Clotilde Sarrió escribió en su blog, Gestalt Terapia, un completisímo artículo sobre el fenómeno de Tinder e incluye información sobre el contexto en dónde surgió y sus implicaciones en nuestra conducta y salud. Te lo recomiendo:

Independientemente de las connotaciones sociológicas y psicológicas expuestas a lo largo del artículo, nos encontramos con que algo tan simple como deslizar el ratón del ordenador y tener al instante una cita para el fin del semana, es una revolucionara manera de conocer y de relacionarnos con otras personas.

Se trata de un mecanismo que tiene una base neurofisiológica según ha descrito Rob Henderson a partir de un estudio del Donders _Center for Cognitive Neuroimaging_ de Holanda, donde se asegura que la región cerebral que procesa las recompensas químicas, se muestra mucho más activa cuando una persona contempla un rostro atractivo.

Si a esto le añadimos el factor de impredecibilidad e incertidumbre(no saber cuándo la persona seleccionada dará un match como respuesta), el circuito de recompensas se excitarán más todavía. La consecuencia es que el individuo se mantendrá a la expectativa merced a un enganche similar al de una adicción.

Según estos estudios, Tinder modifica ciertas respuestas de nuestro cerebro. Inicialmente, la activación dopaminérgica —la misma que proporciona agradables sensaciones de recompensa—solo tendrá lugar si se recibe una respuesta de la persona seleccionada (en nuestro caso, un match a través de la app).

No obstante, conforme se haga mas frecuente la utilización de Tinder, el organismo acabará generando dopamina no sólo al recibir un match, sino también ante señales que predigan que la respuesta va a llegar.

Esta simplificación para recibir una recompensa química ante simples modificaciones que hagan sospechar la proximidad del match, traducido a un lenguaje más comprensible, será indicativa de que se ha instaurado una adicción. Por ello, el mejor modo de detección y prevención de esta situación, es ser consciente de ello y de las consecuencias negativas inherentes al abuso — y consecuente enganche — a cualquier red social.

Lee el artículo completo en Gesltat Terapia.

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