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El cerebro humano presenta una fuerte preferencia por los sonidos armónicos sobre el ruido, en comparación con el cerebro del mono macaco. Estos son los hallazgos de un estudio que, a su vez, sugiere que el habla y la música pueden haber dado forma a los circuitos auditivos de nuestro cerebro (Norman-Haignere, Kanwisher, McDermott, & Conway, 2019)

El estudio comenzó con una apuesta amistosa entre el Dr. Conway (investigador del Programa de Investigación Intramural del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares y autor principal)y el Dr. Sam Norman-Haignere (miembro postdoctoral del Instituto Zuckerman para la Mente, el Cerebro y el Comportamiento de la Universidad de Columbia y primer autor del artículo).

En ese momento, ambos estaban trabajando en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés). El equipo del Dr. Bevil Conway había estado buscando diferencias entre la forma en que los cerebros de los humanos y los monos controlan la visión pero descubrió que hay muy pocas. Sus estudios de mapas cerebrales sugirieron que los humanos y los monos ven el mundo de maneras muy similares. Pero luego, el Dr. Conway escuchó acerca de algunos estudios sobre la audición realizados por el Dr. Norman-Haignere, quien, en ese momento, era becario postdoctoral en el laboratorio de Josh H. McDermott, Ph.D., y profesor asociado de MIT.

«Le dije a Bevil que teníamos un método para identificar de manera confiable una región en el cerebro humano que responde selectivamente a los sonidos con el tono», dijo el Dr. Norman-Haignere. Fue entonces cuando tuvieron la idea de comparar a los humanos con los monos. Sobre la base de sus estudios, el Dr. Conway apostó a que no verían diferencias.

Para probar esto, los investigadores tocaron una serie de sonidos armónicos, o tonos, a voluntarios y monos sanos. Mientras tanto, se utilizó la resonancia magnética funcional (IRMf) para monitorear la actividad cerebral en respuesta a los sonidos. Los investigadores también monitorearon la actividad cerebral en respuesta a los sonidos de ruidos sin tono que fueron diseñados para coincidir con los niveles de frecuencia de cada tono tocado.

A primera vista, las exploraciones parecían similares y confirmaron estudios previos. Los mapas de la corteza auditiva de cerebros humanos y de monos tenían puntos de actividad principales similares, independientemente de si los sonidos contenían tonos.

Sin embargo, cuando los investigadores analizaron más detenidamente los datos, encontraron  que la corteza auditiva humana era mucho más sensible que la corteza de los mono cuando observaban la actividad relativa entre los tonos y los sonidos ruidosos equivalentes.

«Descubrimos que los cerebros de los humanos y de los monos tenían respuestas muy similares a los sonidos en cualquier rango de frecuencia. Cuando agregamos la estructura tonal a los sonidos algunas de estas regiones del cerebro humano se volvieron más receptivas», dijo el Dr. Conway. «Estos resultados sugieren que el mono macaco podría experimentar la música y otros sonidos de manera diferente. En contraste, la experiencia visual del mundo para el macaco probablemente sea muy similar a la nuestra. Hace que uno se pregunte qué tipo de sonidos experimentaron nuestros ancestros evolutivos».

Otros experimentos apoyaron estos resultados: levantar ligeramente el volumen de los sonidos tonales tuvo poco efecto sobre la sensibilidad del tono observada en los cerebros de dos monos.

Finalmente, los investigadores vieron resultados similares cuando utilizaron sonidos que contenían armonías más naturales para los monos al reproducir grabaciones de llamadas de macacos. Los escáneres cerebrales mostraron que la corteza auditiva humana era mucho más receptiva que la corteza de los monos cuando comparaban la actividad relativa entre las llamadas y las versiones con y sin ruido de estas.

«Este hallazgo sugiere que el habla y la música pueden haber cambiado fundamentalmente la manera en que nuestro cerebro procesa el tono», dijo el Dr. Conway. «También puede ayudar a explicar por qué ha sido tan difícil para los científicos entrenar monos para realizar tareas auditivas que los humanos encuentran relativamente fáciles.»

Hace bastante que los científicos investigan los efectos y vínculos de la música en el cerebro humano. Así, por ejemplo, otro estudio encontró que el núcleo accumbens no trabaja solo, sino que interactúa con la corteza auditiva, un área del cerebro que almacena la información sobre los sonidos y la música que hemos escuchado. Entre más gratificante es un fragmento de música, mayor es la interrelación entre estas regiones.

Desde Psyciencia reconocemos que la música “es parte de la identidad del ser humano” y puede ser muy valiosa a nivel terapéutico. 

Referencia del estudio:

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Norman-Haignere, S. V., Kanwisher, N., McDermott, J. H., & Conway, B. R. (2019). Divergence in the functional organization of human and macaque auditory cortex revealed by fMRI responses to harmonic tones. Nature Neuroscience, 22(7), 1057-1060. https://doi.org/10.1038/s41593-019-0410-7

Fuente: Science Daily

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