Un estudio publicado en JAMA Psychiatry sugiere que el declive del CI en etapas tempranas de la infancia podría vincularse con episodios de psicosis en la adultez, esto podría deberse a que un CI disminuido se relaciona con habilidades cognitivas pobres.

El estudio fue conducido por el Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencias del King’s College London en conjunto con la Escuela de Medicina Icahn en Monte Sinaí (Estados Unidos); el objetivo de la iniciativa es contribuir al desarrollo de métodos de intervención educativos que puedan retrasar o evitar el surgimiento de trastornos mentales.

Entre los posibles episodios de psicosis a los que se refiere el estudio se encuentra la esquizofrenia como uno de los desórdenes mentales más severos que pueden afectar a la población, y que a su vez repercute significativamente en la calidad de vida y habilidades cognitivas. La investigación encontró que, para los individuos con este tipo de trastorno psicótico, las funciones cognitivas no comenzaron a disminuir en la adultez, sino años antes, cuando presentaron dificultades intelectuales en la realización de tareas, lo cual fue empeorando con el tiempo.

Esto sugiere que, en los individuos con desórdenes psicóticos, los signos no aparecen en la edad adulta sino que podrían remontarse a los cuatro años de edad.

A la par de un declive en el CI de los adultos con trastornos psicóticos, los pacientes con esta condición presentan también deficiencias sustanciales en habilidades como la memoria de trabajo, la atención y la velocidad de procesamiento. Lo que estos resultados sugieren es que intervenciones tempranas podrían mejorar las habilidades cognitivas de las personas con tendencia a desarrollar trastornos psicóticos y minimizar o evitar el surgimiento de síntomas en la edad adulta.

El CI en pacientes psicóticos varía en 15 puntos en relación con el CI en pares saludables; los investigadores examinan ahora los cambios cerebrales en individuos que desarrollan trastornos psicóticos, así como los potenciales riesgos genéticos y ambientales que puedan predisponer a las personas a un declive cognitivo.

Fuente: Psych Central; King’s College London

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