En un contexto en el cual los peritos psicólogos cobran creciente relevancia ante las incógnitas judiciales, las técnicas implementadas y su sofisticación resultan aspectos fundamentales a tener en cuenta. En los últimos años, interrogantes vinculados al daño psicológico, síndrome burnout, emoción violenta, entre otros, son materia de consulta de los jueces para con los expertos en el ámbito de la psicología.

A diferencia de las pericias médicas, que cuentan con diversas técnicas para determinar las causas de la muerte de un sujeto, los psicólogos nos encontramos con una enorme desventaja: ¿cómo abordar un objeto de estudio que no permanece post-mortem?

El concepto de autopsia psicológica suele resultar un tanto desconcertante. La representación mental inmediata es la del psicólogo interrogando de manera poco exitosa a un cuerpo inerte dentro de la morgue. Sin embargo, el verdadero procedimiento implica la reconstrucción retrospectiva e indirecta de la personalidad y vida del sujeto, procurando un análisis detallado de la psique sin contar con su presencia. En definitiva, constituye un proceso de investigación que, complementado con otras herramientas, puede contribuir a esclarecer circunstancias de muerte dudosas. Se servirá principalmente de entrevistas a sujetos cercanos a la víctima, el estudio de la escena del crimen y la recopilación de huellas psíquicas (escritos, objetos personales, documentos, libros leídos, entre otros).

El verdadero procedimiento implica la reconstrucción retrospectiva e indirecta de la personalidad y vida del sujeto

Existen discrepancias en cuanto a los orígenes de este procedimiento. Algunos autores lo sitúan en los años ́30, como intento por dar respuesta a la oleada de suicidios producida en Nueva York luego de la crisis del ́29. No obstante, estrictamente, el término es mencionado por primera vez en los años ́50 por Shneidman y Farberow, investigadores del Centro de prevención de suicidios de Los Ángeles. Es en ese contexto que comienza a gestarse un considerable interés por resolver interrogantes relacionados a muertes dudosas y suicidios en personal militar.

Usos de la autopsia psicológica

Puede determinarse una doble utilidad del mismo: como herramienta de investigación criminal y como instrumento epidemiológico. En el primer caso, interviene en aquellos escenarios en los que la autopsia médico-legal resulta insuficiente para determinar la etiología de una muerte. Su objetivo principal estaría ligado a la posibilidad de aplicar el código NASH, el cual determina si el fallecimiento se debió a causas Naturales, Accidentales, Suicidio u Homicidio.

Por otra parte, su función como instrumento epidemiológico procura recopilar las regularidades existentes en las muertes por suicidio, logrando así establecer factores de riesgo que permitan diseñar programas de prevención. No obstante, también pueden establecerse (aunque menos difundidos) otros posibles usos y aplicaciones, a saber: precisar el estado de salud mental de una persona al momento de su muerte; determinar la validez de acciones legales previas al deceso (evaluando si se contaba con una adecuada capacidad cognitiva al momento de firmar herencias, contratos maritales u otros); evidenciar posibles mala praxis (ante casos de suicidio de personas que se encontraban bajo tratamiento con un profesional de la salud mental) y desarrollar perfiles de asesinos seriales (conociendo las características de personalidad del occiso para determinar los target del homicida).

Protocolos de autopsia psicológica

Actualmente, si bien no existe un único protocolo estandarizado para la realización de la autopsia psicológica, los autores coinciden en que resulta indispensable la inclusión de los antecedentes demográficos, categorización psicológica y evaluación de señales pre-suicidas del occiso.

En el contexto latinoamericano, el protocolo más difundido es el modelo de autopsia psicológica integrado (MAPI), diseñado en los años ́90 por la Dra. Teresita García Pérez. El mismo es altamente valorado dada su notable rigurosidad y estandarización. Cuenta con una entrevista estructurada que evalúa 60 dimensiones diferentes y procura reducir al mínimo los sesgos subjetivos de evaluación. En este protocolo se destacan cuatro áreas a reconstruir sobre la vida del fallecido: interpersonal, emocional, psicosocial y mental. Para ello se determinan aspectos indispensables como un examen psiquiátrico retrospectivo hasta un mes antes de la muerte, el diagnóstico nosológico, las áreas de conflicto existente, las señales relevantes emitidas hasta dos años antes del suceso y los detalles sobre el lugar de los hechos.

El MAPI se desarrolla en tres etapas: el trabajo en el lugar de los hechos, con el objeto de recopilar huellas psicológicas; la realización de al menos tres entrevistas estructuradas a allegados de la víctima que procuren reconstruir de la manera más detallada posible su perfil psicológico; y, finalmente, la discusión colectiva con los profesionales intervinientes.

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El final del proceso derivará en un informe pericial de índole probabilística que, en consideración con otras pruebas, puede ayudar a esclarecer las posibilidades de que una persona con determinadas características se haya suicidado, haya sido asesinada o haya tenido un accidente.

Otro procedimiento bastante novedoso es el Protocolo de sociometría conductual aplicada a la realización de autopsias psicológicas (PSCAAP). El mismo concibe que todos nos encontramos inmersos en redes de interacción social que pueden ser analizadas. Así, su estudio permitiría inferir el rol del elemento faltante (a saber, los rasgos de personalidad y conducta del occiso). Dicha evaluación retrospectiva se basaría en análisis funcional de la conducta, procurando inferir las respuestas de un sujeto basándose en su historia general de reacciones a estímulos similares. Este modelo apunta al desarrollo de bases de datos que puedan estudiarse desde la estadística, permitiendo así delimitar objetivamente las probabilidades de que un sujeto haya realizado determinadas acciones.

Controversias de la autopsia psicológica

El ámbito de las pericias psicológicas resulta un campo de grandes debates, dada la falta de validación de las técnicas que muchos profesionales deciden aplicar. Teniendo en cuenta esto, podemos asegurar que la cuestión se vuelve sumamente más compleja cuando esas técnicas procuran aplicarse para un análisis retrospectivo e indirecto que apunta a la reconstrucción de emociones, cogniciones y conductas de alguien que no se encuentra presente.

Otras limitaciones importantes son la imposibilidad de replicar resultados en idénticas condiciones, la subjetividad existente en la interpretación de sus datos, la ambigüedad del proceso, la ausencia de metodología rigurosa, la falta de control de las variables intervinientes, el bajo nivel de eficiencia (considerando que se trata de un procedimiento que requiere de una gran inversión de tiempo) y, la imposibilidad de realizar afirmaciones concluyentes dado su carácter de evaluación indirecta.

El ámbito de las pericias psicológicas resulta un campo de grandes debates, dada la falta de validación de las técnicas que muchos profesionales deciden aplicar

A su vez, también es cuestionada la falta de validez y confiabilidad del procedimiento por la ambigüedad de ciertos conceptos (falta de operacionalización de términos como huella psíquica, por ejemplo), la calidad de la fuente (entrevistas en las que podrían existir diversos conflictos de intereses, dado que se desarrollan en el marco de un proceso judicial), las correlaciones ilusorias (debido al análisis retrospectivo e indirecto) y la falta de precisión para establecer la probabilidad de algún tipo de muerte en particular.

A pesar de las críticas anteriormente mencionadas, debe destacarse que la autopsia psicológica surge como intento de dar respuesta a ciertos interrogantes judiciales ante los cuales aún no existen herramientas que puedan brindar soluciones claras y satisfactorias. Son múltiples los casos mediáticos en nuestro país que presentan muertes dudosas sin esclarecimiento alguno. Los enigmáticos casos de Alberto Nisman y Solange Grabenheimer son un ejemplo de aquellos en los que la autopsia psicológica se aplicó procurando esclarecer las circunstancias de sus muertes.

El panorama hispano resulta alentador, dado que la mayoría de las publicaciones en los últimos años han sido de autores latinos. Probablemente el siguiente paso para una mayor sofisticación sea el diseño de un protocolo local que alcance gran rigurosidad y eficiencia. El contexto nos demuestra que, aún los procedimientos con altos niveles de objetividad como la autopsia médico-legal se ven limitados en algunos casos. Es por ello que, la investigación en evaluaciones periciales
psicológicas puede realizar grandes aportes.

El estudio científico de la autopsia psicológica brindará una mayor rigurosidad al esclarecimiento de muertes dudosas, logrando reconstruir las características psicológicas de un sujeto ausente al servicio del poder judicial.

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Javier Menéndez
Lic. en Psicología UBA; Becario UBACYT; ATP1 UBA; Ganador de la beca UBAINT 2018 como estudiante de intercambio en la UNAM; Alumno de la Carrera de Especialización en Psicología Clínica y Terapia Congnitivo-Conductal de la UBA."

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