A nivel mundial, el DSM es, al igual que el CIE, un instrumento de diagnóstico clasificatorio de uso frecuente. Sin embargo, se han planteado preguntas sobre su estado pragmático y científico (Cosgrove et al., 2014; Hyman, 2010; van Os, 2017). Por lo tanto, en 2016, el Consejo Superior de Salud del Gobierno belga estableció un grupo de expertos compuesto por académicos y profesionales de psiquiatría, psicología clínica, sociología y filosofía como así como un usuario del servicio para evaluar literatura relevante y evidencia (Superior Health Council, 2019).

Epistemológicamente, el grupo de expertos concluyó que las categorías de trastornos mentales no deben tratarse como categorías de tipo natural, sino como construcciones que tienen un impacto causal en aquellos que están clasificados. Sociológicamente, el grupo observó que las clasificaciones de diagnóstico tienden a legitimar las estructuras organizativas y proteger a la psiquiatría de las presiones para cambiar. Además, la literatura sugiere que un enfoque biomédico no, como se esperaba, reduce el estigma y la discriminación. Clínicamente, el grupo concluyó que las categorías de diagnóstico comunes carecen de validez, confiabilidad y poder predictivo. Además, estos no concuerdan con las nuevas concepciones de la salud, definidas por la capacidad de adaptación a pesar de los obstáculos biopsicosociales (Huber et al., 2011).

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Clínicamente, el grupo concluyó que las categorías de diagnóstico comunes carecen de validez, confiabilidad y poder predictivo

El Consejo observó que la formulación de casos clínicos multicapa proporciona una alternativa útil. Por lo tanto, los síntomas, las quejas y el sufrimiento pueden contextualizarse mejor en términos de información biográfica, desafíos existenciales, funcionamiento contextual-interaccional, procesos mentales y consideraciones biológicas. La clasificación aún puede ocurrir, pero sobre la base de un pequeño número de síndromes generales (p. Ej., Síndrome psicótico o síndrome de depresión), lo que estimula la formulación del diagnóstico personal. Estos deben discutirse en términos de un continuo desde la crisis hasta la recuperación para evaluar la necesidad de atención y apoyo.

El informe termina con recomendaciones que fomentan la psiquiatría contextualizada centrada en el paciente. Estas recomendaciones incluyen el consejo de abstenerse de usar las categorías DSM para organizar y reembolsar intervenciones y para organizar la prevención y promover la alfabetización en salud mental.

El informe tiene cinco recomendaciones clave dirigidas a los médicos, los encargados de formular políticas y el público en general:

  1. Enfoques predeterminados no problemáticos y no medicalizantes para las quejas o crisis mentales porque pueden expresar problemas existenciales y sociales.
  2. Escuchar con atención las experiencias subjetivas.
  3. Proporcionar ayuda y apoyo para quejas o crisis mentales sin un diagnóstico formal como condición previa.
  4. Tomar la perspectiva de las personas con quejas o crisis mentales y la forma en que le dan significado como algo central para el diagnóstico y el tratamiento.
  5. Al formular un caso, prestando especial atención a la forma específica de la persona en la que, entre otras cosas, toman forma factores mentales, existenciales (dar y perder significado), biológicos, sociales y culturales.

Hasta donde sabemos, esta es la primera vez que un organismo público ha llegado a una conclusión tan explícita sobre cómo el diagnóstico psiquiátrico podría utilizarse mejor en la práctica clínica y de salud pública.

JVO fue miembro del grupo de trabajo DSM-5 sobre trastornos psicóticos. Esta correspondencia se publica con la aprobación del Consejo Superior de Salud de Bélgica. Los autores agradecen a los miembros del panel DSM (5): El uso y el estado del diagnóstico y la clasificación de los problemas de salud mental.

Artículo publicado en la revista científica The Lancet – Psychiatry y traducido al español por Psyciencia.com

Referencias bibliográficas:

Cosgrove, L., Krimsky, S., Wheeler, E. E., Kaitz, J., Greenspan, S. B., & DiPentima, N. L. (2014). Tripartite conflicts of interest and high stakes patent extensions in the DSM-5. Psychotherapy and Psychosomatics, 83(2), 106–113. https://doi.org/10.1159/000357499

Huber, M., Knottnerus, J. A., Green, L., v. d. Horst, H., Jadad, A. R., Kromhout, D., … Smid, H. (2011). How should we define health? BMJ, Vol. 343, pp. d4163–d4163. https://doi.org/10.1136/bmj.d4163

Hyman, S. E. (2010). The Diagnosis of Mental Disorders: The Problem of Reification. Annual Review of Clinical Psychology, Vol. 6, pp. 155–179. https://doi.org/10.1146/annurev.clinpsy.3.022806.091532

Superior Health Council (2019) DSM (5): the use and status of diagnosis and classification of mental health problem. https://www.health.belgium.be/en/advisory-9360dsm

van Os, J. (2017). Psychiatric diagnosis revisited – from DSM to clinical case formulation. Psychosis, Vol. 9, pp. 191–192. https://doi.org/10.1080/17522439.2017.1316303

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