Mindfulness / Shutterstock

La práctica de Mindfulness se ha estado integrando a la Psicología con más fuerza durante los últimos años. Se aplica en relción al estrés, autoconciencia y bienestar en general.

También se ha estado estudiando científicamente para comprobar sus efectos en una variedad de situaciones. Se ha observado por ejemplo, que podría reducir la conducta racial y prejuiciosa, aliviar la ansiedad y depresión en personas con Enfermedades Inflamatorias del Intestino, tratar la ansiedad y depresión, beneficiar a mujeres embarazadas y a sus bebés, usarse como herramienta para mejorar la atención y el aprendizaje y beneficiar a pacientes y cuidadores de personas con Alzheimer.

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Sin embargo, el Mindfulness no ha estado exento de críticas, un mentaanálisis publicado en el 2016 por ejemplo, encontró que, de los estudios incluidos, el 88% reportó efectividad en estas terapias, lo cual sorprendió al equipo y encendió sus sospechas, ya que preveían (basándose en las características de población y estadísticas) un beneficio no mayor al 53%. Además, ninguno de los 36 metaanálisis previos habían tomado apropiadamente en cuenta los beneficios exagerados del mindfulness en sus resultados. Y sólo 3 estudios publicaron sus resultados negativos en torno a dicha técnica. Los investigadores observaron una tendencia a publicar sólo artículos positivos.

Adicionalmente, si bien cultivar la empatía es un “beneficio presumido” del entrenamiento en mindfulness, rara vez se han hecho investigaciones experimentales, notan los autores de un nuevo estudio, publicado en Self and Identity.

Las personas con “consciencia plena” se concentran en el momento presente, sin juzgar. Así que, se ha argumentado, que deberían ser mejores en resistir verse atrapados en sus propios pensamientos, dejándolos libres para pensar más en el estado mental de otras personas.

Es importante saber qué es lo que puede y no puede lograr dicho entrenamiento

Como los cursos de mindfulness se ofrecen cada vez más en escuelas y lugares de trabajo, tanto como en clínicas de salud mental, es importante saber qué es lo que puede y no puede lograr dicho entrenamiento. Los nuevos resultados sugieren que no fomenta la empatía y, aún peor, podría incluso tener consecuencias negativas en personas con rasgos narcisistas.

Anna Ridderinkhof, de la Universidad de Amsterdam, y sus colegas dividieron a 161 voluntarios en tres grupos. Cada uno completó cuestionarios que evaluaban sus niveles de narcisismo y rasgos autistas. Ya se sabe que las personas que puntúan alto en narcisismo tienden a experimentar menos empatía. No es tan probable que compartan el estado emocional de otra persona. Las personas que puntúan alto en rasgos autistas no tienen problemas con la empatía afectiva, pero si con la cognitiva. Es difícil para ellos descifrar qué están sintiendo otras personas.

Un grupo pasó cinco minutos en una meditación de mindfulness guiada, en donde fueron motivados a enfocarse en la sensación física de respirar, mientras observaban pensamientos sin juzgarlos. El segundo grupo tomó parte en un ejercicio de relajación (así podía examinarse cualquier efecto del alivio del estrés solo). Las personas del grupo control fueron invitadas a dejar que sus mentes divagaran y a sumergirse en sus pensamientos y sentimientos.

Luego de estos ejercicios, los investigadores evaluaron la propensión de los voluntarios a sentir empatía cognitiva, a través del test Reading the Mind in the Eyes (Leyendo la mente en los ojos), que involucra identificar emociones a partir de fotografías de los ojos de las personas; también evaluaron su empatía afectiva, al analizar cuánta preocupación emocional mostraban por un jugador que era socialmente rechazado en un juego.

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Existe un debate sobre si una mayor capacidad de empatía sería de ayuda para la mayoría de las personas. Algunos científicos, como la profesora Tania Singer, sugieren incluso que un exceso de empatía explicaría lo que suele llamarse “burnout” en sujetos con profesiones de cuidado (como las enfermeras). Pero el equipo de Ridderinkhof hipotetizó que el entrenamiento en mindfulness mejoraría la empatía en voluntarios que la necesitaban más: personas con niveles altos de rasgos narcisistas o autistas.

No lo hizo. Aunque no hubo un efecto general sobre la empatía en el grupo que practicó mindfulness, análisis posteriores revelaron que, comparado con los otros dos grupos combinados, los sujetos no narcisistas mostraron una pequeña mejora en empatía cognitiva; pero en los participantes con rasgos narcisistas, la empatía cognitiva se redujo. En cuanto a las personas que puntuaron alto en rasgos autistas, no hubo efecto en la precisión de la lectura mental pero, es intrigante conocer que si presentaron signos de mayor comportamiento prosocial, indicado por el número de pases de pelota a individuos socialmente excluidos.

En los participantes con rasgos narcisistas, la empatía cognitiva se redujo

Dado que se animó a los voluntarios a no juzgar sus pensamientos durante la meditación mindfulness, esto pudo haber ayudado a los no narcisistas a liberarse de pensamientos autocríticos, permitiéndoles reflexionar más sobre los estados mentales de otros, sugieren los investigadores. “Por contraste, irónicamente podría haberles dado una licencia a los individuos narcisistas para enfocarse más exclusivamente en sus pensamientos autoengrandecedores.” Y como resultado puede que pensaran incluso menos sobre el estado mental de otros.

Puede criticársele al estudio que solo 5 minutos de mindfulness no son suficientes y que las mejoras en la empatía podrían aparecer en sesiones más largas (al menos en personas no narcisistas). Y, aunque el equipo de investigación cree que vale la pena investigarlo, hay evidencias de estudios previos de que sesiones de 5 minutos pueden incrementar la precisión en un test de lectura mental, por ejemplo. Era razonable optar por una versión breve en este estudio, según argumentan los autores.

Investigaciones futuras podrían también estudiar enfoques alternativos: como el concepto de compasión, que tal vez ayudaría a los narcisistas a comportarse de manera más prosocial.

El mindfulness no deja de ser una técnica muy prometedora que ha demostrado beneficios variados, sin embargo es importante que sepamos cuándo, de qué manera y con quienes podemos utilizarla, obteniendo el mayor beneficio.

Fuente: Research Digest

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