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La psicóloga Nadene van der Linden publicó recientemente un artículo en Psych Central acerca de lo que muchos hemos experimentado como “respuestas automáticas” ante eventos estresantes del día a día.

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El post, titulado “Cómo dejar de gritar”, brinda a los lectores (y también a los entendidos) herramientas fáciles de aplicar para modificar comportamientos reactivos indeseados y mejorar nuestra capacidad de mantener la calma en situaciones de tensión.

A continuación, compartimos contigo las claves del artículo:

1. Indaga en la causa de tus reacciones instintivas

Es importante profundizar en lo que se encuentra debajo de tu reactividad. Examina qué es lo que te genera molestia en esas situaciones en las que gritas. ¿Hay un patrón de conducta? ¿Qué habilidades o medidas puedes aprender para que tus comportamientos cambien? ¿Necesitas modificar tu forma de pensar acerca de una situación o una persona?

De igual forma, revisa las creencias que puedan estar impulsándote a reaccionar de forma negativa.

2. Aborda los beneficios de reaccionar como lo haces

Si gritar a los demás en una situación de estrés te hace sentir bien u orgulloso de ti mismo entonces hablamos de una recompensa emocional ante un patrón de conducta que necesita ser desechada para que ocurra un cambio.

Practica renunciar a ella a corto plazo de, examina la sensación de alivio y comodidad que esto puede representar para ti y así, a largo plazo, verás que resulta más sencillo actuar de una forma distinta, más acorde a la persona que quieres ser.

3. Aprende a manejar tus síntomas físicos de estrés

Si hay algo que viene bien aprender es a reconocer nuestro lenguaje corporal y así saber cuándo estamos comenzando a perder la paciencia.

Abordar nuestros síntomas de estrés físico puede ayudarnos a interceptar el volcán antes de que la lava lo arrase todo. Entonces, la vieja técnica de “Respirar profundo y no entrar en pánico” puede ser más efectiva de lo que pensamos, ya que si manejamos nuestros síntomas físicos resulta mucho más fácil gestionar nuestro comportamiento.

Aprende a interpretar tu ritmo cardíaco, tu respiración, tu forma de sentirte o incomodarte respecto a un tema; actuando a tiempo, es posible prevenir cualquier posible reacción indeseada.

4. Cuando te sientas abrumado, concéntrate en el momento presente

Enfócate en lo que hay a tu alrededor, en lo que puedes ver, oír, oler, saborear y tocar en ese momento. Elije un estímulo visual, auditivo u olfativo que te resulte agradable y practica la apreciación constante, como el sonido de la brisa o el olor de la comida.

Concéntrate en esta única cosa hasta que te sientas mejor.

5. Practica la atención plena o mindfulness

El mindfulness te enseña a enfocar tu mente en cosas como la respiración o el momento presente en lugar de volcarte del todo en el contenido de tus pensamientos.

Las personas que practican mindfulness experimentan un estrés y ansiedad mucho más reducido, ya que el mindfulness ayuda a aumentar la sincronía entre la forma en que pensamos y la forma en la que nos sentimos. Todo esto aporta beneficios como una menor tendencia a gritar y a sentirse intranquilo.

Fuente: Psych Central

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