Clara Marín escribe para El Mundo:


“Yo tenía un hueco en el vientre que al principio me resultaba insoportable. ¡Cómo se puede vivir, amar, trabajar, criar o disfrutar cuando tienes un agujero? Estás rota, no estos entera. Al final acepté que no iba a rellenarse ese agujero. Nunca. Un día, de pronto, caн en la cuenta con mucha emoción de que un agujero no tiene por qué ser algo tétrico, estéril, triste y negro. Un agujero es el hueco de la guitarra, es una maravillosa caja de resonancia. No podría ser mi hueco del vientre la caja de resonancia para el dolor de otros?”

Y:

“Yo hoy afirmo sin que me de ninguna vergüenza que volvería a gestar y parir a mis hijos, y sé que a muchos esto les parecer una locura. Evidentemente, yo quería que estuvieran vivos, por supuesto, pero si me dieran a elegir entre no haberlos tenido nunca y esto, elegiría esto, porque mis hijos me han dado mucho amor”. Juan, su ‘bebé arcoíris’ es solo una muestra de ese amor del que habla. “Se llama así a los niсos que nacen después de una muerte perinatal, porque aunque todavía está lloviendo, sale el sol”

Lee el artículo completo en El Mundo.

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