las malas acciones de otras personas, como las infidelidades de nuestro compañero, a sus cualidades intrínsecas, mientras que atribuyen las mismas acciones realizadas por nosotros mismos como debidas a influencias situacionales (Klein & Epley, 2017). Así también otros estudios han demostrado que las personas vemos los mismos actos de rudeza cómo más severos cuando los cometen otras personas que cuando lo cometemos nosotros mismos o nuestros amigos.

Preferimos electrocutarnos a tener que pasar tiempo con nuestros propios pensamientos

Parece que para muchas personas el hecho de pasar tiempo a solas con sus pensamientos es algo tan insoportable que prefieren recibir una descarga eléctrica (nosotros cubrimos los detalles de esta investigación). Un estudio del 2014 descubrió que el 67% de los participantes varones y el 25% de las participantes mujeres optaron por auto-administrarse descargas eléctricas en vez de pasar 15 minutos a solas con sus pensamientos (Wilson et al., 2014). Parece un hallazgo exagerado, pero otras investigaciones han encontrado resultados similares cuando evaluaron si las personas preferían recibir una descarga eléctrica a la monotonía (Nederkoorn, Vancleef, Wilkenhöner, Claes, & Havermans, 2016). Además hay otro estudio multicultural que presenta evidencia de que las personas experimentan mayor placer por el simple hecho de hacer alguna actividad en vez de mantenerse pensando (“Supplemental Material for Cross-Cultural Consistency and Relativity in the Enjoyment of Thinking Versus Doing,” 2018).

Estos hallazgos soportan la idea del gran filosofo francés Blaise Pascal, quien dijo: “Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación.”

Nos atraen sexualmente las personas que tienen la “triada oscura de la personalidad”

Diversas investigaciones demuestran que tanto los hombres cómo las mujeres se sienten fuertemente atraídos por las personas que muestran la llamada triada oscura de la personalidad: narcisismo, psicopatía y maquiavelismo (Jauk et al., 2016). Por ejemplo, una investigación encontró que la atracción física de las mujeres hacia los hombres aumentaba cuando se lo describió con rasgos oscuros (egoístas, manipuladores e insensibles) en comparación a cuando se lo describía en términos de sus intereses, sin las características de “oscuras” (Carter, Campbell, & Muncer, 2014). Así también otro estudio encontró que las mujeres se sentían más atraídas por los rostros de los hombres narcisistas (Marcinkowska, Lyons, & Helle, 2016).

Referencias bibliográficas:

Boudjemadi, V., Demoulin, S., & Bastart, J. (2017). Animalistic dehumanization of older people by younger ones: Variations of humanness perceptions as a function of a target’s age. Psychology and Aging, 32(3), 293–306. http://doi.org/10.1037/pag0000161

Carter, G. L., Campbell, A. C., & Muncer, S. (2014). The Dark Triad personality: Attractiveness to women. Personality and Individual Differences, 56, 57–61. http://doi.org/10.1016/j.paid.2013.08.021

Hall, M. P., & Raimi, K. T. (2018). Is belief superiority justified by superior knowledge? Journal of Experimental Social Psychology, 76, 290–306. http://doi.org/10.1016/j.jesp.2018.03.001

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Harris, L. T., & Fiske, S. T. (2016). Dehumanizing the Lowest of the Low: Neuroimaging Responses to Extreme Out-Groups. Psychological Science, 17(10), 847–853. http://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2006.01793.x

Heck, P. R., Simons, D. J., & Chabris, C. F. (2018). 65% of Americans believe they are above average in intelligence: Results of two nationally representative surveys. Plos One, 13(7), e0200103. http://doi.org/10.1371/journal.pone.0200103

Jauk, E., Neubauer, A. C., Mairunteregger, T., Pemp, S., Sieber, K. P., & Rauthmann, J. F. (2016). How Alluring Are Dark Personalities? The Dark Triad and Attractiveness in Speed Dating. European Journal of Personality, 30(2), 125–138. http://doi.org/10.1002/per.2040

Johnson, D. R., Murphy, M. P., & Messer, R. M. (2016). Reflecting on explanatory ability: A mechanism for detecting gaps in causal knowledge. Journal of Experimental Psychology: General, 145(5), 573–588. http://doi.org/10.1037/xge0000161

Klein, N., & Epley, N. (2017). Less Evil Than You: Bounded Self-Righteousness in Character Inferences, Emotional Reactions, and Behavioral Extremes. Personality and Social Psychology Bulletin, 43(8), 1202–1212. http://doi.org/10.1177/0146167217711918

Kteily, N., Bruneau, E., Waytz, A., & Cotterill, S. (2015). The ascent of man: Theoretical and empirical evidence for blatant dehumanization. Journal of Personality and Social Psychology, 109(5), 901–931. http://doi.org/10.1037/pspp0000048

Lord, C. G., Ross, L., & Lepper, M. R. (1979). Biased assimilation and attitude polarization: The effects of prior theories on subsequently considered evidence. Journal of Personality and Social Psychology, 37(11), 2098–2109. http://doi.org/10.1037//0022-3514.37.11.2098

Marcinkowska, U. M., Lyons, M. T., & Helle, S. (2016). Women“s reproductive success and the preference for Dark Triad in men”s faces. Evolution and Human Behavior, 37(4), 287–292. http://doi.org/10.1016/j.evolhumbehav.2016.01.004

McLoughlin, N., Tipper, S. P., & Over, H. (2017). Young children perceive less humanness in outgroup faces. Developmental Science, 21(2), e12539. http://doi.org/10.1111/desc.12539

Mendes, N., Steinbeis, N., Bueno-Guerra, N., Call, J., & Singer, T. (2017). Preschool children and chimpanzees incur costs to watch punishment of antisocial others. Nature Human Behaviour, 2(1), 45–51. http://doi.org/10.1038/s41562-017-0264-5

Miller, F. P., Vandome, A. F., & McBrewster, J. (2010). Dunning-Kruger Effect.

Nederkoorn, C., Vancleef, L., Wilkenhöner, A., Claes, L., & Havermans, R. C. (2016). Self-inflicted pain out of boredom. Psychiatry Research, 237, 127–132. http://doi.org/10.1016/j.psychres.2016.01.063

Riemer, A. R., Gervais, S. J., Skorinko, J. L. M., Douglas, S. M., Spencer, H., Nugai, K., et al. (2018). She Looks like She’d Be an Animal in Bed: Dehumanization of Drinking Women in Social Contexts. Sex Roles, 30(9), 481–13. http://doi.org/10.1007/s11199-018-0958-9

Schulz, K., Rudolph, A., Tscharaktschiew, N., & Rudolph, U. (2013). Daniel has fallen into a muddy puddle – Schadenfreude or sympathy? British Journal of Developmental Psychology, 31(4), 363–378. http://doi.org/10.1111/bjdp.12013

Sedikides, C., Meek, R., Alicke, M. D., & Taylor, S. (2013). Behind bars but above the bar: Prisoners consider themselves more prosocial than non-prisoners. British Journal of Social Psychology, 53(2), 396–403. http://doi.org/10.1111/bjso.12060

Supplemental Material for Cross-Cultural Consistency and Relativity in the Enjoyment of Thinking Versus Doing. (2018). Supplemental Material for Cross-Cultural Consistency and Relativity in the Enjoyment of Thinking Versus Doing. Journal of Personality and Social Psychology. http://doi.org/10.1037/pspp0000198.supp

Tappin, B. M., & McKay, R. T. (2017). The Illusion of Moral Superiority. Social Psychological and Personality Science, 8(6), 623–631. http://doi.org/10.1177/1948550616673878

Trevors, G. J., Muis, K. R., Pekrun, R., Sinatra, G. M., & Winne, P. H. (2016). Identity and Epistemic Emotions During Knowledge Revision: A Potential Account for the Backfire Effect. Discourse Processes, 53(5-6), 339–370. http://doi.org/10.1080/0163853X.2015.1136507

Valdesolo, P., & DeSteno, D. (2008). The duality of virtue: Deconstructing the moral hypocrite. Journal of Experimental Social Psychology, 44(5), 1334–1338. http://doi.org/10.1016/j.jesp.2008.03.010

Wilson, T. D., Reinhard, D. A., Westgate, E. C., Gilbert, D. T., Ellerbeck, N., Hahn, C., et al. (2014). Just think: The challenges of the disengaged mind. Science, 345(6192), 75–77. http://doi.org/10.1126/science.1250830


  1. Aquí podría aplicar también para cualquier tipo de xenofobia. 

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