Se denomina colecho a la práctica de compartir la cama con alguien. Es uno de los arreglos para dormir más comunes entre padres con hijos chiquitos en algunos países. También se suele utilizar la palabra “cohabitación”, para referirse al acto de compartir el mismo cuarto pero no la cama.

Durante las últimas décadas, estas prácticas se han ido incrementando aunque llegan de la mano de grandes controversias sobre sus riesgos o beneficios a nivel físico y psicológico (Volkovich, Ben-Zion, Karny, Meiri y Tikotzky, 2015).

El debate comenzó en los años 90, durante un período de muchas investigaciones y actividad en relación a las muertes infantiles inexplicables, que ocurrían durante el sueño. Un estudio sugirió que dormir decúbito supino podría prevenir estas muertes y allí empezaron las campañas sobre la posición para dormir. Luego se hipotetizó que la apnea central podría ser una explicación (Ball, 2017).

Las tasas de muerte súbita eran altas en el occidente y los bebés dormían, en su mayoría, en cunas en una habitación separada así que se comenzó a recomendar el colecho. Posteriormente, un estudio encontró que el colecho estaba asociado a más muertes, en vez de menos (Mitchell y Scragg, 1993, citados en Ball, 2017)

Los estudios epidemiológicos iniciales tuvieron muchos problemas. Para comenzar, la definición de “muertes por colecho” variaba ampliamente de estudio en estudio (el colecho podía ser en el sofá, con los hermanos, con mascotas o con los padres), a su vez podía ser colecho usual o en noches particulares. En general, los datos no eran comparables con otros estudios e incluso no se podían comparar entre los casos de un mismo estudio (Ball, 2017).

Aunque los datos no eran sólidos todavía, se hizo claro que compartir la habitación con los padres haría menos probable que sucediera una muerte. En los años posteriores se descubrió que la cuestión era más compleja: esta política de nunca compartir la cama podría tener un impacto negativo en la lactancia materna y en la salud materna y del bebé (Ball, 2017).

También surgieron datos de culturas donde el colecho era la norma y sin embargo las tasas de muerte súbita eran menores (Ball, et al., 2012, citado en Ball, 2017).

Finalmente, algunos estudios observaron que el colecho en sí no aumentaba el riesgo de muerte súbita, pero sí cuando estaba asociado a consumo de alcohol, cigarrillos, drogas y otros arreglos para dormir como el uso de un sofá o una silla (Ball, 2017).

En este artículo revisaremos las conclusiones de una gran cantidad de investigaciones y metaanálisis sobre el colecho, además incluiremos las recomendaciones de las guías de buena práctica más utilizadas a nivel mundial, las críticas que han recibido y, por último, compartiremos algunas conclusiones.


Puntos clave

  • Aunque los que están a favor del colecho argumentan que éste trae muchos beneficios en el desarrollo psicoafectivo y físico del niño, no hay suficiente evidencia para defender dichos argumentos. A excepción de la asociación entre el colecho y el establecimiento de la lactancia materna.
  • Por otro lado, los que están en contra se esfuerzan por encontrar perjuicios del colecho, pero tampoco hay evidencia de calidad que les respalde.
  • La mayoría de los estudios sobre el colecho tienen graves fallas metodológicas y no consideran las distintas opiniones culturales sobre este.
  • El colecho si se ha asociado con el síndrome de muerte súbita del lactante, pero siempre vinculado a otros factores (uso de superficies poco seguras, madre fumadora y dormir al bebé en decúbito prono, por ejemplo).
  • Debido a la falta de datos, las guías de buena práctica recomiendan a los médicos no desaconsejar el colecho, si no más bien hablarles a los padres sobre una posible relación con la muerte súbita y prestar especial atención a familias con alto riesgo. La idea es que cada familia este informada al tomar decisiones sobre arreglos a la hora de dormir.

Tabla de contenidos


Calidad del sueño

Un estudio longitudinal, realizado en madres israelitas de clase social media-alta, utilizó medidas objetivas (actigrafía) y subjetivas (diarios de sueño) para evaluar la calidad de sueño y recolectó además datos demográficos y de cuestionarios de ansiedad y depresión. El estudio incluyó a madres primerizas ya que querían enfocarse en personas que no tuvieran experiencias en la crianza y evitar a su vez el efecto que supondría en el sueño de los padres tener más hijos e hijas. Cabe destacar que la mayoría de ellas reportó cohabitación, más que colecho (Volkovich, et al, 2015).

No encontraron diferencias significativas en las medidas objetivas de sueño para ambos arreglos (colecho/cohabitación y sueño solitario), sin embargo las madres que practicaban colecho/cohabitación sí reportaron que sus hijos se levantaban más en la noche. Para los autores esto resalta la diferencia entre utilizar medidas objetivas y subjetivas (Volkovich, et al, 2015).

En relación al sueño materno, tanto las medidas objetivas como las subjetivas muestran que la práctica del cohecho/cohabitación se vincula con un sueño más pobre que se mantenía a los 3 y 6 meses de seguimiento. Las diferencias fueron significativas incluso al controlar la variable del amamantamiento (Volkovich, et al, 2015).

Los autores del estudio ofrecen tres explicaciones hipotéticas:

  1. La madre se despierta incluso con los sonidos que emite el bebé (aunque este no se despierte).
  2. Los bebés realmente tienen despertares cortos que son notados por la madre pero no por el instrumento de evaluación objetiva.
  3. La mayor cantidad de despertares no está relacionado al cohecho/cohabitación, sino a problemas continuos de sueño de la madre.

El amamantamiento también se asoció con una menor calidad de sueño tanto del bebé como de la madre, en medidas subjetivas y objetivas. Además se asoció a una mayor tendencia a practicar colecho/cohabitación a los 6 meses del parto (Volkovich, et al, 2015).

Murthy, Bharti, Malhi y Khadwal (2015), realizaron una investigación para describir patrones y problemas de sueño en una muestra de 368 niños y niñas de entre 12 y 36 meses de Chandigarh (India). El instrumento utilizado fue un cuestionario realizado por los autores que indagaba sobre historia clínica y características del sueño; contaba con una sección no estructurada para que los padres respondieran libremente.

El 84.28% de las niñas y los niños dormían en colecho. También era alta la incidencia de despertares nocturnos frecuentes. En contraste, solo el 13% de los padres reportaron problemas de sueño aunque, según señalan los autores, este porcentaje bajo debe considerarse cautelosamente y ser analizado tomando en cuenta la cultura, ya que los padres pasan por alto algunos despertares nocturnos por considerarlos normales. Podría ser, explican ellos, que en esta cultura haya mayor tolerancia a los despertares (Murthy et al., 2015).

Un importante metaanálisis señala que los estudios han asociado al colecho con múltiples problemas de sueño como despertares en la noche, llanto nocturno, requerimiento de consuelo y levantarse de la cama a la noche, pesadillas y menos tiempo de sueño. Los científicos que llevaron a cabo esta revisión concluyen que las asociaciones entre el colecho son complejas y posiblemente distintas dependiendo de la etnia. En general, la evidencia es mixta e inconclusa y ellos creen que pueden haber sesgos culturales, ya que la mayor parte de los datos provienen de sociedades occidentales, donde el colecho no es la norma; adicionalmente, la visión cultural que se tenga sobre el colecho afectará los reportes de los padres sobre el tema y estas investigaciones se basan mayormente en los reportes de estos (Mileva-Seitz et al., 2016). Otro metaanálisis posterior también concluyó que los resultados son mixtos y están lejos de ser concluyentes con respecto al colecho y los patrones de sueño (Baddock, Purnell, Blair, Pease, Elder y Galland, 2018).

“En general, la evidencia es mixta e inconclusa y ellos creen que pueden haber sesgos culturales, ya que la mayor parte de los datos provienen de sociedades occidentales, donde el colecho no es la norma (…)”

Peters, Lusher, Bambury y Chandler (2016) también encontraron que la cohabitación y el colecho se asociaban a problemas de sueño en niños londinenses de entre 18 y 60 meses. Otro dato interesante observado en este estudio, fue que los varones sufrían más problemas de sueño que las niñas; una posible explicación ofrecida por los científicos es que los varones son más propensos a la enuresis, razón por la cual podrían haber más disturbios en el sueño.

En Taiwan, un científico quiso conocer los hábitos relacionados a una peor calidad de sueño, para lo cual reclutó una muestra de 1253 niños y niñas de entre 3 y 6 años. Como instrumento de medición utilizó un cuestionario auto-administrado que indagaba sobre datos demográficos, hábitos de sueño, donde se preguntaba sobre cohabitación y colecho) y cantidad y calidad del sueño. Es importante destacar que no se distinguió entre estas dos formas de dormir (Lo, 2016).

Lo primero que mostraron los análisis es que el colecho era muy común en las niñas y los niños taiwaneses (el 65.94% lo practicaba), mostrando números similares a los observados en China, Singapur y Japón. Generalmente se debía a que los niños y niñas no querían dormir solos, no había suficientes dormitorios, era conveniente para el cuidado o para mejorar la relación de las madres y los padres con sus hijos e hijas (Lo, 2016).

La práctica del colecho se asoció con mayores probabilidades de perturbación del sueño y resistencia a irse a dormir. La calidad y cantidad de sueño estaba marcadamente disminuida en preescolares que practicaban colecho y cohabitación, comparados con los que dormían solos. Entre los que practicaban colecho y cohabitación, éstos últimos mostraban una calidad y cantidad superior a los primeros. Es por esto que el autor recomienda que, si el padre no puede entrenar al niño para que duerma solo, opten por cohabitación (Lo, 2016).

Un metaanálisis no exhaustivo realizado en el 2017, observó un efecto negativo en la calidad del sueño del infante cuando había colecho. Los bebés tenían un sueño más ligero y períodos de sueño profundo más cortos (Jones, 2017).

Jones, Cornsweet Barber, Nikora y Middlemiss (2017), estudiaron los hábitos de sueño de los niños y niñas Māori (etnia polinésica que llegó a las islas de Nueva Zelanda), en cuya cultura el colecho es muy común. Contaron con una muestra de 58 padres o cuidadores primarios con infantes de entre 2 meses y 2 años de edad. Los instrumentos utilizados fueron una encuesta online predeterminada (y no exclusiva para esta población) para recolectar datos demográficos del cuidador y del infante, rutinas de sueño, creencias parentales, apoyo social y estrés.

Los resultados mostraron que los maoríes frecuentemente compartían la cama con sus infantes. En la muestra no hubieron diferencias en la cantidad de horas que dormía un infante en colecho comparado con quien dormía sólo (Jones et al., 2017).

Paul, Hohman, Loken, Savage, Anzman-frasca, Carper, Marini y Birch (2017), realizaron una investigación para conocer qué efecto tenían las recomendaciones de cohabitación durante el primer año del bebé de la Academia Americana de Pediatría, en el sueño.

Para ello reclutaron a bebés nacidos a término, con buen peso, de madres primerizas de habla inglesa y más de 20 años de edad. En total participaron 279 madres (se excluyó también a los padres que practicaban colecho). Las madres completaron cuestionarios a los 4, 9, 12 y 30 meses. Dichos instrumentos indagaban sobre información demográfica, médica, hábitos de sueño y modalidad de alimentación (Paul et al., 2017).

Los autores concluyen que la cohabitación a los 4 y 9 meses de edad se asociaba con menos tiempo reportado de sueño a corto y largo plazo, peor consolidación del sueño y prácticas poco seguras que han sido relacionadas a la muerte del bebé durante las horas de sueño. Con esto último, los autores se refieren a que, durante la noche, la cohabitación se transformaba en colecho (Paul et al., 2017).

“(…)las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría no describen mecanismos a través de los cuáles la cohabitación prevendría el síndrome de muerte súbita del lactante o sobre cómo aplicar la recomendación para obtener mejores resultados que aquellos padres que eligen que sus hijos duerman solos en otro cuarto.”

Los científicos explican que las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría no describen mecanismos a través de los cuáles la cohabitación prevendría el síndrome de muerte súbita del lactante o sobre cómo aplicar la recomendación para obtener mejores resultados que aquellos padres que eligen que sus hijos duerman solos en otro cuarto (Paul et al., 2017).

Beijers y Cassidy (2018) encontraron que más semanas de cohabitación en los primeros 6 meses de vida no se relacionaron con problemas de sueño más adelante (a los 6, 7 u 8 años), pero sí con mejor calidad de sueño de la niña o el niño, reportado por su madre.

Otra investigación, publicada en 2018, se interesó por conocer la asociación entre la percepción parental de problemas de sueño en el niño con sueño insuficiente de la madre y síntomas adversos de salud mental (que podrían exacerbarse con el colecho o la cohabitación).

La muestra estuvo compuesta por 281 madres e infantes (de entre 12 y 32 meses) estadounidenses de bajos recursos. Además de obtener datos demográficos, se evaluaron síntomas de ansiedad y depresión (Covington, Armstrong, Black, 2018).

Los autores encontraron una relación entre la percepción de problemas de sueño en sus hijos y síntomas de problemas de salud mental en la madre, relación que se mantiene solo con el colecho. Los autores creen que puede deberse a la disminución en la calidad del sueño de la madre asociada a estas prácticas (Covington, Armstrong, Black, 2018).

Existen estudios realizados en cazadores recolectores Hadza (un grupo étnico de Tanzania) sobre colecho. En esta comunidad, la gran mayoría de las personas practican colecho o cohabitación (el paper no aclara cuál de los dos arreglos se da más). Los autores utilizaron como instrumentos la entrevista y la actigrafía y evaluaron si la calidad de sueño difería en madres que amamantaban y que no amamantaban y en los hombres.

La muestra se compuso de 33 adultos. Los resultados sugirieron que las madres que amamantaban se levantaban más temprano y tendían a ser menos activas en el día. Adicionalmente la cantidad de personas con las que se realizaba colecho se asoció con menor duración y calidad del sueño (Crittenden, Smason, Herlosky, Mabulla, Mabulla y McKenna, 2018).

Un estudio del 2019, realizado en Estados Unidos, con 551 niños en edad preescolar (M=51.6 meses), utilizó diarios de sueño para evaluar la calidad del mismo en relación a diferentes arreglos para dormir (colecho habitual tanto con padres como con hermanos, colecho/cohabitación ocasional y sueño solitario). Sus resultados sugieren que los niños que practicaban colecho habitual dormían por menos tiempo. Los autores de este estudio no tomaron en cuenta a la siesta como un factor que posiblemente influya en los patrones de sueño de estos niños (Mason y Spencer, 2019).

Quejas somáticas

Peters, Lusher, Bambury y Chandler (2016) realizaron un estudio en Londres, sobre la relación entre el colecho/cohabitación, el amamantamiento y las quejas somáticas en la niñez. Para ello contaron con la participación de 98 padres (16%) y madres (84%) de niños (51%) y niñas (49%) de entre 18 y 60 meses (M=36 meses). Estos padres y madres tenían entre 1 y 4 hijos, aunque la mayoría tenía 2. La cohabitación (cama separada en el cuarto de los padres) fue el arreglo para dormir más mencionado.

Como instrumentos de evaluación utilizaron un cuestionario sobre amamantamiento y colecho/cohabitación, el CBCL 1.5 y un cuestionario sobre hábitos de sueño. Es importante tomar en cuenta que estos instrumentos confían en la memoria del informante sobre patrones de sueño y alimentación. Ellos encontraron un vínculo entre las quejas somáticas en la niñez temprana, la cohabitación/colecho y el amamantamiento (Peters et al., 2016).

Un metaanálisis reporta que se asociaron varios trastornos somáticos y genéticos con el colecho: migrañas y dolores de cabeza en niños y adolescentes, reflujo gastroesofágico, dermatitis, epilepsia, convulsiones febriles, síndrome de down y discapacidad intelectual (Mileva-Seitz et al., 2016).

Asma e infecciones respiratorias

Un interesante estudio holandés quiso conocer si el colecho podría estar relacionado con el jadeo y el asma. Para ello contó con una muestra de 6160 niños. Ellos encontraron que no había asociación entre la práctica del colecho en la infancia temprana (2 meses) y el jadeo o el diagnóstico de asma en los primeros 6 años. Sin embargo, dicha asociación sí aparecía con el asma posteriormente (24 meses). Los autores creen que, dado que el asma suele suceder en la noche, los padres están más pendientes y utilizan el colecho como método de monitoreo (Luijk, Sonnenschein-van der Voort, Mileva-Seitz, Jansen, Verhulst, Hofman, Jaddoe, Jongste, van IJzendoorn, Duijts y Tiemeier, 2014).

En Gambia se realizó un trabajo que intentaba conocer factores de riesgo para la neumonía infantil. Para ello compararon dos grupos: el primero conformado por niños con neumonía severa (n=454) y el segundo por pequeños que tenían neumonía leve (n=319). Los instrumentos utilizados fueron la revisión clínica, visitas al hogar, entrevista a los padres y medición de la exposición a la contaminación ambiental en la casa. Los autores escriben: “encontramos evidencia consistente de una asociación entre el colecho con alguien que tose y las neumonías severa y leve” (Howie, Schellenberg, China, Idee, Ebruke, Oluwalana, Mackenzie, Jallow, Njie, Donkor, Dionisio, Goldberg, Fornace, Greenwood, Smith, Adegbola y Mulholland, 2016).*

Mileva-Seitz et al. (2016) mencionan un estudio de Brasil que encontró que los niños que practicaban colecho a la edad de 3 meses, pero que no eran amamantados, presentaban mayores tasas de admisión a hospitales por neumonía.

Las interpretaciones de estudios sobre el tema deben ser cuidadosas

Es importante destacar que, aunque podría ser tentador señalar una relación causal, también puede suceder que los niños con problemas respiratorios son llevados a la cama para mejor monitoreo. Las interpretaciones de estudios sobre el tema deben ser cuidadosas.

Otra investigación que quería estudiar la prevalencia del colecho en las familias de niños que acudían a consultas pediátricas de Atención Primaria, encontró que los niños que practican colecho se despiertan más veces en la noche y son propensos a padecer procesos infecciosos en las vías bajas (Martín Martín,Sánchez Bayle y Teruel de Francisco, 2017).

Una revisión más reciente no encontró asociación entre el colecho y problemas posteriores con asma y jadeo, ni mayor riesgo de ser hospitalizado por neumonía si el niño era amamantado (Baddock, Purnell, Blair, Pease, Elder y Galland, 2018).

Síndrome de muerte súbita del lactante

El síndrome de muerte súbita del lactante es un diagnóstico bastante especial, ya que indica el fallecimiento del bebé de forma inesperada y sin causa aparente. Se ha relacionado con frecuencia con la práctica del colecho, ya que puede ocurrir que las cavidades nasales se vean obstruidas por la ropa de cama u otros objetos cuando la madre y el bebé están cerca.

Scragg y Mitchell (1998) hicieron una revisión de estudios sobre el síndrome de muerte súbita del lactante que contaran con datos sobre colecho y posición para dormir. Ellos encontraron que el riesgo de muerte súbita disminuía si se ponía a los bebés a dormir sobre sus espaldas. En cuanto al colecho, había un riesgo mayor de muerte súbita si la madre era fumadora. Es decir que dicho arreglo para dormir era peligroso combinado con otros factores (posición para dormir y madre fumadora). Todavía no es claro si el colecho en sí tiene una relación con la muerte súbita del lactante.

Todavía no es claro si el colecho en sí tiene una relación con la muerte súbita del lactante

Un estudio longitudinal irlandés, que duró 8 años (1994-2001), se interesó por conocer si realmente el colecho era un factor de riesgo. La investigación era parte de un control de casos a nivel nacional sobre muerte súbita del lactante. Se incluyeron todos los casos reportados como Síndrome de muerte súbita del lactante en ese período de tiempo (n=287). Además contaron con un grupo control (n=831). La edad media de los casos de muerte era de 16.4 semanas y la edad promedio de los bebés del grupo control al momento de la entrevista era de 21.8 semanas. Los autores indagaron sobre datos demográficos, hábitos de sueño, estatus social, peso al nacer, género, consumo de alcohol de los padres, historia de enfermedades del los padres desde el parto, ropa utilizada por el bebé, características de la ropa de cama y práctica de colecho en cama, sofá y/o silla.

Los resultados indican una alta prevalencia de colecho entre los casos de muerte súbita del lactante en la población irlandesa (49%). Sin embargo, en la mayoría de los casos (87%) la madre había fumado durante el embarazo (y la mitad de éstas madres no estaban acostumbradas a dormir en colecho). El hábito de fumar se relacionó con la muerte súbita sin importar si se practicaba colecho o no. Otros factores que podrían mediar el riesgo de muerte súbita durante el colecho según el estudio, son: (a) que el riesgo de muerte súbita aumentaba cuando el infante había nacido con bajo peso, los autores creen que el hábito de fumar durante el embarazo podría influir en el peso del bebé al nacer; (b) había mayor riesgo cuando el infante se encontraba durmiendo entre dos adultos, comparado a dormir al lado de un adulto; y (c) el sobre-calentamiento o la hipoxia inducida por respirar lo que expiraban los padres (McGarvey, McDonnell, Hamilton, O’Regan, Matthews, 2005).

“El hábito de fumar se relacionó con la muerte súbita sin importar si se practicaba colecho o no.”

En el año 2014, Fleming, Pease y Blair realizaron una revisión de estudios epidemiológicos e identificaron algunos factores que hacen que el peligro relacionado al colecho sea mayor o menor.

Estos científicos definieron al colecho como el hecho de que el infante comparta cualquier superficie con un adulto para dormir. Los estudios observacionales que cumplieron con los estrictos criterios de inclusión fueron 11 y provenían del Reino Unido, Estados Unidos, Irlanda, Noruega, Alemania y Nueva Zelanda. Ellos encontraron que el colecho indicaba un riesgo más elevado de síndrome de muerte súbita del infante; también el hecho de que la madre fuera fumadora y practicara colecho mostró un riesgo significativo; a su vez, otro factor significativo fue el colecho con bebés de menos de 12 semanas; los autores señalan suficiente evidencia sobre el uso de alcohol y otras drogas y el uso del sofá en el colecho, en relación a la muerte súbita (Fleming et al., 2014).

En dicha revisión no se encontró riesgo significativo de muerte súbita cuando se tomaba en cuenta los casos de colecho sin los otros factores de riesgo (cigarrillo, alcohol, drogas, dormir en sofá, bebé menor de 12 semanas, prematuro o con bajo peso al nacer).

Otro dato interesante de esta revisión es que el efecto protector del amamantamiento contra la muerte súbita solo se encontró entre aquellos que no practicaban colecho. Por otro lado, era menos probable que los padres que practicaban colecho pusieran a dormir al bebé decúbito prono (asociado a la muerte súbita), pero el riesgo de hacerlo era mayor para los que no compartían cama (Fleming et al., 2014).

Según estos científicos, hasta la fecha de publicado su trabajo, no existían datos publicados sobre si reducir la prevalencia de colecho, disminuiría también las tasas de Síndrome de muerte súbita del lactante (Fleming et al., 2014).

Según estos científicos, hasta la fecha de publicado su trabajo, no existían datos publicados sobre si reducir la prevalencia de colecho, disminuiría también las tasas de Síndrome de muerte súbita del lactante

Mollborg, Wennergren, Almqvist y Alm (2015) utilizaron autopsias hechas hasta la edad de 365 días desde 2005 hasta 2011, registros médicos de hospitales y datos adicionales del registro médico de nacimiento sueco, para conocer las circunstancias asociadas a las muertes súbitas en la infancia.

Se examinaron 136 casos de muerte súbita del lactante. Los registros médicos eran pobres en relación a información sobre colecho, posición al dormir, hábitos de fumar, amamantar y utilizar chupete. Sin embargo, se observó una prevalencia significativamente mayor de colecho en estos casos; también seguían habiendo muchos niños durmiendo en decúbito prono (Mollbord, et al., 2015).

Un importante metaanálisis, que revisó 659 papers publicados sobre el tema, encontró presuntos riesgos entre el colecho y la obstrucción de vías respiratorias, el acostarse sobre alguien, asfixia, sofocación mecánica, estrangulamiento, hemorragia nasal y sangrado oral nasal. Las observaciones de laboratorio muestran que hay prácticas potencialmente inseguras que suceden durante el colecho: uso de ropa de cama de piel de oveja, ropa de cama suave, uso de botella de apoyo, dormir en el sofá, almohadas, decúbito prono. Otros estudios pequeños encontraron que habían más casos de vías respiratorias cubiertas en los niños que dormían en colecho, comparados con los que no lo hacían. Varios estudios más recientes sugieren que la evidencia sobre los riesgos del colecho es de baja calidad (Mileva-Seitz, Bakermans-Kranenburg, Battaini y Luijk, 2016).

En el 2016, Ferrer Lanchares realizó una revisión bibliográfica sobre la evidencia científica que asocia la práctica del colecho con el Síndrome de muerte súbita del lactante. Ella concluye que, al momento de publicar su trabajo, no existían estudios fiables que demostraran una asociación en ausencia de otros factores influyentes.

Un metanálisis que solo incluyó literatura de enfermería concluyó que había mayor riesgo de muerte súbita cuando estaban presentes ciertos factores como: dormir en superficies no seguras (sofá, silla), consumir alcohol, fumar, uso de otras drogas y edad del bebé, es decir que éste tuviera menos de 12 semanas (Jones, 2017). Algunos estudios que revisaron, reportaban un riesgo más elevado de muerte súbita en bebés que eran amamantados, tenían menos de 12 semanas y dormían en colecho con un padre no fumador (Carpenter et al, 2013, citado en Jones, 2017).

En general, el autor resalta que muchos de los resultados eran variados y contradictorios, lo que deja más confundidas a las familias (Jones, 2017).

Gutiérrez, Rodríguez, Beltramo, Kanopa, Palenzuela, García, Scavonne, Albini y Rubio (2017) analizaron las patologías encontradas y las circunstancias que rodearon la muerte de 591 menores de un año, fallecidos en forma súbita e inesperada. Ellos encontraron que en el 72% de los casos se había practicado colecho múltiple o asociado a decúbito prono u otros factores de riesgo. Cabe destacar que los investigadores utilizaron datos disponibles de la autopsia, estudios realizados, historia y entrevista y parte policial.

De acuerdo a un estudio longitudinal, que duró 3 años (2012-2015) e intentó detectar las razones por las que la muerte súbita en el lactante continuaba presentando tasas elevadas en Nueva Zelanda (especialmente en indígenas Māori), la combinación del colecho con una madre fumadora demostró ser extremadamente peligrosa (Mitchell, Thompson, Zuccollo, MacFarlane, McDonald, Lawton, Schlaud y Fleming, 2017).

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