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5 beneficios psicológicos de decir groserías $%*¡!$

  • 24/05/2017
  • Rita Arosemena P.
Hombre gritando con rabia en un bosque, en blanco y negro
Olichel / Pixabay
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Puede que decir groserías no esté precisamente dentro del top 10 de comportamientos socialmente aceptables, sin embargo, los beneficios psicológicos de dejar salir una palabrota de vez en cuando podrían situarlo en el top de prácticas eficaces para reducir el dolor o activar más nuestro metabolismo.

De acuerdo con el investigador Richard Stephens de la Universidad Keele y autor de un estudio relacionado con los beneficios psicológicos de decir groserías, los insultos o palabrotas tienen un efecto estimulante sobre el sistema nervioso simpático que puede traducirse en una disminución del dolor y un aumento de la fuerza, aunque no se ha podido definir con claridad cómo procede este mecanismo.

En términos generales, las ventajas que puede traer a nuestra salud mental el decir groserías en situaciones determinadas son:

Transmitir una imagen persuasiva respecto a nuestra sinceridad

Muchos expertos coinciden en que decir groserías de forma moderada al inicio o final de un discurso puede ayudar a establecer un vínculo sólido y perdurable con la audiencia, quizás porque las personas interpretan el calor del diálogo como una muestra de compromiso y autenticidad.

Por otro lado, el problema de abusar de las groserías podría generar el efecto contrario: la pérdida total de nuestra credibilidad y la puesta en duda de nuestro profesionalismo. Es por esto que las groserías deben ser utilizadas con moderación en este contexto, atendiendo a elementos puntuales y no de manera ofensiva.

Decir groserías es un indicio de que tenemos un buen vocabulario

La mayoría de las personas asume que las palabrotas solo pueden ser producto de una educación deficiente o un bagaje lingüístico pobre, no obstante, las investigaciones han registrado cómo, de hecho, el número de palabras groseras que una persona puede enlistar en poco tiempo guarda en realidad un vínculo muy estrecho con la fluidez verbal y la riqueza de vocabulario.

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Las palabrotas son una forma de hacer amigos fácilmente, ya que nos muestra como personas relajadas

Una que otra grosería dicha de buena manera en el momento oportuno puede convertir un ambiente tenso en una atmósfera relajada y próspera para el intercambio social.

Las palabrotas activan nuestro cerebro y nos «energizan»

Debido al efecto que tiene en nuestro cerebro el decir groserías, ocurre una activación nerviosa que nos hace sentir un «subidón de energía» similar a lo que ocurre cuando se activa el mecanismo de lucha-huida en momentos de peligro.

Así que ahora sabes por qué los jugadores de fútbol se detienen de vez en cuando en el campo para gritar un par de groserías… Después de todo, hay muchas formas distintas de motivación.

Decir groserías es una señal de honestidad

Un estudio publicado en la revista Social Psychological and Personality Science nos explica cómo las personas que dicen groserías son vistas a menudo como individuos más honestos que quienes decoran demasiado su manera de hablar.

«La relación entre blasfemia y deshonestidad es complicada», explica David Stillwell, autor del estudio. «Las groserías son a menudo inadecuadas, pero también puede ser una prueba de que alguien está diciendo su opinión más honesta. 

Del mismo modo que no filtran su vocabulario para sonar más bonito, tampoco filtran sus puntos de vista».

Fuente: Psyblog

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Rita Arosemena P.

Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.

1 comentario
  1. manny garcia dice:
    06/01/2018 a las 12:24 am

    decir groserias es riquisimo, además es disfrutar del castellano idioma que nos permite mentarle la madre a alguien y el uie, nos lo agradece, es hermoso nuestro idioma….

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