Una investigación de la conocida revista BMJ Open demuestra que hay menos violencia juvenil en los países en donde se prohibe el castigo físico. Sus resultados demostraron que en estos países había 31% menos peleas físicas entre los varones y 42% menos peleas en las niñas, en comparación con aquellos países en donde el castigo físico es todavía aceptado como método para “corregir” la conducta de los niños.

Contrario a lo que muchos creen, el castigo físico no elimina los comportamientos problemáticos, sino que los incrementa y perjudica la salud física y mental de los niños y adolescentes. Gracias a la montaña de evidencia sobre los efectos nocivos del castigo físico y la lucha por la protección de los derechos humanos, muchos países han tomado conciencia del riesgo que esto conlleva y han implementado políticas que prohiben cualquier tipo de castigo físico.

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El estudio se llevó a cabo con jóvenes de 88 países que estaban en edad escolar. Los participantes completaron una serie de encuestas que evaluaban cuán a menudo se peleaban y se correlacionó esta información con los datos de los países que prohibían el castigo físico. Luego los países fueron agrupados en tres grupos:

  • 30 países (la mayoría europeos)que prohibían por completo el uso de castigo físico.
  • 38 países que prohibían el uso del castigo físico en las escuelas pero que lo permitan en las casas
  • 20 países que no tenían ninguna restricción contra el castigo físico.
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La investigación también encontró una disminución de la violencia en los países que tenían una prohibición parcial, pero esta reducción solo fue visible en las niñas.

Cada vez que un adulto utiliza el castigo físico con un niño o adolescente le trasmite la idea de que la violencia es un método adecuado para resolver problemas y que las personas de autoridad o en una posición de poder tienen derecho a usar la violencia sobre los más débiles. Es totalmente contradictorio que un padre le diga a su hijo que los problemas se resuelven hablando cuando en la casa utilizan la correa, los gritos y los chancletazos cuando un niño se porta mal o hace algo que al padre le disgusta. La investigación es de tipo correlacional y no se puede concluir que la prohibición del castigo físico sea la causa de la disminución de las peleas juveniles, pero tiene bastante sentido pensar que es un factor definitivamente importante.

Referencia del estudio original: Elgar FJ, Donnelly PD, Michaelson V, et al Corporal punishment bans and physical fighting in adolescents: an ecological study of 88 countries BMJ Open 2018;8:e021616. doi: 10.1136/bmjopen-2018-021616

Fuente: ScienceDaily

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