“La psicología tiene un largo pasado pero apenas una breve historia”

Hermann Ebbinghaus

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La Psicología moderna es producto de un largo proceso evolutivo que se remonta a los cimientos de la civilización occidental, en la antigua Grecia, y que tiene como punto de partida la incursión de los filósofos clásicos en el estudio de lo cosmológico, donde quedaba comprendido el concepto psique  como una especie de soplo o aliento contenido en el ser humano durante su vida y que abandonaba el cuerpo tras su muerte.

Para Hergenhahn (2011), referirse a la historia de la psicología puede llegar a suponer un problema, pues aunque es una noción aceptada que la filosofía griega impulsó las bases de lo que hoy es la ciencia de la conducta y los procesos mentales, se torna un poco más complejo establecer si fue con esto (es decir, con los primeros tratados filosóficos concernientes al alma, la mente y la conciencia) que surgió la psicología, o si, por el contrario, sería más exacto fijar su inicio en el siglo XIX con el laboratorio de Wundt, el primero destinado a la psicología experimental.

No obstante, independientemente del factor temporal, no puede negarse que los antecedentes de la psicología como ciencia conservan un vínculo estrecho con los postulados de figuras como Platón y Aristóteles, en la filosofía clásica, o Descartes, en la filosofía moderna. Esta relación deriva del hecho de que gran parte de los fenómenos que estudia actualmente la psicología (como el aprendizaje, la percepción, la memoria y el conocimiento) fueron abordados en un principio por la filosofía griega, sobre todo durante el periodo ontológico o periodo del estudio del ser.

Platón y el mundo de las ideas

Uno de los postulados filosóficos en torno al origen o naturaleza del conocimiento que guarda mayor relación con la psicológica actual, fue elaborado por Platón. Para el discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, existían dos mundos: el mundo de las ideas o mundo suprasensible, y el mundo sensible o mundo de las cosas materiales.

Originalmente, el alma habitaba en el mundo de las ideas y en él era capaz de asimilar todos los conocimientos, que emanaban de una fuente superior; sin embargo, en un momento dado, el alma era arrojada al mundo de las cosas materiales, encarnada en un cuerpo humano y despojada de todos los conocimientos propios del espacio suprasensible. Esta teoría epistemológica sugiere un conocimiento innato de las cosas, al alcance de todos mediante el uso de la razón.

Platón hace, además, una división del alma, otorgando a cada “fragmento” una cualidad innata: está el alma racional, ubicada en la cabeza y dedicada al pensamiento lógico; el alma apetitiva, ubicada en el abdomen y concerniente al amor y al erotismo; y el alma valerosa, ubicada en el pecho y encargada de la ejecución de la voluntad. Con esto, Platón se apega a lo que hoy conocemos como nativismo, postura psicológica según la cual hay ciertas conductas que son nativas o innatas, presentes en el individuo desde su nacimiento.

La tabla rasa

Aristóteles, por otro lado, se desentendió de la dicotomía platónica idealista que habla de un mundo suprasensible y un mundo sensible para adoptar una postura esencialmente materialista. Nos habla, así, de una tabla o tabula rasa, u hoja en blanco, que simboliza la mente humana; con esto, Aristóteles reniega la tesis de un conocimiento preconcebido, dando por sentado que el hombre nace con la mente vacía y que va aprehendiendo y aprendiendo de su entorno, una postura empirista.

El discípulo de Platón, sin embargo, concuerda con él en la tricotomía del alma, considerando la existencia de un alma vegetativa, común a la vida y que compartimos con las plantas; un alma sensitiva, común a los sentimientos y que compartimos con los animales; y un alma racional, propia de los seres humanos en tanto representa la capacidad de pensar lógicamente.

Descartes: un preámbulo del conductismo

La psicología filosófica continuó con Descartes, en el renacimiento, quien destacó la importancia de diferenciar entre las “pasiones” impulsadas en el sujeto por el alma y aquellas impulsadas por el cuerpo, lo cual puede interpretarse como la división entre los fenómenos psíquicos de carácter cognitivo y los de carácter biológico. Descartes creía en la existencia de un órgano cuya función principal era la interacción entre la mente y el cuerpo, y estableció que este órgano era la glándula pineal, localizada en el cerebro, por considerar que, a diferencia de casi todas las demás estructuras cerebrales, no se duplicaba.

Descartes concilió el nativismo de Platón y el empirismo de Aristóteles al señalar que hay dos principales tipos de ideas: las innatas (como lo es la conciencia del yo), y las derivadas, que se obtienen mediante la experiencia (como los conceptos de tiempo, espacio y movimiento). Sin embargo, quizás el aporte más significativo de René Descartes sea el plasmado en su obra Las Pasiones del Alma (1649), donde formula un preámbulo del conductismo ejemplificando el mecanismo Estímulo-Respuesta:  

Si alguien lanzara súbitamente su mano hacia nuestros ojos, como si fuera a golpearnos, aun cuando sepamos que él es nuestro amigo, que solo lo está haciendo en broma (…) sería muy difícil para nosotros evitar cerrar los ojos. Esto demuestra que no es por medio del alma que se cierran, ya que es en contra de nuestra voluntad (…) sino que se debe a que la máquina de nuestro cuerpo está compuesta de tal modo que el movimiento de esa mano hacia nuestros ojos suscita otro movimiento en nuestro cerebro, que dirige a los espíritus animales hacia los músculos que hacen descender los párpados.

Psicología: Historias y Sistemas, de James F. Brennan (2000. p. 60)

Homo homini lupus: el hombre es el lobo del hombre

El filósofo inglés Thomas Hobbes, en su tesis sobre la naturaleza humana (que viene a ser una teoría de la violencia), se adhiere a una postura afín con la que, años más tarde, publicaría Sigmund Freud en “El malestar en la cultura” (1930).

Para Hobbes, el hombre es un animal agresivo por naturaleza, una realidad que impulsa necesariamente el surgimiento de la figura del Estado, a quien el individuo entrega todos sus derechos para que este los “administre”, dictando leyes y asegurándose del cumplimiento de las mismas en pos del orden social. Esta función de ente regulador sería atribuida más adelante, bajo la perspectiva freudiana, a la cultura, a la cual Freud veía como el conjunto de normas y limitaciones impuestas al individuo con el fin de maniatarlo, de privarlo de sus instintos básicos para permitirle vivir en sociedad.

Hobbes, en su obra “Leviatán” (1651), emplea la locución latina homo homini lupus cuyo significado es: “el hombre es el lobo del hombre”, para apoyar su teoría de las bases innatas de la conducta violenta en el ser humano.

De la sensación a la reflexión

En su “Ensayo sobre el entendimiento humano”, el filósofo John Locke se opuso a la teoría de las ideas innatas, abogando por un empirismo radical que explicaba cómo el conocimiento podía efectuarse mediante dos vías: la sensación y la reflexión.

Las ideas adquiridas por medio de la sensación eran producto de una estimulación sensorial directa, mientras que, en el segundo caso, las ideas eran asimiladas a través de la reflexión de una estimulación sensorial ya pasada. En otras palabras, o se captaban las ideas de una experiencia sensorial inmediata o se llegaba a ellas mediante la reflexión, que venía a ser la “capacidad de la mente para pensar en sí misma” (Hergenhahn, 2011. p. 143).

Locke fue, además, pionero del asociacionismo, principio que utilizó para explicar el surgimiento de las creencias erróneas o defectuosas, a las que otorgó cierto grado de locura por ser contrarias a la razón. Las creencias erróneas, decía Locke, eran aquellas a las que el individuo llegaba por una correlación inadecuada de ideas que podían tener una base natural (como el aroma de un jazmín que da forma en la mente a la imagen de un jazmín), o ser fortuitas (la aversión de un individuo hacia cualquier miembro de la fuerza pública como consecuencia de haber sido víctima de abuso de poder en manos de un miembro).   

El conocimiento a priori y a posteriori

El filósofo alemán Immanuel Kant realizó aportes significativos fundamentando el criticismo, corriente filosófica de la epistemología que vino a conciliar el racionalismo y el empirismo al afirmar que el aprendizaje podía darse tanto a través de la razón, como afirmaba Platón, como de la experiencia, conforme a Aristóteles.

Kant hablaba de un conocimiento a priori (antes de) y a posteriori (después de), sugiriendo, así, la posibilidad de que existiesen ideas o conocimientos innatos. Este principio lo expuso aludiendo el aprendizaje de un idioma, un proceso en el cual interviene el conocimiento a posteriori (del idioma en sí) pero también el a priori (la disposición innata para aprenderlo).  

Nietzsche y el Superhombre

Para el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, la vida se rige por un principio universal de voluntad de poder basado en dos estados: conservación y expansión. La vida se conserva a sí misma, se protege, se alimenta, y por ello subsiste; no obstante, la subsistencia inmediata no es suficiente, y por ello la vida requiere expandirse, aumentarse en sí misma. De lo contrario, se extingue.

Para Nietzsche, la expansión se materializa en el camino del ser humano rumbo a convertirse en lo que llamó Superhombre o Übermensch (en alemán); un sujeto liberado, autosuficiente, desprovisto de las debilidades humanas. En su camino hacia el Übermensch, el hombre comienza por ser un camello, pues el camello tan solo agacha el lomo y acepta la carga (que se interpreta como los prejuicios y obligaciones morales, las imposiciones sociales, etc.); evoluciona para convertirse en león, animal de naturaleza rebelde, autosuficiente y que no se somete como el camello, para convertirse, finalmente, en niño, pues los niños poseen nobleza de espíritu y una libertad natural para aprender sin limitaciones.  

Esta idea tripartita de la personalidad humana guarda semejanza con las figuras del Ello, el Yo y el Superyó que desarrollase, en la contemporaneidad, Sigmund Freud en su teoría psicoanalítica.   

El físico teórico Paul Dirac decía que la filosofía era solo una forma de hablar de cosas que ya se habían descubierto.

A lo mejor.

Referencias

  • Hothersall, David. (2005) Historia de la psicología. México. McGraw-Hill Interamericana.
  • Hergenhahn, B.R. (2011) Introducción a la historia de la psicología. México. Cengage Learning Editores.   
  • Brennan, James F (2000). Psicología: Historias y Sistemas. México. Pearson Educación.
Rita Arosemena P.
Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.