A la hora de estudiar cualquier pelusilla que vuele dentro de nuestro campo visual se vuelve el fenómeno más interesante y atrapante del universo. De hecho, la mayoría de los estudiantes encuestados en una investigación dijeron que si bien la educación ocupa un lugar primordial en sus vidas, cuando estudian desean estar haciendo otras cosas. Tener éxito a nivel académico puede requerir tanto de autocontrol como de inteligencia (Duckworth & Seligman, 2005) (Moffitt et al., 2011).

En un par de estudios longitudinales que siguieron a 304 alumnos de octavo grado, Duckworth y sus colegas midieron el autocontrol de los estudiantes a través de autoinformes, cuestionarios completados por padres y maestros, y un conjunto de tareas conductuales de retraso de gratificación. Con base en estos puntajes, descubrieron que, de manera similar al coeficiente intelectual, los estudiantes que obtuvieron una calificación alta para el autocontrol también obtuvieron calificaciones más altas y puntajes superiores en exámenes estandarizados. Sin embargo, a diferencia del coeficiente intelectual, un mayor autocontrol también fue predictivo de menos ausencias escolares, menos dilaciones, más tiempo dedicado a estudiar y menos tiempo mirando televisión.

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En una escala más grande, un estudio de 1000 estudiantes en Nueva Zelanda encontró que las calificaciones de autocontrol en la infancia eran tan predictivas de la seguridad financiera de una persona, sus ingresos, su salud física y mental, el uso de sustancias y las condenas penales más adelante en la vida como lo eran la inteligencia o el estado socioeconómico.

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Si bien el autocontrol se puede agrupar con la conciencia, un rasgo de la personalidad de los Cinco Grandes, también se destaca como una medida de comportamiento única que puede contribuir al éxito general de una persona (entendiendo como éxito a alcanzar las metas autopropuestas). El autocontrol se ejercita con acciones pequeñas y cotidianas (como decidir no posponer la alarma, o comer dos galletas en lugar de tres) y la perseverancia es necesaria para alcanzar objetivos a largo plazo.

Resistir las tentaciones no es sencillo. La autora del estudio habla con entusiasmo de modificaciones situacionales que hacen que la tentación de descuidar el trabajo escolar sea menos poderosa (por ejemplo, apagar el celular o dejarlo en otra habitación para evitar la distracción). “Pensar en formas de evitar estos conflictos estratégicamente parece mucho más eficiente y menos tortuoso con el tiempo”, concluyó.

Referencia bibliográfica:

Duckworth, A. L., & Seligman, M. E. P. (2005). Self-discipline outdoes IQ in predicting academic performance of adolescents. Psychological Science, 16(12), 939-944. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2005.01641.x

Moffitt, T. E., Arseneault, L., Belsky, D., Dickson, N., Hancox, R. J., Harrington, H., … Caspi, A. (2011). A gradient of childhood self-control predicts health, wealth, and public safety. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 108(7), 2693-2698. https://doi.org/10.1073/pnas.1010076108

Fuente: Psychological Science

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