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Desligándonos de la mitología popular que concibe la depresión clínica como un asunto de “distracción y ociocidad”, es importante resaltar que la depresión postparto se considera un trastorno de hecho muy frecuente que, de no ser tratado a tiempo, puede derivar en una depresión grave con una duración de meses o incluso años.

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El hecho de que la depresión postparto sea un desorden emocional verídico puede ser todavía una sorpresa para muchos, pero un alivio para cientos de madres que han dado a luz recientemente y que experimentan un declive en su autoestima y niveles de satisfacción en torno a su relación de pareja.

Un estudio próximo a ser publicado en el Journal of Personality and Social Psychology viene a aportar más datos al debate. De acuerdo con los resultados de la investigación, conducida en Noruega, un gran porcentaje de la población general de mujeres experimenta este declive en la autoestima luego de dar a luz, el cual se prolonga al menos durante los tres años siguientes.

El estudio fue realizado con una muestra de 85,000 madres a quienes se pidió completar un cuestionario antes, durante y después de dar a luz. El patrón que hallaron los investigadores indica que las mujeres experimentan cambios físicos durante el embarazo y que esto afecta negativamente su autoestima.

tener un bebé desencadena un cambio importante en las responsabilidades dentro del hogar, así como un nivel de agotamiento que seguramente desafía la resistencia de cualquier pareja

Los primeros seis meses de embarazo, la autoestima parece aumentar, quizás por la idea de la maternidad y la oportunidad que esta ofrece de experimentar un sentido trascendental de la vida. Sin embargo, más allá de los seis meses, los diversos cambios biológicos, psicológicos y sociales involucrados en la tarea de cuidar a un bebé podrían comenzar a tener un impacto adverso sobre cómo una mujer se ve a sí misma y a los demás, especialmente a su pareja.

Este último punto podría explicar los hallazgos en torno a los niveles de satisfacción de la relación, que para las madres primerizas fue alto durante el embarazo, pero disminuyó drásticamente en torno al parto y luego fue decreciendo gradualmente en los años siguientes. Hubo un patrón de cambio similar, aunque menos drástico, para las mujeres que iban a ser madres por segunda, tercera o cuarta vez.

La satisfacción de la relación y la autoestima también tienden a correlacionarse con el tiempo, lo que indica que estos dos factores están relacionados, al menos en los tres años después del nacimiento del niño. Esto tiene un sentido intuitivo: tener un bebé desencadena un cambio importante en las responsabilidades dentro del hogar (así como un nivel de agotamiento que seguramente desafía la resistencia de cualquier pareja), y las teorías de la autoestima enfatizan los vínculos entre la autoestima y las relaciones sociales de aceptación y pertenencia.

Los investigadores también buscaron determinar si factores como la convivencia entre la madre y el padre, su situación laboral o su nivel de educación alteraban la trayectoria de la autoestima y la satisfacción de la relación después del parto. Si bien hubo algunas asociaciones entre estos factores “covariantes” y la autoestima y la satisfacción de las relaciones, los investigadores destacan que “la mayoría de las covariables no predicen fuertemente los cambios a corto o largo plazo en la autoestima materna y en la satisfacción de las relaciones”.

Es importante indicar que existen limitaciones importantes para este estudio, como la falta de datos antes de la 18ª semana de embarazo y posterior a los tres años de parto, lo que significa que no está claro cuánto tiempo habría durado concretamente el declive en la autoestima.

Fuente: Research Digest; OSF

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