Imagen: Razón en Shutterstock
“Qué conveniente es ser una criatura con razón, ya que le permite a uno encontrar o producir una razón para cualquier cosa que uno quiera hacer.”
-Benjami Franklin

Fijaos en la silla de la imagen. Es una silla mal diseñada. El asiento está muy bajo y el respaldo es demasiado grande. Es una silla que no va a cumplir muy bien su función. Pero si nos damos cuenta de que en realidad es un reclinatorio, una silla para rezar, entonces vemos que sí está bien diseñada, donde pensábamos que iba el trasero en realidad van las rodillas y en respaldo apoyamos los brazos…perfecto. Esto mismo es lo que ocurre con la razón humana, según proponen Hugo Mercier y Dan Sperber en su libro The Enigma of Reason, que pensamos que existe para cumplir una función y en realidad es por otra. Pensamos que es una silla y es un reclinatorio.

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La creencia habitual es que la razón sirve para usar la lógica y ayudar a los individuos a aumentar su conocimiento, a tomar mejores decisiones, a conocer “la verdad”…Lo que Mercier y Sperber nos proponen en este libro es que la función original de la razón es justificar nuestras acciones y pensamientos ante los demás y producir argumentos que convenzan a los demás para pensar y actuar del modo que más nos conviene a nosotros. En realidad, la razón existe para consumo social, para las interacciones con los demás, no para pensar por nuestra cuenta. Es una competencia social. Tendríamos dos hipótesis o puntos de vista sobre el origen de la razón: el intelectualista (que sirve para buscar la verdad) y el interaccionista (que sirve para justificar nuestras acciones e ideas y para convencer a los demás). Mercier y Sperber defienden lo segundo.

¿Qué pruebas tenemos de que la razón no está diseñada para mejorar la cognición individual y llegar a mejores creencias y decisiones? Pues básicamente que la razón cumple esa función verdaderamente mal. Voy a dar sólo dos ejemplos. Uno de ellos es la cantidad de sesgos que tiene la razón humana. Meted sesgos cognitivos en Google y veréis la enorme lista de “fallos” de la razón. Hablemos de uno de ellos, el sesgo de confirmación que va muy unido al llamado razonamiento motivado. El sesgo de confirmación es “la tendencia a favorecer, buscar, interpretar y recordar la información que confirma las propias creencias o hipótesis, dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas”. Si la razón sirviera apara buscar la verdad debería hacer justo lo contrario a esto, debería buscar información contraria a nuestras expectativas y contraargumentos a nuestras generalizaciones, razones que no justifican nuestras decisiones o recuerdos que entran en conflicto con nuestras creencias, pero no hace nada de todo ello.

Sólo a modo de ejemplo comento un estudio de Deanna Kuhn en el que pide a los sujetos del experimento que den su opinión sobre una serie de temas (desempleo, fracaso escolar…) y luego les pide que la justifiquen. Hasta ahí todo bien, todos son capaces de dar argumentos que defienden su punto de vista. Pero luego les pide que den contraargumentos a su punto de vista y sólo el 14% es capaz de hacerlo, la mayoría se queda en blanco. Así que no parece que gracias a nuestra razón estudiemos todos los puntos de vista de un tema y luego en base a la lógica elijamos el argumento más razonable. Más bien lo que parece es que tenemos una intuición o una opinión ya formada sobre un tema y luego buscamos justificaciones para nuestras opiniones. Más que animales racionales somos animales racionalizadores.

La función original de la razón es justificar nuestras acciones y pensamientos ante los demás y producir argumentos que convenzan a los demás para pensar y actuar del modo que más nos conviene a nosotros

Este sesgo de confirmación se entiende mejor como un sesgo “a nuestro favor” (myside bias). La razón trabaja sistemáticamente para encontrar razones a favor de las ideas que apoyamos y contra las ideas a las que nos oponemos. La razón siempre está de nuestro lado. Por ello, sería más apropiado hablar de un sesgo a “nuestro favor” que de un sesgo de confirmación. La razón muy rara vez cuestiona las intuiciones del sujeto lo que hace muy difícil que pueda corregir las intuiciones erróneas que tenga. Esto es justamente lo contrario de lo que una razón que busca la verdad y la objetividad debería hacer. La razón es más un abogado que un científico. La razón no está diseñada para que cambiemos de opinión sino para que mantengamos la que tenemos. Desde el punto de vista intelectualista es muy difícil explicar que la razón funcione de esta manera.

Pero no sólo es cierto que la razón sirve para apoyar intuiciones que ya tenemos, sino que la razón es perezosa y cuando damos razones para justificar nuestras creencias esas razones suelen ser muy débiles, la primera que encontramos nos suele valer y no nos rompemos mucho más la cabeza. Pero eso es cuando hablamos de razones a nuestro favor. Cuando hablamos de evaluar las razones que nos dan otros entonces sí que nos empleamos a fondo. La razón funciona de una manera asimétrica según se trate de nuestras razones o de las demás. Y esto tiene sentido evolutivo porque no es conveniente para nosotros tragarnos la primera argumentación que nos presente un oponente, sólo deberíamos dejar pasar buena información, buenos argumentos.

Es decir, tenemos la capacidad de razonar objetivamente, de aceptar argumentos fuertes y rechazar los flojos pero no usamos esa capacidad con nuestros propios argumentos. Otra cosa que plantean Mercier y Sperber es que la razón evolucionó para ser usada en contextos informales, es decir, en la interacción con los demás, en un “toma y daca” cotidiano. Buenos argumentos sólo aparecen cuando alguien nos contraataca primero también con buenos argumentos. Nuestros mejores argumentos aparecen avanzada la discusión, si el primer argumento cuela no buscaremos más allá.

Hay más cosas en el libro de Mercier y Sperber , una de ellas que conciben a la razón como un módulo mental especializado en producir inferencias, a fin de cuentas la función de la cognición en general es anticipar lo que viene luego, pero no voy a entrar en más temas aquí. Lo que sí quería concluir es que la visión de los autores es optimista a pesar de todo. Aceptan que argumentos que desafían los valores morales de una comunidad son recibidos con hostilidad y desconfianza pero defienden que en muchos temas morales la gente ha sido influída al final por los buenos argumentos y ponen el ejemplo de la esclavitud, un tema en el que se consiguió un cambio de valores. Personalmente, acepto que ha ocurrido así en algunos casos pero yo soy más pesimista. Creo que la gente no acepta razones y argumentos por muy fuertes que sean si van contra su identidad, su grupo y lo que más quiere. Y Mercier y Sperber dan muchos ejemplos también de esto en su libro. En conjunto, una lectura recomendable.

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