Imagen: Pexels

¿Cuándo no ayuda la gente? Con esta pregunta en forma negativa se iniciaron las investigaciones sobre los factores contextuales que influyen en la conducta de ayuda.

“El incidente de Kitty Genovese”: El 13 de marzo de 1964, Catherine Susan Genovese, más conocida como Kitty Genovese, de 28 años de edad, tras finalizar su turno de trabajo como camarera en uno de los bares de Manhattan se subió a si coche y se fue a su casa en Queens. Aparcó su coche a unos metros de su apartameto y al bajarse un hombre le asaltó y le apuñalo dos veces en la espalda. Kitty gritó pidiendo ayuda y uno de los vecinos respondió gritándole al asesino: “Deja a esa chica en paz”.  Puedes leer el reporte que hizo The New York Times sobre el caso de Kitty Genovese.

El asesino (Winston Moseley) huyó del lugar y se escondió en un callejón, unos quince minutos más tarde y viendo que nadie se preocupaba por ella volvió a buscarla y al ver a Kitty inconsciente en el suelo le cortó la ropa interior, abusó sexualmente de ella y terminó por robarle el dinero. Tras la agresión sexual le apuñalo varias veces más y se fue sin que nadie hiciera nada por detenerlo. Un vecino llamó a la policía pero al llegar la ambulancia ya era demasiado tarde para ayudar a Kitty Genovese quién murió de camino al hospital Según los vecinos, Kitty no paró de gritar en todo momento “¡Me muero! ¡Me muero!”.

Este asesinato de finales de los años setenta despertó el interés por la conducta altruista y los factores situacionales que influyen en ella.

Por extraño que parezca, lo que suscitó el interés de los psicólogos sociales de aquélla época no fue el asesinato en sí mismo, sino la reacción de los 38 testigos que presenciaron los 45 minutos íntegros del incidente y no hicieron nada  para evitarlo.

Artículo relacionado:
Aprendiendo valores a través del deporte

¿Cómo es posible que 38 testigos, personas normales, vecinos de la víctima, no acudieran a su rescate? Debido a que todos ellos reaccionaron de la misma forma, no parecía probable que la explicación estuviera en rasgos de personalidad o en características propias de cada individuo, sino más bien en variables de la situación y el modo en que son interpretadas por los que se encuentran en ella.

La Teoría de la Difusión de la Responsabilidad o el Efecto Espectador

Las investigaciones de los psicólogos sociales John Darley y Bibb Latan se centraron en las variables de la situación y en las interpretaciones de los observadores ante una situación de emergencia. Con una hipótesis inicial nada intuitiva reprodujeron en el laboratorio algunos de los aspectos presentes en aquella noche en que Kitty perdió la vida, confirmándose que cuanto mayor es el número de observadores, menor será la probabilidad de que cualquiera de ellos preste ayuda a la persona necesitada. Lee su investigación original en formato PDF.

efecto espectador

La ausencia de una respuesta de ayuda por parte de los vecinos fue denominada por Darley y Latané como «efecto de difusión de la responsabilidad o efecto espectador». Ellos concluyeron que “contrariamente a las expectativas comunes, a mayor número de espectadores observando a alguien en peligro, menor es la probabilidad de que alguien asuma la responsabilidad de dar el primer paso para ayudar a esa persona».

¿Cuáles son las razones qué explican esta hipótesis tan poco intuitiva? Entre las explicaciones de los investigadores se encuentran el hecho de que los espectadores ven que otros tampoco están ayudando, que creen que habrá alguien mas cualificado para ayudar que ellos, y que se sienten inseguros sobre cómo ayudar mientras otros están mirando.

Artículo relacionado:
Carl Rogers sobre la aceptación

¿De qué depende que ayudemos?

Cuando nos encontramos con una situación en que una persona solicita o necesita ayuda el que estemos dispuestos a ayudar depende en primer lugar de la balanza costes-beneficios (¿Tengo capacidad para ayudar a esta persona? ¿Qué voy a ganar con esta acción? ¿Me traerá problemas el ayudar?). Una vez que hemos tomado la opción de ofrecer nuestra ayuda al saber que podemos hacerlo y estamos dispuestos a ello, las siguientes preguntas que aparecen son: ¿Debo ser yo? ¿No hay más personas? Aquí juega un papel esencial el miedo ante el cómo los demás juzguen nuestra actuación.

¿Cuáles son las principales preguntas que hacen que eludamos la responsabilidad de prestar ayuda?

En una sociedad en la que el bienestar propio y el individualismo ganan cada vez más adeptos en contra de una conducta pro social inherente del ser humano, algunas de las preguntas que nos asaltan en forma de obstáculos y que dificultan o impiden que ayudemos son:

  1. ¿Tengo alguna responsabilidad en lo que esta sucediendo? ¿Debo ayudar?

  2. ¿Tengo capacidad para ayudar?

  3. ¿Será malo para mí ayudar?

  4. ¿Qué dirán de mí los demás?

¿Cómo es tu comportamiento ante una emergencia ajena? ¿Ayudas o esperas a que otros tomen la iniciativa?

Como seres humanos estamos capacitados para ayudar a los demás y, por el otro lado, como seres sociales somos responsables de ofrecer dicha ayuda. Además, no olvides que  tu comportamiento de ayuda servirá de modelo a los demás observadores.

Miriam Navais
Soy Licenciada en Psicología por la Universidad de Granada en el 2009. (Promoción 2004-2009).Psicóloga Especialista en Psicología Clínica vía PIR. Psicóloga Interna Residente en el Hospital Regional Universitario Carlos Haya de Málaga. Título oficial otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. (Promoción 2010-2014). Máster en Terapia Relacional Sistémica por la Universidad Autónoma de Barcelona. (Promoción 2010-2013). Especialista en Terapia Familiar y de Pareja. Curso de experto en Psicología Clínica y Psicoterapia Infantil por el Instituto Superior de Formación Apertura Psicológica (ISFAP) (2014). Actualmente cursando el Experto Universitario: “El Maltrato Infantil: Aspectos clínicos, Prevención y Tratamiento” por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).