El desafío de pasar las 24 horas del día con la pareja durante la cuarentena

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Las medidas preventivas y orientadas a aplanar el crecimiento exponencial del esparcimiento del coronavirus COVID-19 incluyen, en muchos lugares del mundo, distanciamiento social y la orden de quedarse en casa. Esto puede ser un desafío para las parejas jóvenes que pueden encontrarse pasando más tiempo juntos que nunca antes.

¿Puede esta situación afectar el funcionamiento biológico y la salud de estas personas?

Investigaciones anteriores muestran que las personas que tienen amistades y relaciones románticas de mayor calidad durante su adolescencia y los 20 años generalmente tienen un menor riesgo de dolencias y enfermedades durante la edad adulta, mientras que las personas con relaciones tempranas caracterizadas por conflictos o violencia experimentan un mayor riesgo de resultados negativos para la salud (Allen et al., 2015), (Collins et al., 2009), (Exner-Cortens et al., 2013).

¿Pueden los asuntos del corazón afectar tu corazón?

Las interacciones cotidianas, aparentemente mundanas, de los jóvenes con sus parejas podrían tener efectos en su funcionamiento fisiológico. Estas conexiones directas entre el funcionamiento social y la fisiología podrían acumularse con el tiempo de manera que finalmente afecten la salud a largo plazo (Slatcher & Selcuk, 2017).

Un estudio examinó si las experiencias románticas cotidianas de las parejas jóvenes se relacionan con su fisiología (Schacter et al., 2020). Específicamente investigaron si los sentimientos de las parejas hacia el otro durante el día predijeron cambios en su ritmo cardíaco mientras dormían. Se centraron en la frecuencia cardíaca durante la noche porque otra investigación muestra que tener una frecuencia cardíaca elevada crónicamente puede obstaculizar los efectos restauradores esenciales del sueño y también aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular posterior, la principal causa de muerte para hombres y mujeres en los Estados Unidos (de Zambotti et al., 2011), (Palatini, 2011), (CDC, 2019).

Schacter y sus colegas contaron con los participantes de un estudio más amplio y en curso (Timmons et al., 2017) de su laboratorio de la Universidad del Sur de California para capturar un “día en la vida” de las parejas jóvenes. Las parejas, la mayoría de las cuales tenían poco más de 20 años y habían estado saliendo durante 1-2 años, fueron reclutadas del área de Los Ángeles.

Se les pidió que eligieran un día que planeaban pasar la mayor parte del tiempo juntos. Ese día, las parejas llegaron al laboratorio, juntas, a primera hora de la mañana. Estaban equipadas con un monitor cardíaco inalámbrico con correa para el pecho y se les prestó un teléfono móvil que enviaba encuestas a cada hora hasta que se acostaban. Cuando los participantes salieron del laboratorio, se les dijo que siguieran su día como lo harían normalmente.

El estudio se centró en 63 parejas heterosexuales que tenían datos válidos de frecuencia cardíaca de 24 horas (algunos participantes se quitaron los monitores cuando dormían o los volvieron a colocar incorrectamente después de la ducha).

Cada hora durante el día, los participantes calificaron dos cosas: cuán molestos e irritados se sentían con su pareja, y cuán cercanos y conectados se sentían con su pareja. Los participantes también informaron sobre sus comportamientos por hora para aportar cualquier dato extra que pudiera afectar su frecuencia cardíaca durante la noche, como si bebían alcohol, hacían ejercicio o tomaban medicamentos. Durante 24 horas, el monitor de frecuencia cardíaca realizó un seguimiento de los latidos cardíacos de las parejas por minuto, un indicador de actividad fisiológica.

De los sentimientos a la fisiología

Incluso después de tener en cuenta la frecuencia cardíaca diurna, los niveles de estrés, el uso de drogas o alcohol y la actividad física de ambas parejas, la frecuencia cardíaca nocturna de los hombres cambió dependiendo de cómo se sintieran las mujeres hacia su pareja a lo largo del día.

Cuando las mujeres se sentían más cercanas y más conectadas con sus parejas durante el día, los hombres tenían frecuencias cardíacas más bajas durante la noche. Cuando las mujeres se sentían más molestas e irritadas con sus parejas durante el día, los hombres tenían frecuencias cardíacas más altas durante la noche. En promedio, la frecuencia cardíaca nocturna de los hombres fue de aproximadamente 2 a 4 latidos por minuto más lenta en las parejas donde las mujeres expresaron más cercanía. Por otro lado, la frecuencia cardíaca de los hombres era de aproximadamente 1,5 a 3 latidos por minuto más rápido si las mujeres expresaban una mayor molestia.

Curiosamente, si las mujeres se sentían cercanas a sus parejas durante todo el día el estar molestas con ellos no predecía aumentos en la frecuencia cardíaca de los hombres. En otras palabras, los efectos negativos de la molestia se diluyen si también hay cierta cercanía en la mezcla.

Por otro lado, no hubo efectos de la molestia o cercanía de los hombres sobre el ritmo cardíaco nocturno de las mujeres pero las respuestas cardiovasculares de los hombres parecían ser especialmente sensibles a los sentimientos diurnos respecto de la relación que tenían las mujeres. Otra investigación ha encontrado diferencias de género similares (Meyer et al., 2019). Una posibilidad es que las mujeres sean más propensas a expresar sus sentimientos de cercanía o molestia, mientras que los hombres pueden sentirse menos cómodos participando en dicha comunicación (Giordano et al., 2006).

Por supuesto, cada relación tiene sus altibajos naturales, y este estudio solo captura un instante de la vida de las parejas jóvenes. Sin embargo, los hallazgos sugieren que la forma en que las parejas románticas se sienten una con la otra, incluso dentro de un solo día, puede tener efectos agudos en su funcionamiento biológico durante el sueño.

Estas experiencias cotidianas, aparentemente triviales, podrían acumularse con el tiempo y ayudar a explicar por qué las relaciones terminan afectando la salud de las personas, para bien o para mal.

Referencias bibliográficas:

Allen, J. P., Uchino, B. N., & Hafen, C. A. (2015). Running With the Pack: Teen Peer-Relationship Qualities as Predictors of Adult Physical Health. Psychological Science, 26(10), 1574-1583. https://doi.org/10.1177/0956797615594118

CDC. (2019, diciembre 10). Heart Disease Facts | cdc.gov. Centers for Disease Control and Prevention. https://www.cdc.gov/heartdisease/facts.htm

Collins, W. A., Andrew Collins, W., Welsh, D. P., & Furman, W. (2009). Adolescent Romantic Relationships. En Annual Review of Psychology (Vol. 60, Número 1, pp. 631-652). https://doi.org/10.1146/annurev.psych.60.110707.163459

de Zambotti, M., Covassin, N., De Min Tona, G., Sarlo, M., & Stegagno, L. (2011). Sleep onset and cardiovascular activity in primary insomnia. Journal of Sleep Research, 20(2), 318-325. https://doi.org/10.1111/j.1365-2869.2010.00871.x

Exner-Cortens, D., Eckenrode, J., & Rothman, E. (2013). Longitudinal associations between teen dating violence victimization and adverse health outcomes. Pediatrics, 131(1), 71-78. https://doi.org/10.1542/peds.2012-1029

Giordano, P. C., Longmore, M. A., & Manning, W. D. (2006). Gender and the Meanings of Adolescent Romantic Relationships: A Focus on Boys. En American Sociological Review (Vol. 71, Número 2, pp. 260-287). https://doi.org/10.1177/000312240607100205

Meyer, D., Salas, J., Barkley, S., & Buchanan, T. W. (2019). In sickness and in health: partner’s physical and mental health predicts cortisol levels in couples. En Stress (Vol. 22, Número 3, pp. 295-302). https://doi.org/10.1080/10253890.2018.1561843

Palatini, P. (2011). Role of Elevated Heart Rate in the Development of Cardiovascular Disease in Hypertension. En Hypertension (Vol. 58, Número 5, pp. 745-750). https://doi.org/10.1161/hypertensionaha.111.173104

Schacter, H. L., Pettit, C., Kim, Y., Sichko, S., Timmons, A. C., Chaspari, T., Han, S. C., & Margolin, G. (2020). A Matter of the Heart: Daytime Relationship Functioning and Overnight Heart Rate in Young Dating Couples. Annals of Behavioral Medicine: A Publication of the Society of Behavioral Medicine. https://doi.org/10.1093/abm/kaaa019

Slatcher, R. B., & Selcuk, E. (2017). A Social Psychological Perspective on the Links between Close Relationships and Health. Current Directions in Psychological Science, 26(1), 16-21. https://doi.org/10.1177/0963721416667444

Timmons, A. C., Baucom, B. R., Han, S. C., Perrone, L., Chaspari, T., Narayanan, S. S., & Margolin, G. (2017). New Frontiers in Ambulatory Assessment. En Social Psychological and Personality Science (Vol. 8, Número 5, pp. 552-563). https://doi.org/10.1177/1948550617709115

Fuente:Psypost