Actualmente somos testigos de la expansión del uso de las distintas redes sociales, como Facebook y Twitter. Incluso resulta extraño que un adolescente diga que no posee una cuenta en facebook, y es que estos portales se han convertido en herramientas eficaces para contactar y mantener el contacto con familiares, amigos y conocidos, así como para informarse constantemente de los acontecimientos de sus vidas. Pero por estas mismas características, esta herramienta también puede usarse con fines dañinos: en su libro “Sticks and Stones” (Palos y Piedras), Emily Bazelon, editora de la revista online Slate, argumenta que Internet y los medios sociales hacen que el bullying adolescente sea más cruel y difícil de controlar.

En una entrevista con el New York Times, Bazelon reconoce el difícil papel de los padres en la conducción del bullying: “Obviamente es un gran desafío para los padres, la búsqueda del equilibrio se balancea entre la protección de los niños y esperar que ellos sean un poco más fuertes, y que aprendan a defenderse por sí mismos. Empieza con la idea básica de que uno tiene que conocer a su hijo y saber de lo que son capaces, y darles espacio para que hagan lo que pueden hacer – no interferir, como si fuera un acto reflejo, cada vez que hay un problema. Creo que eso construye cierta resiliencia”, dice ella.

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Bazelon reconoce el difícil papel de los padres en la conducción del bullying

Enseñar a los niños cómo vivir de manera segura en las redes sociales es importante, así como permitirles que experimenten algunas de las partes dolorosas de crecer; por otro lado, ya hemos escrito sobre el aumento en las probabilidades de autolesionarse durante la adolescencia cuando se es víctima de bullying en la infancia, así como  de sus repercusiones en la salud a largo plazo, además, una investigación muestra que los efectos del bullying son de larga duración, e incluso pueden dar lugar a problemas psiquiátricos en la edad adulta. Las personas que reportaron haber participado en actos de acoso escolar experimentaron ansiedad, depresión y abuso de drogas y alcohol o adicción en la edad adulta.

Al discutir el estudio, el autor del mismo, William Copeland de Duke University Medical Center en Durham, Carolina del Norte dijo: “El acoso escolar no es sólo una parte de la niñez, o algún tipo de actividad inocua entre pares. En realidad es algo que tiene efectos muy perjudiciales, y muy duraderos… Lo que este estudio realmente sugiere es que lo que pasa en la escuela y lo que sucede entre los compañeros, puede ser tan importante en la comprensión de su función a largo plazo, como lo que pasa en casa. En la infancia, cuando los niños están en la escuela, pasan mucho más tiempo con sus pares que con sus padres, así que no debemos estar tan sorprendidos por esto. Cuando vemos niños que tienen problemas, tendemos a preguntar acerca de cómo están yendo las cosas en casa y no tendemos a preguntarles cómo se están llevando con sus compañeros y si es que son víctimas de acoso escolar. Creo que tenemos que repensar eso un poco”.

La era digital ha hecho que hoy sea mucho más
difícil para los niños escapar de sus atormentadores. 

Incluso los matones o bullies pueden verse afectadas negativamente, dice Copeland, con tasas más altas de trastornos de personalidad antisocial.Belinda Luscombe escribió sobre la ansiedad que le producía el sospechar que su hijo era un bully: Desde que Jamal alcanzó la fase de burla de las iniciativas anti-bullying, está claro que ha escuchado sobre el tema más de una vez. Como la mayoría de los niños, él sabe que no está bien ser un matón, al igual que sabemos que es no es bueno comer donas en el desayuno. Sin embargo, bajo ciertas circunstancias, todavía lo hacemos. Los niños cambian posiciones, a veces por decisión propia, a veces, para evitar ser ellos mismos las víctimas. Al final, las lecciones que tratamos de enseñar a los niños no son tan poderosas como aquellas que aprenden ellos mismos.

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Como Bazelon subraya en su libro, la era digital ha hecho que hoy sea mucho más difícil para los niños escapar de sus atormentadores, lo cual es una gran diferencia de la época cuando ella fue víctima de bullying, en su adolescencia, ya que realmente puede hacer que la intimidación se sufra 24 horas por día, 7 días a la semana. “Cuando llegaba a casa de la escuela, tenía un descanso. No tenía que lidiar con [mis amigos] directamente, y podía recomponerme en la tarde y la noche. Mientras que ahora cuando llegas a casa, si eres una víctima de acoso escolar, es muy probable que veas que esto continúa en las redes sociales o a través de mensajes de texto”, como sucedió en el famoso caso de Amanda Todd.

Sobre la capacidad de los adolescentes para la empatía, dijo: “Queremos pensar que la empatía es una cualidad natural que todos tenemos, y de hecho, casi todo el mundo es capaz de empatizar. Pero hay momentos en la adolescencia, donde los niños congelan estos sentimientos. Pasé un montón de tiempo con algunos de los chicas que acosaban a Monique [quien es perfilada en el libro], y en momentos me heló escuchar cuán desdeñosamente hablaban de ella. Pero en otros momentos de reflexión, decían cosas como, ‘sabes, veo que ella está caminando por el pasillo con la cabeza colgando hacia abajo y realmente no tiene tantos amigos como solía tener’. Así que no es que eran incapaces de [sentir] empatía, sino que estaban en una cultura en la que se les animaba a ser crueles con otro niño para mejorar su propia situación en lugar de realmente dejar que sus sentimientos de empatía por ella tuvieran una salida.”

Bazelon también cubre los problemas que encuentran los padres al tratar de comprender el rol activo y potencialmente peligroso de las tecnologías en la vida diaria de los niños, y las dificultades que tienen las escuelas en la determinación de su responsabilidad en la vida online de sus estudiantes: “No hacemos a las escuelas responsables por todas las cosas que hacen los niños en el cine o en la playa o caminando por la calle, y sin embargo, si hay tratos crueles en Facebook o Twitter o un montón de mensajes de texto hostigantes, es muy típico que los padres los lleven a la escuela y pidan ayuda ya que, naturalmente, al sentir que es entre los estudiantes, la escuela debe tener un cierto papel. Creo que es evidente que las escuelas pueden ayudar a los niños y los padres a hablar para atravesar estas situaciones. Lo que creo que es mucho más difícil es  [dilucidar] si realmente pueden asumir el papel de castigadores, y ¿son las escuelas realmente creadas para vigilar estos comportamientos?¿queremos realmente que jueguen ese papel?”

Tome interés en el comportamiento online de sus hijos.

Algunos consejos esenciales para padres para lidiar con el acoso cibernético surgidos de una entrevista de TIME con los expertos Elizabeth Englander, autora de Understanding Violence (Comprendiendo la violencia), y Jonathan Singer de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Temple:

Asegúrese de que sus hijos sepan que el acoso cibernético esta mal.Tome interés en el comportamiento online de sus hijos. Los niños tienden a pensar que sus padres no saben o no se preocupan por sus vidas online.Hable con ellos sobre las nuevas tecnologías (sugerido por Psyciencia).Verifique las políticas de la escuela sobre el ciberbullying. Si la hay, discútala con sus hijos.Establezca directrices sobre el uso de teléfonos celulares.

Ayude a sus hijos a responder apropiadamente si son molestados mediante ciberbullying. Hable con ellos acerca de lo que pasó y cómo se sienten por ello. Reporte el abuso en la página web en la que se produjo, y reporte la intimidación a los administradores de la escuela y pídales que presten atención a sus hijos.

Fuentes: Healthland.time.com; Npr.org
Imagen:  AMELIA SPEED en Flickr

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