Imagen: Health Beat

La envidia es un sentimiento de deseo de algo que no se posee; también expresa una tristeza o pesar del bien ajeno. Cuando se generaliza, a una persona que tiene envidia se la suele llamar envidiosa.

Lamentablemente es muy común observarla, sobretodo, en quienes creen no ser capaces de obtener lo que desean en sus vidas o cuando alguien desea algo que otro posee y en lugar de alegrarse lamenta no tenerlo. Es un sentimiento que surge de las comparaciones, de sentirse y creerse menos que los demás, de desear algo y de creer no saber cómo obtenerlo o de experimentar sensaciones muy negativas que afectan intensamente.

la envidia puede producir placer
debido a que el hipotálamo
libera, en ese momento,
oxitocina y dopamina

La envidia, como sentimiento de desear algo de otra persona, puede ser una reacción natural del ser humano, y no tiene por qué ser negativa si no provoca algunas reacciones como frustración, ansiedad o deseo del mal ajeno. No obstante, como fenómeno psicológico común, hace padecer tanto a los envidiosos como a sus víctimas. El sentimiento puede ser leve o intenso, simple o complejo, consciente o inconsciente, explícito o involucrado en algunos síntomas neuróticos.

Es difícil hablar de envidia «sana», ya que es siempre un doloroso sentimiento de frustración por alguna carencia que, siendo de uno, parece que los demás no tienen, por lo que se sufre contra ellos, consciente o inconscientemente, una gran hostilidad.

Un grupo de investigadores del Departamento de Neuroimagen Molecular del Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas de Japón, liderados por Hidehiko Takahash, dieron a conocer los resultados de un estudio en donde hallaron que la envidia puede producir placer debido a que el hipotálamo libera, en ese momento, oxitocina y dopamina. En este trabajo, publicado en la revista Science, los científicos encontraron que el cerebro libera dopamina cuando a una persona a la que se le tiene envidia le va mal, del mismo modo que ocurre cuando siente placer.

Para comprobar esto, registraron sus resultados mediante resonancias magnéticas funcionales y determinaron que tanto la envidia como la satisfacción tienen áreas cerebrales específicas. De hecho, cuando una persona intuye o lee sobre el triunfo de alguien por el que siente envidia activa la corteza anterior cingulada en los nódulos cerebrales dorsales; mientras que si lo que observa es el fracaso de ese individuo envidiado, lo que se estimula es el núcleo estriado ventral.

En definitiva, la oxitocina, llamada la hormona del amor, es la «culpable» de desatar envidia por alguien, y, a la vez, sentir satisfacción por el mal ajeno guarda relación directa con la dopamina, sustancia con enorme importancia en la conducta social.

Cuando una persona tiene una emoción positiva hacia otra, la oxitocina la potencia, pero si la empatía va en sentido contrario promueves emociones negativas y esa es la razón que avala que la oxitocina, a veces, se comporte como un potenciador de los sentimientos sociales como la agresividad, generosidad, empatía, confianza, y, también, de la envidia.

El envidioso es un insatisfecho que, con frecuencia, no sabe que lo es. Siente secretamente mucho rencor contra las personas que poseen algo (belleza; dinero; sexo; éxito; poder; libertad; amor; personalidad; experiencia; felicidad; etc.) que él también desea pero no puede o no quiere desarrollar. El envidioso en lugar de aceptar sus carencias o realizar sus deseos, simplemente rechaza y desea «destruir» a aquel que, como un espejo, le recuerda su privación.

De este modo, la envidia es la rabia reparadora de quien en vez de luchar por sus anhelos prefiere eliminar la competencia; eso, la convierte en la defensa típica del débil.

El envidioso es un insatisfecho que, con frecuencia, no sabe que lo es

Por eso, es importante no confundir la envidia con los celos, porque son muy distintos. La envidiadesearía destruir al envidiado, mientras que los celos conservan el afecto del otro.

No obstante, ambos pueden ir juntos y por eso muchas veces se tiende a confundirlos. Según el filósofo John Rawls, la base de la diferencia radica entre la posesión y el deseo de poseer, mientras que se envidia un objeto deseado, los celos implican un fervoroso deseo de conservar lo que uno ya tiene.

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Las causas de los celos y las envidias también son diferentes y particulares; cuando una persona envidia se entiende que la mayoría de las veces el problema no es el objeto de deseo en sí, sino un sentimiento de baja autoestima o de vacío interior. Otra teoría, considera a la envidia como un mecanismo de defensa que uno mismo arma para mantenerse seguro del mundo exterior. Paradójico, ¿no? Pues la envidia es considerada uno de los sentimientos más contaminantes y destructivos. Los celos, en cambio, son más comunes y están vinculados a sentimientos de ansiedad o pensamientos negativos. Son una especie de obsesión hacia un tema en particular, muchas veces ligado al amor y, si son excesivos, culminan en relaciones improductivas con pobreza comunicacional.

Desde el punto de vista biológico, los celos son una reacción de alerta mediada neurológicamente por una serie de neurotransmisores que si bien actúan sobre algunas partes del cerebro, en realidad afectan a todos los órganos del cuerpo.

Estas zonas del cerebro, responsables de las reacciones celotípicas, se encuentran por debajo de la corteza cerebral, lo que explica, de entrada, por qué muchas veces son irracionales. Cuando la corteza prefrontal se deja gobernar por el sistema límbico, empieza el problema; es decir, el sistema nervioso se activa todo el tiempo y basta con un estímulo mínimo para que reaccione de manera exagerada e irracional.

Desde el punto de vista biológico, los celos son una reacción de alerta mediada neurológicamente

El problema es que en el celoso este estímulo de irracionalidad puede entrar por cualquiera de los sentidos: con un olor; una imagen; una sensación; un sonido o, incluso, con los recuerdos; los pensamientos y las creencias que existen en la mente. Invadido por el sentimiento de envidia se pueden cometer actos que hacen sentir mal al envidiado, manchar su reputación con mentiras y agravios, desearle el fracaso, etc. De ahí que el acoso, la discriminación y el racismo tienen raíces en la envidia.

Los celosos, generan discusiones y conflictos donde no los hay, tienden a distorsionar la realidad con pensamientos ilusorios y entorpecen todo tipo de relación sana al tratar de manejar situaciones bajo un instinto controlador cuyo resultado siempre es negativo.

Para discutir con un envidioso o con una persona celosa existe una fórmula que no debe subestimarse: «la envidia es una cosa entre dos, sin embargo, para que existan los celos es necesario que, siempre, existan tres».

Sobre el autor: Dr. Luis M. Labath: Médico Especialista en Medicina Interna. Ex Director Médico del Hospital José M. Cullen. Miembro de Honor de la Asociación Médica Argentina.

Artículo publicado previamente en Asociación Educar, la plataforma online y presencial de entrenamiento en Neurociencias más importante de la región. 

Bibliografía:

Asociación Educar
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